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ANÁLISIS

Epidemia del coronavirus, vacunas y búsqueda de soluciones permanentes

En hospitales de la red pública española se prueban ya fármacos aprobados para otros usos contra el coronavirus. Un equipo del CSIC trabaja sin descanso para desarrollar una vacuna, tras la que hay dos décadas de investigación. Grandes potencias como EE UU y China han anunciado ensayos con nuevas vacunas en una carrera mundial para vencer a la COVID-19.

Vicente Larraga
26/3/2020 10:29 CEST

Laboratorio de coronavirus del CNB-CSIC, en Madrid, donde se trabaja en el desarrollo de una  vacuna. / Álvaro Muñoz Guzmán / SINC

La infección respiratoria que asola el mundo en estos momentos, inducida por el virus SARS-CoV-2, se encuentra en su punto álgido en nuestro país y todavía supondrá un peligro cierto para la población durante unas cuantas semanas, hasta que esté controlada, no extinguida. 

Independientemente de la urgencia del día a día con nuestros sanitarios haciendo un sobresfuerzo, conviene hacer alguna reflexión que intente ir más allá del corto plazo.

Es una epidemia infecciosa que no solo pone en peligro las vidas de muchos ciudadanos, sino que nos está metiendo, en un tiempo récord, en un parón económico que intentamos que no se convierta en recesión duradera.

Hay que establecer tratamientos efectivos a corto plazo y obtener, a medio plazo, herramientas que frenen al virus. Esto requiere el trabajo efectivo de los científicos del mundo y desde luego, de los españoles 

Un virus de la familia de los SARS, aparecido en China a finales de 2019, está poniendo al país frente a una prueba durísima. Los países de nuestro alrededor también están afectados, lo que hace que los vínculos de solidaridad europea se resientan por la tentación del “sálvese quien pueda”.

En cualquier caso, aunque recibamos el apoyo de nuestros vecinos, resulta claro que debemos afrontar el reto para salir de esta situación utilizando nuestros propios medios.

Hay que establecer tratamientos efectivos a corto plazo e intentar obtener, a medio plazo, herramientas que frenen al virus causante de la enfermedad COVID-19. Esto requiere el trabajo efectivo de los científicos del mundo y desde luego, de los españoles.

Tratamientos con fármacos ya aprobados

Lo primero que hay que decir es que se está llevando a cabo una investigación clínica que esta probando tratamientos efectivos con diferentes fármacos, ya aprobados para otros usos y que por consiguiente, no necesitan aprobación sobre la seguridad en su utilización, evitando los retrasos en el tratamiento de los enfermos. 

La UE ha puesto en marcha 17 proyectos para desarrollar una vacuna protectora. Uno de ellos es de un grupo español del CNB-CSIC, que lleva más de 20 años trabajando en virus SARS 

Esto se está haciendo en algunos de los mejores hospitales de nuestra red pública (Carlos Haya de Málaga, La Paz de Madrid, Clínico de Barcelona, Cruces de Bilbao, etc…).

Por otra parte, desde finales de enero, cuando se vio que la epidemia se movía a gran velocidad, los países más adelantados científicamente se pusieron en marcha, uniéndose a los científicos chinos que ya lo hacían, en una carrera para intentar conseguir una vacuna que pudiera combatir al virus y prevenir, no ya la pandemia actual, sino las posibles nuevas oleadas de infección que pudieran aparecer en el futuro.

Hubo una reunión de coordinación en Ginebra, a finales de enero, auspiciada por la Organización Mundial de la Salud con el apoyo de la Unión Europea y se pusieron en marcha 17 proyectos para desarrollar una vacuna protectora. Uno de ellos en España, donde un grupo experto en estos virus de tipo SARS lleva trabajando desde hace más de veinte años

La vacuna china y la de EE UU

En estos momentos, con gran rapidez, ya se ha anunciado la existencia de dos candidatos a vacuna. Uno por parte del ejército chino, basado en una subunidad del virus y otro norteamericano, desarrollado por la empresa Moderna –en realidad ModeRNA– del complejo científico de Massachusetts que usa los ARN mensajeros que utiliza el virus para modificar la maquinaria celular y ponerla a su servicio. Esta vacuna la probarán en los Institutos Nacionales de la Salud de Washington.

