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X Aniversario del Observatorio de la Hita

Un reciclaje estelar

Cuando en 1999 Faustino Organero comenzó a transformar una caseta llena de aperos de labranza en un observatorio astronómico no esperaba llegar tan lejos. Hoy el Observatorio de la Hita, enclavado en pleno corazón de La Mancha, cuenta con el mayor telescopio en manos de aficionados, desarrolla una intensa actividad divulgativa y ha comenzado a colaborar en un proyecto científico.

Acaba de anochecer y las estrellas comienzan a brillar en el cielo de La Mancha. Los faros de una fila de coches iluminan el camino que conduce al Observatorio de La Hita, situado en el pueblo toledano de La Puebla de Almoradiel. Los motores se detienen, las luces se apagan, y sólo el canto de los grillos y el murmullo de los recién llegados rompen el silencio de la noche.

La silueta de las casetas y las tres cúpulas que forman el observatorio se recortan en medio de la llanura. En una pequeña explanada Faustino Organero, el director del centro, da la bienvenida a un grupo, la mayoría profesores de instituto. El astrónomo aficionado explica que inició este proyecto en mayo de 1999, cuando decidió transformar un pequeño cobertizo que tenía su suegro para almacenar paja y aperos de labranza en un observatorio donde poder estudiar los cometas y los asteroides.

Faustino señala con su dedo la cúpula más alta, la primera que construyó con sus propias manos y la ayuda de sus familiares. Más tarde fue levantando las otras dos. “Empezaste con un champiñón y ya llevas tres”, le dicen sus vecinos. El emprendedor astronómico tenía clavada la espina de no haber podido asistir a la universidad, pero sacó su proyecto “de un modo pasional y frenético”, formándose con libros, internet y los consejos de multitud de expertos, además de usar siempre el método de “prueba y error”.

La chatarra se convirtió en piezas de precisión

Para erigir el observatorio Faustino a menudo tuvo que recurrir a materiales reciclados, ya que no es tan fácil encontrar piezas para construir cúpulas y monturas de telescopios en medio de La Mancha. El tornero del pueblo y el herrero de la vecina Villa de Don Fadrique se encargaron de transformar la chatarra en verdaderas piezas de precisión. Durante diez años, en diversas fases de “astroalbañilería”, también se han construido varias casetas con tejado abatible, donde se desplazan algunos astrónomos aficionados con sus equipos portátiles. “Estas casetas son más prácticas, pero no tienen el encanto de las cúpulas tradicionales”, comenta Faustino.

El anfitrión dirige al grupo al interior del edificio principal, donde se controlan por ordenador varios telescopios. El centro tiene dos refractores con lentes de 13 y 22 cm de diámetro, y tres reflectores con espejos de 30, 40 y hasta 77 cm, el más grande a nivel de aficionado en España. Los telescopios refractores son como los que inventó Galileo hace 500 años, un tubo por el que entra la luz de imágenes lejanas, y por medio de lentes se refracta o desvía hacia el ocular por el que mira el astrónomo. En cambio, en los telescopios reflectores los rayos de luz llegan a un gran espejo cóncavo, se reflejan hacia a otro espejo más pequeño, y éste a su vez los dirige hacia un ocular lateral.

El director del observatorio muestra a los visitantes un enorme espejo depositado sobre el suelo. “Afortunadamente estaba defectuoso”, comenta, haciendo referencia a lo mucho que aprendió investigando lo que le pasaba. En este punto Faustino recuerda la figura del veterano astrónomo Antonio Mingorance, al que conoció de forma casual cuando fue a consultarle cómo se construía una cúpula. Mingorance no solo le aconsejó, sino que se ilusionó por el proyecto y decidió participar de forma activa aportando ideas y ejerciendo la labor de mecenazgo. Su primera acción fue instalar aquí un gran telescopio que había adquirido en EE UU, cuya lente fue la que hubo que sustituir.

Colaboración con los científicos

El grupo visita dos de las cúpulas, y en la mayor admiran el gran telescopio. Faustino comenta que con este instrumento creen haber descubierto tres nuevos asteroides en las proximidades del planeta enano Varuna, en los confines del Sistema Solar, “aunque falta realizar más observaciones para confirmarlo”. Precisamente para estudiar los objetos transneptunianos (situados más allá de Neptuno) actualmente se están realizando tareas de robotización en este instrumento para poderlo manejar a distancia, en un proyecto conjunto con investigadores del Instituto de Astrofísica de Andalucía (IAA-CSIC).

Estos trabajos impiden a los visitantes poder observar a través del gran telescopio, pero acoplado en paralelo se sitúa otro, y con la ayuda de una escalera acceden a su ocular uno en uno. Observan primero la Luna y después Saturno, que este año tiene dispuestos sus anillos oblicuos de una forma muy particular. “Estos anillos están formados por polvo y rocas con agua helada, y son ‘un intento’ de formación de un planeta, pero que no salió adelante por la gravedad de Saturno”, explica Leonor A. Hernández, una “astronómada” -como le gusta definirse- pero asidua del observatorio, y que esta noche acompaña a Faustino en la visita.

“Lo más satisfactorio de todos estos años ha sido conocer a astrónomos aficionados que, como Leo, no solo ayudaron en las observaciones, sino que también se han implicado para que este proyecto continúe adelante”, comenta el director del centro.

Faustino cuenta que algunos de los telescopios están conectados a cámaras fotográficas que proporcionan imágenes a gran resolución de la superficie de la Luna, de nebulosas tan curiosas como la trífida (M20), que parece tener tres lóbulos, o de la M27 o Dumbbell, una de las más brillantes. Astrofotógrafos aficionados avanzados, como Antonio Fernández, también utilizan el Observatorio de la Hita para obtener algunas de sus mejores imágenes.

La importancia de la divulgación astronómica

En los últimos años el observatorio, que en 2007 se constituyó como Fundación Astrohita, ha emprendido una intensa labor divulgativa, y por el centro han pasado cientos de estudiantes y profesores, como los que visitan el centro esta noche. Una de las actividades estrella de este año es la puesta en marcha del proyecto G-HOU (por sus siglas en inglés, Global Hands-On Universe), un programa educativo nacido en la Universidad de Berkeley (EE UU) pero de alcance mundial, con el que se pretende que los jóvenes investiguen el Universo mediante la aplicación de herramientas y conceptos científico-tecnológicos. En España la Fundación AstroHita participa aportando su instrumental para promover la enseñanza científica en la comunidad educativa, especialmente en este Año Internacional de la Astronomía.

Otro de los proyectos que más ilusiona a Faustino es la creación de un centro de interpretación astronómico en el que puedan participar todo tipo de personas, “incluidas aquellas discapacitadas, para que puedan observar las estrellas a pesar de estar en una silla de ruedas”. Los responsables del observatorio ya han empezado a buscar apoyos entre las administraciones, especialmente en el municipio de la Puebla de Almoradiel.

Mientras tanto el centro continuará acogiendo a todo tipo de visitantes, como una vecina del pueblo con síndrome de Down que también ha acudido a la cita de esta noche. La joven sube con cuidado por la escalera de mano para observar los cráteres de la Luna. Al principio no dice nada, pero después de unos instantes exclama: “¡Qué bonito!”. “¡Eso es!”, responde Faustino.

Fuente: SINC
Derechos: Creative Commons