Las personas con esta patología o con riesgo de padecerla presentan una composición de microbios intestinales determinada incluso antes de desarrollar síntomas, según un análisis internacional publicado en Nature Medicine. Este indicador identificaría de forma precoz a las personas vulnerables a desarrollar la enfermedad.
El análisis de los microbios intestinales revela si una persona tiene riesgo elevado de párkinson antes de que haya desarrollado ningún síntoma, según un nuevo estudio liderado por el University College de Londres (UCL) en Reino Unido.
El equipo científico descubrió que las personas con esta enfermedad, cuyos casos se han duplicado en España desde 2012, presentan una composición específica de microbioma. También ocurre en individuos sanos que tienen un riesgo genético de padecerla, según los resultados que se publican en Nature Medicine.

Medir el grado de alteración del microbioma intestinal permitiría identificar a las personas con más riesgo de párkinson

“Nuestros resultados muestran que medir el grado de alteración del microbioma intestinal permitiría identificar a las personas con más riesgo de párkinson, e incluso para ofrecer asesoramiento nutricional que mitigue este riesgo”, dice a SINC Stanislav Dusko Ehrlich, investigador del Instituto de Neurología Queen Square de la UCL y uno de los autores del trabajo.
La enfermedad de Parkinson es una afección neurodegenerativa caracterizada por síntomas motores y no motores, que a menudo aparecen solo después de que se haya producido una pérdida sustancial de neuronas. En los últimos años, varios estudios han reconocido la relación entre la enfermedad y el microbioma del intestino, pero se desconoce con exactitud el papel que desempeñan estos microorganismos.
En este nuevo trabajo, el equipo científico analizó datos clínicos y fecales casi 500 personas de Reino Unido e Italia: 271 pacientes con la enfermedad de Parkinson, 43 portadores de la variante GBA1 (una variante genética que puede multiplicar por 30 el riesgo de padecerla) sin síntomas clínicos, y 150 participantes sanos como grupo de control (grupo de comparación).
Los investigadores descubrieron que más de una cuarta parte de los microbios que componen la microbiota intestinal —176 especies diferentes— presentaban diferencias en cuanto a su abundancia al comparar a las personas enfermas con los participantes sanos del grupo de control. Así, algunos microbios eran más comunes entre las personas con párkinson, mientras que otros lo eran más entre las personas sanas. Este patrón era más notable entre las personas en estadios más avanzados de la enfermedad.
“Esto nos sugiere que las alteraciones del microbioma intestinal se correlacionan con la gravedad de la enfermedad en los pacientes”, señala Ehrlich.
Además, los resultados mostraron que la mayoría de estos microbios (142 especies) también diferían de forma sistemática en cantidad al comparar los controles sanos con las personas portadoras de la variante del gen GBA1 que aún no habían experimentado ningún síntoma de la patología. En estos casos, la composición de la microbiota intestinal era similar a un patrón intermedio entre individuos sanos y con párkinson.
El equipo investigador corroboró sus hallazgos comparando sus resultados con una cohorte adicional de personas de Reino Unido, Corea y Turquía, que sumaba un total de 638 personas más con la enfermedad y 319 participantes sanos del grupo de control.
Entre ellos, una pequeña proporción de los participantes sanos también presentaba microbiomas intestinales similares a los de las personas con riesgo de desarrollar párkinson, lo que plantea la cuestión de si ellos también podrían estar en riesgo.
Los participantes en el estudio también proporcionaron datos sobre sus hábitos alimenticios, lo que reveló que quienes seguían una dieta más equilibrada y variada eran menos propensos a tener microbiomas intestinales relacionadas con un riesgo elevado de padecer la enfermedad de Parkinson.
Por eso, los investigadores afirman que esto podría indicar que la modificación de la dieta podría desempeñar un papel en la prevención del párkinson.
“Nuestros resultados indican que una mejor nutrición podría retrasar la aparición de la enfermedad, lo que concuerda con estudios previos que indican que una dieta como la MIND (Intervención Mediterránea-DASH para el Retraso Neurodegenerativo) retrasa la enfermedad en una década o más”, apunta Ehrlich.

Una mejor nutrición podría retrasar la aparición de la enfermedad, lo que concuerda con estudios previos

Aun así, los resultados del estudio no esclarecen cuál es la relación exacta entre el microbioma y la enfermedad. Tal y como apunta en declaraciones a SMC España José Manuel Fernández-Real, del Institut d'Investigació Biomèdica de Girona Josep Trueta (IDIBGI): “El carácter fundamentalmente transversal del estudio, que impide establecer relaciones causales claras”.
“Es decir, no se puede determinar si las alteraciones en la microbiota intestinal contribuyen al desarrollo de la enfermedad de Parkinson o si, por el contrario, son una consecuencia de procesos fisiopatológicos ya en marcha, incluso en fases subclínicas”, señala Fernández-Real.
Según el investigador, el estudio es consistente con estudios anteriores, pero destaca que “será necesario contar con estudios longitudinales y mejor controlados para determinar si estas alteraciones tienen valor predictivo real o potencial terapéutico”.
Referencia:
Stanislav Dusko Ehrlich et al. Microbiome signature of Parkinson’s disease in healthy and genetically at-risk individuals. Nature Medicine (2026).