Un estudio internacional que analizó a más de 10 000 personas revela que el aislamiento social disminuye la memoria, pero no a largo plazo. Aunque los participantes más solitarios mostraron peores resultados en las pruebas iniciales, al cabo de siete años su capacidad para recordar información disminuyó a un ritmo similar a los que no experimentaban soledad.
El aislamiento social está entre los factores de riesgo más relevantes para la demencia. Un reciente estudio europeo publicado en Aging & Mental Health, en el que se realizó un seguimiento a más de 10 000 personas durante siete años, ha asociado el aislamiento social a la pérdida de memoria, aunque no a largo plazo.
Los participantes más solitarios obtuvieron peores resultados en las pruebas de memoria al inicio del periodo de investigación. Sin embargo, durante el periodo de monitorización, la capacidad para recordar información de las personas que se sentían solas disminuyó a un ritmo similar al de los participantes que no experimentaron aislamiento.
Participaron investigadores de la Universidad del Rosario en Colombia, la Clínica Universitaria de Navarra y la Universitat de València en España, y el Instituto Karolinska en Suecia. Los hallazgos provienen de un análisis del estudio Survey of Health, Ageing and Retirement in Europe (SHARE). Se encuestaron un total de 10 217 personas, de entre 65 y 94 años, en 12 países de todo el continente.
La soledad se ha convertido en un problema de salud pública significativo debido a su impacto en la longevidad, la salud física y mental, y el bienestar general. Sin embargo, los resultados del estudio respaldan la teoría de que el aislamiento no es necesariamente un factor de riesgo para la demencia.

Una persona puede tener un declive cognitivo, entre otros factores, por la soledad, o puede tener sensación de soledad debido a su deterioro cognitivo

“El hallazgo de que la soledad impactó significativamente en la memoria, pero no en la velocidad de su deterioro a lo largo del tiempo, fue un resultado sorprendente”, afirma a SINC el autor principal, Luis Carlos Venegas-Sanabria, de la Escuela de Medicina y Ciencias de la Salud de la Universidad del Rosario.
El experto destaca la importancia de tener presente la bidireccionalidad de la relación entre aislamiento y memoria: “Una persona puede tener un declive cognitivo, entre otros factores, por la soledad, o puede tener sensación de soledad debido a su deterioro cognitivo”.
Para el análisis, los investigadores utilizaron datos de 2012 a 2019 de SHARE, una encuesta longitudinal lanzada en 2002 que examina la salud y el envejecimiento de personas europeas mayores de 50 años. Los participantes provenían de países como Alemania, España, Suecia y Eslovenia. Los 12 países se agruparon en cuatro regiones geográficas: Central, Sur, Norte y Este.
Del estudio quedaron excluidas personas con antecedentes de demencia (incluido el alzhéimer), así como aquellas con actividades de la vida diaria “limitadas” (con alguna discapacidad para caminar, comer o ducharse). La evaluación de la memoria se hizo mediante la capacidad de recordar información inmediatamente y tras un intervalo de tiempo. Las pruebas incluyeron que los participantes recordaran tantas palabras como pudieran en un minuto de una lista de 10 palabras leídas en voz alta.
La soledad se definió como “sentirse solo”. Los investigadores hicieron tres preguntas a los participantes para medir su soledad y categorizarlos en niveles bajo, medio o alto: “¿Con qué frecuencia siente que le falta compañía?”, “¿Con qué frecuencia se siente excluido?” y “¿Con qué frecuencia se siente aislado de los demás?”.
Los investigadores también evaluaron la actividad física, la participación en actividades sociales, las puntuaciones de depresión, la diabetes y otros factores que podrían influir potencialmente en la investigación.
Los resultados mostraron que los países del sur de Europa reportaron los niveles más altos de soledad (12 %), seguidos por la región del Este (9 %), Central (6 %) y Norte (9 %). El autor principal del estudio destaca a SINC que “considerando las fuertes relaciones familiares que se observan en los países del sur de Europa, una persona puede, con cambios mínimos en su entorno social, sentirse sola. Una persona acostumbrada a relaciones familiares estrechas percibe más soledad que quien no está acostumbrada a ellas”.

Una persona acostumbrada a relaciones familiares estrechas percibe más soledad que quien no está acostumbrada a ellas

La mayoría de los participantes (92 %) mostró niveles medios o bajos de soledad al inicio de la investigación. El grupo con niveles altos (8 %) era de mayor edad, mayoritariamente femenino y con peores problemas de salud. Además, presentaban una mayor prevalencia de depresión, hipertensión arterial y diabetes.
Aquellos en la categoría “alta” tenían puntuaciones de recuerdo inmediato y diferido más bajas al comienzo del estudio en comparación con quienes tenían niveles de soledad más bajos. Sin embargo, experimentaron un declive en la memoria similar al de los participantes en las categorías de soledad baja y media.
Los autores destacan que su investigación trató la soledad como algo que no cambiaba con el tiempo. No obstante, señalan que en el mundo real la percepción de la soledad puede variar “en respuesta a cambios en las características personales o ambientales a lo largo de la vida”. La conclusión principal que destaca el primer autor del estudio es la necesidad de “evaluar y manejar la soledad en etapas más tempranas de la vida para lograr un envejecimiento saludable”.
Venegas-Sanabria, L.C. et al. Memory trajectories in lonely individuals in Europe: an analysis of the Survey of Health, Aging, and Retirement in Europe. Aging & Mental Health (2026).