Aunque la malaria provocada por Plasmodium vivax es raramente mortal, esta enfermedad supone una terrible carga para la salud y la economía de los países que la sufren. La investigación de esta forma de malaria requiere grandes dosis de voluntad política y esfuerzo científico, pues se ha tendido a subestimar su importancia. El genoma de este parásito aporta datos relevantes para futuras investigaciones. El descubrimiento de familias de genes exclusivas y lo que parecen nuevos caminos de invasión para penetrar en los glóbulos rojos abren también algunos interrogantes. El CRESIB es el único centro español que participa en la publicación de este estudio.
Un equipo de investigadores ha sido capaz de evitar que los parásitos de la malaria se transformen en mosquitos, interrumpiendo de esta forma el ciclo de infección. El estudio publicado en la revista Proceedings of the National Academy of Sciences (PNAS) y realizado en animales, ha sido realizado por científicos de la Universidad de Copenhague (Dinamarca) y de la John Hopkins University en Baltimore (EE UU).
Plasmodium junto a glóbulos rojos.
Niño afectado de malaria.
Científicos del Instituto Federal Suizo de Tecnología (ETH) de Zurich, dirigidos por el profesor Peter Seeberger, han desarrollado un nuevo test basado en la detección de unas moléculas azucaradas tóxicas denominadas GPI (glicosilfosfatidilinositol), que están situadas en la superficie del Plasmodium falciparum, el patógeno de la malaria. El método desarrollado por los investigadores demuestra que estas moléculas, que se pueden identificar individualmente, provocan una respuesta inmune en las personas adultas.