Las mascotas, en especial los perros, aportan incontables beneficios terapéuticos a niños y jóvenes, como reducir su ansiedad y aumentar la sensación de bienestar. Pero allí donde los animales no pueden cumplir esa función, en ambientes hospitalarios o cuando existen problemas de alergias, los robots biomiméticos se convierten en compañeros de los más pequeños.
Los microbots, del tamaño de un cabello humano, son capaces de caminar si se les estimula con luz láser.
Con la ayuda de cámaras de alta velocidad y un modelo computacional, ingenieros de EE UU han comprobado que el movimiento ondulatorio es vital para estabilizar el vuelo de las serpientes que planean entre las ramas de los árboles. El descubrimiento puede ayudar al desarrollo de nuevos robots voladores.
Científicos de España, Alemania, Francia, Suecia y Taiwán colaboran en un proyecto de cooperación tecnológica, coordinado por la Universidad Carlos III de Madrid (UC3M), para estudiar la viabilidad económica de las telecomunicaciones 5G en dos pruebas piloto con Inteligencia Artificial (IA): una sobre el control remoto de robots industriales y otra sobre el manejo de constelaciones de drones.
Los sesgos discriminatorios de los algoritmos, la invasión de la privacidad, los riesgos del reconocimiento facial y la regulación de las relaciones entre humanos y máquinas son retos que la IA necesita afrontar. Sin embargo, los intereses de gobiernos y grandes empresas priman muchas veces sobre las buenas prácticas.
Una de las partes del cuerpo humano más difíciles de imitar dada su complejidad es la mano. La firma Shadow Robot Company diseña y desarrolla manos robóticas muy hábiles, lo más realistas posible, y las pone a disposición de los investigadores en el marco del Human Brain Project. El objetivo es que las integren en los robots del futuro.
Las máquinas inteligentes ya están entre nosotros y, para bien o para mal, alteran nuestros vínculos sociales. A medida que se infiltran en ámbitos privados de nuestra vida, psicólogos y especialistas en ética advierten cómo nos afectan emocionalmente las relaciones con estos seres artificiales.
El proyecto ‘Brains on Board’ es una colaboración entre varias universidades británicas asociado al Human Brain Project que busca ‘traducir’ el cerebro de hormigas y abejas en algoritmos que entienda una máquina. Su objetivo es crear autómatas igual de eficientes que puedan utilizarse en tareas de rescate, exploración espacial y análisis de terrenos.
La start-up Aisoy Robotics desarrolla robots capaces de reconocer a la persona con la que interactúan y simular emociones. Su potencial en terapias para autismo fue constatado hace tres años por una enfermera de EE UU, madre de Juan. Ahora, preparan un estudio clínico en España para probar su eficacia en 50 hogares.