El análisis genético de más de 200 restos caninos permite situar la presencia de estos animales en el continente hace al menos 14 200 años. Un estudio complementario indica, además, que ya estaban ampliamente distribuidos por Eurasia occidental antes de la expansión de la agricultura.
Los procesos de almacenamiento de dióxido de carbono en rocas suelen requerir grandes cantidades de agua externa. Un equipo islandés ha creado un prototipo para poder llevar la tecnología a zonas áridas, aunque los investigadores señalan que es una solución para mitigar el cambio climático que no sustituye a la reducción de emisiones.