Tan importante es nombrar las cosas como hacerlo bien, y los especialistas ya han dado el aviso: el proceso por el que se bautiza a las enfermedades amenaza a la ciencia médica. Incluso hay quien afirma que lo que llamamos 'esquizofrenia' no existe. Una corriente crítica pide que se llame a las enfermedades por lo que son, no por cómo se muestran. De lo contrario, la investigación y los pacientes pagarán las consecuencias. La prometedora medicina de precisión podría ser la respuesta.
Una investigadora de la Universidad Jaume I ha creado un marcador clínico en lengua castellana para diagnosticar el trastorno específico del lenguaje, que afecta a entre el 6% y el 7% de los niños menores de siete años. Este trastorno incide en las capacidades orales de los niños, tanto de expresión como de comprensión.
Una investigación internacional con participación de la Universidad Autónoma de Barcelona ha concluido que en más de treinta lenguas diferentes los niños aprenden expresiones que denotan cantidad, como “unos cuantos” o “todos”, de manera similar y predecible, siguiendo un mismo orden.
Investigadores de la Universidad de Huelva y de la University College of London relacionan los déficits de comunicación del trastorno del espectro autista con impulsos eléctricos neuronales arrítmicos en distintas áreas del cerebro. La definición de un patrón neurolingüístico distintivo de estas oscilaciones alteradas abre la puerta a una mejora del diagnóstico y a una intervención temprana.
Los significados de las palabras se pueden representar en la corteza cerebral mientras se escucha un relato. De esta forma se ha observado que informaciones semánticas relacionadas con gente, números o lugares, por ejemplo, se agrupan en sectores concretos y diferentes del cerebro. Así lo han comprobado investigadores estadounidenses al analizar las imágenes por resonancia magnética de varios voluntarios que oían historias en la radio.
La comprensión de las metáforas requieren superar la interpretación literal para lograr una interpretación figurativa. La capacidad para interpretarlas aumenta a lo largo del desarrollo, así como la dificultad de las metáforas que podemos asumir, según un estudio de la Universidad de Educación a Distancia.
Cuando se han planteado complejos enunciados de algebra, geometría y análisis numéricos a un grupo de matemáticos y a personas que no lo eran se ha observado que en los primeros se activaban ciertas zonas del lóbulo temporal, el córtex prefrontal y la región intraparietal del cerebro. El experimento, realizado con técnicas de imagen por resonancia magnética funcional, sugiere que las redes neuronales relacionadas con las matemáticas son distintas a las del lenguaje.
¿Cómo navega la información por el cableado neuronal de quienes se comunican mediante lengua de signos? Al contrario de lo que pensaba, los idiomas signados activan las mismas áreas del órgano pensante que los orales, aunque con algunas diferencias. En San Sebastián, un equipo de investigadores indaga en los cerebros de los no oyentes para comprender cómo aprenden y producen el lenguaje.
Científicos de la Universidad Carnegie Mellon de EE UU han analizado las intervenciones de cinco candidatos a las elecciones presidenciales de 2016 en este país. En una escala del uno al doce, la mayoría de los aspirantes se expresan entre los niveles de grado gramatical que van del seis al ocho. Trump obtiene las puntuaciones más bajas.
No todos los juguetes son iguales. Un nuevo trabajo sostiene que los que producen luces y sonidos, aun siendo más llamativos, no potencian la comunicación oral entre los más pequeños y sus familias tanto como los juguetes clásicos. Aunque el estudio tiene limitaciones, sirve para sentar las bases de futuras investigaciones sobre la influencia del juguete en las habilidades del bebé.