Hace más de diez millones de años, un enorme sistema lacustre cubría buena parte de Sudamérica y albergaba una fauna de dimensiones extraordinarias. Entre sus habitantes, un depredador de siete metros imponía su ley sobre un ecosistema poblado por grandes herbívoros y otros cazadores.
Un análisis de la topografía y las condiciones de radiación en las regiones polares lunares revela que existen nichos microclimáticos donde bacterias y hongos extremófilos traídos por misiones humanas podrían mantenerse viables en estado latente.