Un estudio observacional aconseja entre 560 y 610 minutos semanales de actividad física para aumentar la función protectora del deporte sobre el corazón, pero es mucho más de lo que establecen las guías internacionales. El propósito del trabajo era medir las dosis óptimas de ejercicio, pero sus autores coinciden en que estos objetivos son muy difíciles de cumplir por parte de la población general.
Cinco millones de muertes al año podrían evitarse si la población mundial fuera más activa, según la Organización Mundial de la Salud (OMS). Sin embargo, los horarios de trabajo, la vida ajetreada de las ciudades y las responsabilidades familiares no lo ponen fácil.
En la actualidad, las guías internacionales recomiendan un mínimo de 150 a 300 minutos de actividad física a la semana para todos los adultos, aunque un nuevo estudio revela que habría que entrenar mucho más todos los días para obtener mejores resultados cardiovasculares.
El trabajo, publicado en The British Journal of Sports Medicine, explica que realizar entre 560 y 610 minutos semanales de actividad física de intensidad moderada a vigorosa lograría una reducción importante del riesgo de sufrir un infarto. Esto supone entre tres y cuatro veces más que la recomendación actual de salud pública.

Nuestros hallazgos sugieren que para obtener mayores resultados puede ser necesario aumentar la actividad, especialmente en personas con baja forma

Según explica a SINC el primer autor de la investigación y profesor en la Universidad Politécnica de Macao (China), Ziheng Ning, las guías originales nacieron con el objetivo de crear mínimos alcanzables para la población general y no pretendían expresar las dosis “óptimas” de ejercicio a la hora de alcanzar la mayor protección cardiovascular posible.
No obstante, el experto confiesa que resulta muy complicado alcanzar esos 500 o 600 minutos semanales y que su estudio no busca frustrar a la gente. “Los beneficios del ejercicio en la salud se producen de forma sostenida en el tiempo, y ya pasar de la inactividad al movimiento moderado produce muchos beneficios”, sostiene.
“Nuestros hallazgos sugieren que para obtener mayores resultados puede ser necesario aumentar la actividad, especialmente en personas con baja forma”, cuenta el investigador.
Para saberlo, los investigadores analizaron tanto los niveles de ejercicio como la capacidad cardiorrespiratoria de 17 088 personas que participaron en un ensayo del Biobanco del Reino Unido entre 2023 y 2025, donde la edad media era de 57 años; el 56 % eran mujeres y el 96 % personas blancas.
Los participantes llevaron un dispositivo en la muñeca durante siete días consecutivos y realizaron una prueba de esfuerzo para medir el volumen máximo de oxígeno que su cuerpo podía metabolizar. En el análisis también se incluyeron datos sobre el consumo de tabaco, de alcohol, la salud, la dieta, el índice de masa corporal, la frecuencia cardíaca en reposo y la presión arterial de los sujetos.
Los investigadores hicieron un seguimiento de 7,8 años, en los que se registraron un total de 1 233 episodios cardiovasculares. Entre ellos se vieron 874 casos de fibrilación auricular, 156 de infarto de miocardio, 111 de insuficiencia cardíaca y 92 de ictus.

150 minutos a la semana son claramente beneficiosos, pero para obtener mayores beneficios cardiovasculares es necesario un volumen de actividad más alto

