La primera fase del ensayo arrancará en abril con la administración del fármaco a 70 voluntarios sanos en el Hospital de La Princesa de Madrid para evaluar su seguridad y farmacocinética. El compuesto AP‑2, respaldado por resultados preclínicos sólidos, inicia así su recorrido clínico con el objetivo de corregir uno de los mecanismos moleculares más comunes de esta enfermedad.
El dolor persistente genera cambios en el hipocampo, una región del cerebro que actúa como centro de control y que ayuda a regular las respuestas emocionales ante esta enfermedad. Una nueva investigación cuestiona que la depresión sea una consecuencia inevitable y apunta a que todo depende de cómo responda esta región a lo largo del tiempo.