Estos candidatos tienen que empezar las pruebas de toda vacuna que incluyen cuatro fases, empezando por la I que es la de seguridad. De acuerdo a las normas establecidas, todas las vacunas pueden tener un nivel de protección variable (por ejemplo, 60-80 %) pero la seguridad debe ser del 100 % en todos los casos. No parece razonable que se pueda tener una vacuna segura y efectiva antes de 18 o 24 meses, con suerte.

En cuanto a la vacuna que desarrolla el grupo español del Centro Nacional de Biotecnología, bajo el liderazgo de los profesores de investigación Luis Enjuanes e Isabel Sola, de están tratando de obtener un virus que carezca de alguna de las proteínas esenciales que le permiten unirse a la superficie y entrar en la célula del huésped para infectarla, lo que sería muy efectivo para combatir la infección. Además, como efecto ‘colateral’ podría dar lugar también a un tratamiento efectivo de los enfermos, no solo a la prevención de la enfermedad.

Ya hay dos candidatos a vacuna, uno desarrollado por el ejército chino y otro de la la empresa de EE UU Moderna, pero no parece razonable que se pueda tener una vacuna segura y efectiva antes de 18 o 24 meses

Esto no podría hacerse sin el conocimiento de los mecanismos biológicos del virus que ha ido obteniendo el grupo a lo largo de los años, mediante un trabajo de investigación básica realizado en otros virus similares, sin presión externa. Llevado a cabo a pesar de los terribles recortes que se han producido en España en los últimos diez años que han dejado al sistema de I+D español al borde del colapso.

¿Qué se puede hacer?. Lo que se está haciendo. Por una parte, probar un tratamiento que sea efectivo y, por otra, disminuir la tasa de contagio mediante las mediadas de aislamiento. Hay que garantizar que el sistema sanitario siga funcionando para tratar a la población enferma y seguir trabajando para conocer las bases de funcionamiento de este virus y de otros patógenos que surjan (esta no va a ser la última crisis sanitaria que suframos) para estar preparados y poder reaccionar rápidamente.

No hay que acordarse de Santa Bárbara solo cuando truena y los sistemas sanitario y de investigación deben mantenerse en buen estado para que puedan funcionar adecuadamente y con soltura ante una crisis.

Inversión en sanidad e investigación pública 

A lo mejor tiene algo que ver que Alemania dedique a sanidad un 80% más de dinero por habitante que España, en que estén teniendo un número muy inferior de fallecidos. También es probable que fuera por la buena financiación del sistema de I+D alemán por lo que el primer test efectivo para la detección del virus se hiciera en Alemania, mientras que el CDC de Atlanta, sometido a serios recortes presupuestarios por el peculiar, por decirlo de alguna manera, presidente Trump, fracasaba estrepitosamente en el intento.

No hay que acordarse de Santa Bárbara solo cuando truena y los sistemas sanitario y de investigación deben mantenerse en buen estado para que puedan funcionar adecuadamente y con soltura ante una crisis

Los científicos españoles llevamos años denunciando los salvajes recortes al sistema por parte del gobierno entre 2009 y 2019. Al sistema está en una situación más que precaria, pero, igual que el sanitario, aguanta, gracias al sobre esfuerzo de sus componentes. Esto no puede seguir así. España debe replantearse sus prioridades y entre estas tienen que estar su sistema de ciencia y tecnología junto con el sanitario. Un estado de bienestar sólido es el futuro que se merecen nuestros ciudadanos.

Vicente Larraga es profesor de investigación del Centro de Investigaciones Biológicas del CSIC.

Fuente:
SINC
Derechos: Creative Commons.
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