Así, los adultos que cumplían la recomendación de 150 minutos semanales experimentaban una reducción del riesgo cardiovascular del 8 % y el 9 %, pero que para lograr una protección sustancial –del 30 %– necesitaban entre 560 y 610 minutos de ejercicio de intensidad moderada a vigorosa a la semana. Solo el 12 % de esos individuos del estudio consiguió alcanzar este nivel de actividad.
Las actividades deportivas realizadas incluían ejercicio aeróbico como caminar a paso ligero, montar en bicicleta, correr o nadar, aunque el tipo de ejercicio perdía importancia frente a otros factores como la constancia. Ning explica que una exposición acumulada al ejercicio mejora la función de los vasos sanguíneos, regula la presión arterial, la sensibilidad a la insulina, equilibra el sistema nervioso autónomo y reduce la inflamación sistémica.
“Los seres humanos modernos llevamos una vida extremadamente sedentaria y aunque hagamos ejercicio durante 30 minutos, es posible que estemos más de 10 horas sentados; por lo que un mayor movimiento semanal total puede compensar esta exposición prolongada a la inactividad”, expone. “Nuestros hallazgos sugieren que 150 minutos a la semana son claramente beneficiosos, pero que para obtener mayores beneficios cardiovasculares es necesario un volumen de actividad mayor”, afirma.
Asimismo, el trabajo reveló que las personas con menor forma física necesitaban entre 30 y 50 minutos adicionales para obtener beneficios equivalentes a aquellas que solían entrenar a menudo.
Por ejemplo, para lograr una reducción del 20 % en el riesgo de sufrir eventos cardiovasculares, las personas en menos forma física requerían 370 minutos de ejercicio, mientras que aquellos que hacían deporte de forma habitual necesitaban 340 minutos. Los investigadores señalan que este hallazgo pone de relieve el mayor desafío al que se enfrentan las poblaciones con vidas más sedentarias.
Ning cuenta que las personas con una base fisiológica menos entrenada pueden presentar una menor eficiencia vascular, metabólica y cardíaca, por lo que pueden necesitar más tiempo para lograr las mismas adaptaciones cardiovasculares que ya poseen las personas deportistas.
“En términos sencillos: el volumen de ejercicio es el estímulo, mientras que la forma física refleja la adaptación acumulada del cuerpo a ese estímulo a lo largo del tiempo. Esta es una de las razones por las que creemos que las futuras recomendaciones de ejercicio podrían ser más personalizadas, en vez de basarse en umbrales universales para todo el mundo”.
Los investigadores señalan que su estudio es observacional y que, como tal, no se puede establecer ninguna relación causal. Además, reconocen como limitación que los participantes podrían haber gozado de mejor salud y estar en mejor forma física que la población general.
Según cuenta a SINC el líder del Grupo de Imagen y Salud Cardiovascular del Centro Nacional de Investigaciones Cardíacas (CNIC) que no ha participado en el estudio, Rodrigo Fernández, los resultados refuerzan que la actividad física es beneficiosa para la salud cardiovascular y que practicar deporte de forma modesta es mejor que no hacer nada.
“Aunque estas cifras tan altas puedan parecer poco alcanzables, no deben desanimar a la población”, sugiere el experto. “La clave está en moverse más a lo largo del día y acompañarlo de otros hábitos saludables, como una dieta equilibrada, no fumar o cuidar el descanso”, señala.

Aunque estas cifras tan altas puedan parecer poco alcanzables, no deben desanimar a la población

Este investigador advierte que las recomendaciones actuales se basan en una gran cantidad de estudios científicos que, de forma consistente, muestran que la actividad física reduce el riesgo cardiovascular. “El mensaje principal permanece vigente: realizar 150 minutos semanales de actividad física moderada, o 75 minutos de actividad vigorosa, aporta beneficios claros para la salud” concluye el profesional.
De acuerdo con él, el catedrático de Informática Biomédica de la Universidad de Oxford (Reino Unido), y que tampoco ha participado en el estudio, Aiden Doherty aclara al SMC británico que este estudio no afirma que se necesiten más de 560 minutos de actividad física para obtener beneficios para la salud y que llegar a esa conclusión es erróneo.
“Si bien es cierto que quienes realizan más de una hora y veinte minutos de actividad física de intensidad moderada a vigorosa al día obtienen beneficios cardiovasculares, este no es un mensaje sensato para la salud pública", explica. "La población debe realizar, al menos, 150 minutos de actividad física a la semana porque cada movimiento cuenta, termina el experto”.
Referencia:
Liang, Z. et al. Joint non- linear dose–response associations of device- measured physical activity and cardiorespiratory fitness with cardiovascular disease: a cohort and Mendelian randomisation study. The British Journal of Sports Medicine. 2026