El valle alto del Lozoya pudo ser el hogar de entre 14 y 33 neandertales hace 90 000 años

Una investigación calcula por primera vez la capacidad ecológica de este paisaje de montaña para mantener poblaciones neandertales y aporta una nueva visión sobre la ocupación humana de los ecosistemas de alta montaña en la península ibérica.

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Los autores precisan que la estimación no representa el tamaño de una población estable, sino la capacidad potencial del ecosistema para mantener pequeños grupos humanos en condiciones favorables. / Lucía Molino

Aunque los paisajes de montaña suelen asociarse a condiciones difíciles para la supervivencia humana, el valle alto del río Lozoya pudo convertirse hace unos 90 000 años en un entorno capaz de proporcionar recursos suficientes para pequeños grupos neandertales.

Así lo demuestra un estudio liderado por la investigadora predoctoral de la Universidad Complutense de Madrid Beatriz Trejo, que ha reconstruido por primera vez la capacidad ecológica de este territorio a partir de la fauna que habitaba la zona durante el Pleistoceno superior.

No hablamos de una ocupación continua, sino de un entorno que pudo favorecer presencias recurrentes en momentos concretos

Beatriz Trejo, primera autora (UCM)

El trabajo, publicado en la revista Landscape Ecology, se ha desarrollado a partir del registro fósil de Cueva del Camino, uno de los yacimientos del conjunto arqueológico y paleontológico del Calvero de la Higuera, en Pinilla del Valle (Madrid).

“Este trabajo muestra que el valle alto del Lozoya pudo ofrecer recursos suficientes para pequeños grupos neandertales, pero también que esos recursos estaban condicionados por la estructura del paisaje y por la distribución de las presas. No hablamos de una ocupación continua, sino de un entorno que pudo favorecer presencias recurrentes en momentos concretos”, afirma Beatriz Trejo.

La capacidad potencial del ecosistema

Para conocer el potencial del valle como hábitat para los neandertales, los investigadores reconstruyeron la distribución y abundancia de nueve especies de grandes herbívoros identificadas en el yacimiento: rinoceronte, caballo, uro, rebeco, ciervo, gamo, corzo, jabalí y castor.

Mediante modelos que integran información fósil y paleoclimática, estimaron la biomasa disponible como recurso para los grupos humanos y evaluaron la capacidad del ecosistema para sostener población.

Los investigadores estimaron la biomasa disponible como recurso para los grupos humanos y evaluaron la capacidad del ecosistema para sostener población

El análisis revela que no todas las especies encontraban las mismas condiciones en el valle. Mientras que el ciervo ocupaba las áreas más favorables, el rebeco disponía de un hábitat mucho más limitado. Estas diferencias reducen la disponibilidad real de recursos respecto a lo que sugeriría el simple registro fósil, lo que pone de manifiesto la importancia de considerar la estructura del paisaje para comprender la ocupación humana del territorio.

Aun con esas limitaciones, los resultados indican que el valle alto del Lozoya habría podido contar con entre 14 y 33 neandertales. Los autores precisan que esta estimación no representa el tamaño de una población estable ni implica una ocupación continua del valle, sino la capacidad potencial del ecosistema para mantener pequeños grupos humanos cuando las condiciones eran favorables.

Un refugio ecológico

Estos resultados ayudan a explicar por qué el valle alto del Lozoya pudo actuar como un refugio ecológico en el interior peninsular durante el Pleistoceno Superior. En un periodo del que apenas se conservan yacimientos en la región, estos enclaves de montaña habrían concentrado recursos suficientes para atraer de forma recurrente a los grupos neandertales.

La principal aportación del trabajo es que permite pasar de una descripción del registro faunístico a una estimación cuantitativa de la capacidad ecológica del territorio

Guillermo Rodríguez-Gómez, coordinador del estudio (Universidad de Sevilla)

Además de reforzar el valor científico del Calvero de la Higuera, el estudio demuestra cómo la combinación de modelos ecológicos, reconstrucciones paleoclimáticas y evidencias fósiles permite avanzar desde la identificación de las especies presentes en un yacimiento hacia la reconstrucción de la capacidad real de un paisaje para sostener poblaciones humanas prehistóricas.

“La principal aportación del trabajo es que permite pasar de una descripción del registro faunístico a una estimación cuantitativa de la capacidad ecológica del territorio. Esto ayuda a entender las condiciones que hicieron posible la presencia neandertal en paisajes de montaña del interior peninsular”, añade Guillermo Rodríguez-Gómez.

Referencia:

Trejo, B. et al. Linking prey biomass and Neanderthal population in a challenging upland landscape in the Late Pleistocene: the upper valley of the Lozoya River (Spain). Landscape Ecology 2026.

Fuente:
UCM
Derechos: Creative Commons.
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