La Cueva 338, en el valle de Núria, documenta ocupaciones humanas recurrentes desde hace más de 5 000 años y una de las evidencias más antiguas de explotación de minerales ricos en cobre de Europa occidental.
El descubrimiento del objeto 2002 XV93 sugiere que incluso los cuerpos pequeños del cinturón de Kuiper pueden retener capas gaseosas, alimentadas por criovulcanismo o impactos de cometas.