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Una investigación abulense trata de encontrar el origen de las emociones

¿Dónde nace una emoción? ¿En qué lugar del cerebro se decide que debemos reaccionar ante determinado estímulo de manera positiva o, en cambio, hacerlo de forma negativa? Un profesor de la Escuela Universitaria de Educación y Turismo de la Universidad de Salamanca en Ávila, José Luis Martínez Herrador, está inmerso en estas lides, compatibilizando este estudio con otras dos investigaciones relacionadas con la hiperactividad infantil y el estudio de las emociones a nivel de grupo.

José Luis Martínez Herrador. Foto: DICYT.

“Estamos estudiando la especialización hemisférica centrada en la empatía y en las emociones positivas y negativas”, comienza a explicar el profesor de Psicología Evolutiva, que ha tomado como base en su investigación los estudios de dos conocidos investigadores: Davidson y Rizzolatti. Según el primero, las emociones positivas se situarían en el hemisferio derecho del cerebro, mientras que las negativas serían procesadas en el hemisferio izquierdo. Por su parte, Rizzolatti encontró las conocidas como neuronas espejo. “Son neuronas que parece que reaccionan a las emociones de los demás”, asegura Martínez Herrador. “Comprenden las intenciones de los demás a partir de sus gestos”, recalca el profesor abulense.

En cualquier caso, lo que trata de averiguar es si una persona puede nacer con más actividad en el hemisferio derecho que en el izquierdo. “Así, si tuviéramos más actividad en el hemisferio derecho seríamos personas muy empáticas, emocionales y reactivas”, apunta el investigador, y “al revés, estaríamos ante personas más seductoras y manipuladoras en el uso de sus expresiones”. Para aclarar esto, habla de los dos tipos de sonrisa que existen: la espontánea, la que nace como una reacción emocional, y la social, o forzada, la que puede nacer a antojo de cada uno. “Para sonreír hay que activar determinados músculos, y si esa sonrisa es espontánea, estos músculos pertenecen al hemisferio derecho”, aclara el profesor.

Para llevar a cabo su estudio, Martínez Herrador se vale de la tecnología electrofisiológica, que valora las reacciones emocionales del sistema simpático y parasimpático. Lo hace mediante unos electrodos añadidos a un aparato de medida electrofiosiológica de la actividad electrodermal diferencial, que se le colocan a la persona que se quiera analizar en una sesión en la que se utilizan imágenes neutras entre las que se intercalan otras con componentes positivos y negativos alternativamente.

“La sesión comienza pidiendo a la persona que se relaje, lo que refuerzo diciéndoles que lo están haciendo muy bien”, aclara. Así, continúa la sesión hasta que, llegado a otro punto, se le da a la persona un estímulo negativo. En función de sus reacciones en cada uno de estos puntos, los expertos pueden averiguar si estamos ante una persona con una alta o baja autoestima. “Si a una de las personas del primer grupo le das un refuerzo positivo, le dices que lo hace bien, no reacciona, ya que ella ya tiene asumido que hace bien las cosas, y al contrario”, señala.

El experto ha comenzado sus estudios ayudado por sus alumnos y ahora planea realizarlos con niños, “porque con ellos se puede ver el desarrollo de este proceso”, dice. “Veríamos si parten de una estructura neurológica heredada, lo que querrá decir que hay niños más reactivos que otros”, puntualiza.

Investigar para "comprender los procesos"

La investigación de José Luis Martínez Herrador podría tener cierta influencia, por ejemplo, a la hora de escoger una pareja o en el momento de establecer determinadas relaciones humanas. Pero, preguntado por la aplicación que su estudio tendría realmente a nivel práctico, el profesor de la Universidad de Salamanca es claro: “No tendría una aplicación concreta, se trata de la comprensión de la Psicología profunda, del estudio de los mecanismos de reacción, y estaríamos hablando de campos no muy éticos”. “Se trata”, concluye el especialista en Psicología Evolutiva, “de comprender procesos".

Fuente: DICYT
Derechos: Creative Commons
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