Un estudio internacional en el que ha participado el Basque Center on Cognition, Brain and Language demuestra que, tanto al descifrar el lenguaje oral como el escrito, en nuestro cerebro se activan áreas comunes. Este fenómeno se ha observado en hablantes de chino, hebreo, inglés y español, cuatro lenguas muy diferentes entre sí.
Una herramienta, llamada Pictogram, pretende mejorar las capacidades de estudiantes con autismo y trastornos comunicativos severos. Se trata de una aplicación para tabletas, desarrollada por un equipo de la Universidad de Jaén, que permite monitorizar los avances de cada usuario y archivarlos para contar con un seguimiento temporal de su actividad. El producto está aún en fase piloto y se comercializará en breve a través de Yotta, una spin off de esta universidad.
Aunque en general son los niños con dislexia los que tienen más problemas para escribir, hasta ahora pocos estudios se habían centrado en este déficit que persiste en la edad adulta. Un equipo de científicos demuestra que los universitarios con dislexia presentan más problemas de escritura que otros con capacidad lectora normal. En general, cometen más errores y empiezan a escribir más tarde cada palabra.
Un estudio liderado por expertos de la Universidad Pompeu Fabra aporta evidencia sobre cómo el cerebro puede seguir ejerciendo su función casi normal después de un accidente cerebrovascular en niños. Una posible explicación es que las regiones cerebrales del hemisferio cerebral no afectado podrían suplir las funciones de la contraparte dañada. Los resultados se acaban de publicar en The Journal of Neuroscience.
Investigadores de Estados Unidos y Australia han desarrollado un ‘hedonímetro’ que permite analizar el contenido emocional del lenguaje. Tras estudiar 100.000 vocablos de 10 idiomas diferentes, han determinado que, en positividad, el español se sitúa a la cabeza de las lenguas.
Un equipo de científicos ha analizado las diferencias en el cerebro de las personas bilingües y monolingües. Una de las conclusiones a las que se ha llegado es que, aunque no hay diferencias cuando escuchan su idioma materno, sí cuando lo hablan. Las conclusiones se publican en la revista Brain & Language.
Entre los siglos XVII y XIX, 300.000 hombres y mujeres de África fueron llevados a Surinam (antigua Guayana Holandesa), donde aprendieron a reconocer la nueva flora para sobrevivir. Ahora, un equipo de investigadores ha rastreado la historia de esta adaptación a través de las palabras. Al comparar el nombre de 2.350 plantas en lenguas afro-surinamesas y africanas, han observado conexiones en el sonido, la estructura y el significado. El Nuevo y el Viejo Mundo han quedado unidos por los nombres de sus plantas.
Luc Steels (Bélgica, 1952) fue uno de los investigadores que reavivó el campo de la evolución del lenguaje hace unos quince años. Tras estudiar lingüística en Bélgica y ciencias computacionales en el MIT, en EEUU, regresó a Europa para investigar sobre inteligencia artificial en la Universidad Libre de Bruselas y fundar en París el Laboratorio de Ciencia Computacional de Sony. Primero estudió sistemas expertos, robots y música, pero luego se centró en los orígenes y evolución de los lenguajes humanos. En 2011 se convirtió en profesor de investigación ICREA en el Instituto de Biología Evolutiva (CSIC-UPF) de Barcelona, y ahora investiga en el Parque de Investigación Biomédica de Barcelona (PRBB).
Los sonidos característicos de un idioma aprendidos durante la primera infancia, antes de los dos años, no se olvidan ni aun dejándolos de oír en años. Así lo indican los resultados de un estudio mediante resonancia magnética sobre los cerebros de niñas chinas adoptadas por familias de habla francesa.