Investigadores del Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC) y de la Universidad de Granada han constatado que millones de bacterias llegan cada año a Europa suspendidas en partículas de polvo y arena de origen africano transportadas por el viento. La mayoría queda en estado latente, pero algunas se desarrollan con éxito y pueden llegar a colonizar el ecosistema. El fenómeno, aunque no es nuevo, se acentúa por el cambio climático. Las conclusiones se publican en la revista Environmental Microbiology y han sido reseñadas en el último número de la revista Science.
Masa de polvo de origen africano viajando a traves de la Peninsula Iberica y cubriendola casi en su totalidad.
Un iceberg que se desprende del glaciar de la Antártida y que navega a la deriva muestra al cabo de una década más vida de la que podamos imaginar en ese solitario escenario. La fusión entre el agua dulce que se desase del témpano y el agua de mar, una situación similar a la desembocadura de un río, hace que proliferen microalgas en las capas del iceberg formando una peculiar “piel del hielo”. Pero el aumento de la temperatura de los océanos podría acabar con el iceberg antes de que el fitoplancton se forme a su alrededor.
En 2001 Francesc Prenafeta, actual investigador del GIRO Centro Tecnológico, aisló uno cepa de un hongo del género Cladophialophora para estudiar su capacidad de asimilar hidrocarburos aromáticos. Ahora, un estudio ha determinado que esta cepa pertenece a una nueva especie a la que han dado el nombre de Cladophialophora immunda.
El plancton oceánico produce más del 50% del oxígeno del planeta y secuestra cerca de 2.000 millones de toneladas de CO2 al año regulando así los ciclos de carbono, el clima y el balance de calor de la Tierra. Sin embargo, investigadores del CSIC junto a expertos internacionales han anunciado hoy que el calentamiento global amenaza con alterar el equilibrio de la biosfera.
Investigadores de la Universidad de León ensayan un sistema de biodesulfuración del carbón presente en las cuencas mineras de la provincia, Asturias y País Vasco. El proceso se basa en la acción de unos microorganismos existentes de forma natural en estos carbones (hullas y antracitas), que son capaces de disolver el azufre inorgánico, cuya combustión produce un dióxido de azufre, un gas contaminante. Los resultados obtenidos muestran una reducción del azufre inorgánico en un 50 por ciento en un mes de tratamiento. El sistema es más barato que otros aplicados actualmente en centrales térmicas.
El grupo de Investigación de la Universidad Complutense ha llevado a cabo una novedosa técnica de identificación de microorganismos para detectar rápidamente la presencia de las especies de bacterias más problemáticas para la industria papelera.