Una revisión de estudios revela que la evidencia es demasiado incierta para determinar si estos productos mejoran el sueño o el funcionamiento diurno de personas con insomnio. Según los autores, se necesitan estudios de mayor calidad y con más diversidad de pacientes.
La alteración del sueño podría influir en la recuperación tras una infección por SARS-CoV-2. Un estudio con casi 3 000 personas identifica los ritmos circadianos como un posible factor relacionado con la aparición de síntomas persistentes.
Un estudio revela el circuito neuronal en ratones que mantiene el estado de vigilia cuando se encuentran en entornos desconocidos. El proceso, en el que interviene la molécula neurotensina, podría ser una respuesta evolutiva para sobrevivir en lugares donde no se conocen las posibles amenazas.
La gente noctámbula o que se siente más activa durante la noche tiene más probabilidades de poseer peores puntuaciones de salud cardiaca. Un estudio norteamericano señala que algunos hábitos asociados a trasnochar, como la calidad de la dieta, la falta de sueño y el tabaquismo, podrían explicar el aumento del riesgo.
Los expertos advierten que métodos como suplementos, pastillas ‘naturales’, infusiones o almohadas no han demostrado su eficacia en el tratamiento del insomnio. Además, aseguran que utilizar este tipo de remedios retrasa la búsqueda de ayuda médica adecuada e incluso puede empeorar los síntomas y favorecer su cronificación.
La falta de sueño prolongada aumenta la actividad nerviosa simpática durante el descanso nocturno, lo cual eleva el riesgo de padecer dolencias cardiacas, según un estudio en el que ha participado la Universidad Politécnica de Madrid.
Los trastornos relacionados afectan a un 22-30 % de la población y más de 4 millones de personas padecen algún tipo de afección crónica y grave en España. Solo están diagnosticados un 10 % de los casos, según la Sociedad Española de Neurología.
A mayor frecuencia de consumo, menos horas se duermen por la noche. Así concluye un estudio noruego, realizado con más de 50.000 personas de entre 18 y 35 años, que incluso relaciona su ingesta ocasional con un mayor riesgo de los trastornos asociados.
Fueron llamados ‘héroes sin capa’ durante los peores momentos de la pandemia de COVID-19. A las patologías físicas de aquellos contagiados por el virus, se une una salud mental deteriorada. Una revisión de artículos, publicada en el Journal of Affective Disorders, analiza su efecto y qué pasaría ante una segunda oleada de la enfermedad.
Cuarenta familias del mundo sufren insomnio familiar fatal, una enfermedad que acabará con su vida en pocos meses. La familia que no podía dormir. Un misterio médico, editado ahora en castellano, describe las incógnitas de esta patología y de otras causadas por las mismas proteínas: los priones.