MATEMÁTICAS, FÍSICA Y QUÍMICA: Química

Una visita al Museo del Prado con ojos de bioquímico

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En el Museo del Prado hay narices y barbillas que revelan las intimidades genéticas de los Austria. Hay personajes distorsionados que sugieren problemas visuales del pintor, emperadores enfermos que desvelan una dieta poco saludable y batallas navales que recuerdan a los galeotes con escorbuto. Son algunas de las historias que se ocultan tras los lienzos del museo y que hemos sacado a la luz con la ayuda de dos científicas.

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Julia García López | | 22 febrero 2014 09:00

<p>Carlos II (detalle), por Juan Carreño de Miranda. El elevado grado de consanguinidad que se acumuló en este rey favoreció que tuviera varios genes mutados que le provocaron la esterilidad y las enfermedades responsables de su sobrenombre: El Hechizado. / <a href="http://upload.wikimedia.org/wikipedia/commons/3/3e/Carlos_II_por_Juan_Carre%C3%B1o_de_Miranda.jpg" target="_blank">Wikipedia</a></p>

Carlos II (detalle), por Juan Carreño de Miranda. El elevado grado de consanguinidad que se acumuló en este rey favoreció que tuviera varios genes mutados que le provocaron la esterilidad y las enfermedades responsables de su sobrenombre: El Hechizado. / Wikipedia

En la sala de los retratos reales de Velázquez del Museo del Prado, todos los rostros presentan un parecido asombroso. No fue capricho del pintor, sino genética. Ningún miembro de la casa de Austria se libraba del mentón adelantado, el labio inferior grueso y la nariz bulbosa. Detalles que desvelan la historia de varias generaciones de casamientos entre parientes cercanos.

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Las meninas (Velázquez). Los personajes de la derecha tienen dos tipos de enanismo: acondroplasia y déficit de hormona del crecimiento. / Wikipedia

Estos rasgos tan identificativos de la familia Habsburgo se pueden observar tanto en la infanta Margarita de Las Meninas (1656), como en su hermano Carlos II, sus padres Felipe IV y Mariana de Austria, y sus predecesores Felipe II y Felipe III.

Gemma Marfany, profesora de genética en la Universitat de Barcelona, explica a Sinc que, ordenados cronológicamente, los retratos cuentan una historia de sucesivos emparejamientos entre familiares.

“Los rasgos se van acentuando generación tras generación hasta llegar a Carlos II [último miembro de la dinastía], en el que son tan marcados que parece deforme y enfermo. Tantos casamientos entre primos hermanos y tíos con sobrinas hacen que su nivel de consanguinidad sea más elevado que si su padre y madre fueran hermanos”, explica.

Según Marfany, en el último rey de la casa de Austria se encontraron genes mutados que le provocaron varias enfermedades genéticas raras simultáneas, lo que le valió el título de ‘El hechizado’.

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Infanta Margarita (Martínez del Mazo), con mentón adelantado y nariz bulbosa, típicos de los Austria. / Wikipedia

La consanguinidad de los Austria es solo una de las historias de ciencia que se esconden en los cuadros del Prado.

“En el museo puedes buscar aquello que causa placer estético, pero también puedes pensar en cuestiones más científicas”, asegura Marfany.

En la Facultad de Biología de la Universidad Complutense de Madrid (UCM), el curso pasado se organizó la asignatura de Bioquímica en torno a las pinturas del museo, coordinada por Alicia Megías.

“Aunque parezca mentira, la ciencia también tiene que ver con el Prado”, explica. Además de visitar el museo, a los alumnos se les presentó un cuadro sobre el que tenían que aplicar los conocimientos aprendidos en clase.

“Dar una conexión a la asignatura con la vida real hace que los estudiantes se interesen más”, asegura Megías.

Bufones y enanos 

El bufón don Sebastián de Morra (Velázquez). Las extremidades cortas son signos de acondroplasia. / Wikipedia

Los bufones y los acondroplásicos –vulgarmente llamados enanos– de los cuadros de Velázquez fueron algunos de los personajes estudiados en las clases. “Esconden diferentes enfermedades genéticas, no todos son iguales. Es cuestión de investigar sobre los rasgos característicos de las distintas patologías. Un ejemplo es el Retrato de Don Sebastián de Morra (1645), cuyas extremidades más cortas de lo normal sugieren que sufría acondroplasia”, explica Megías.

En Las Meninas, probablemente el cuadro más conocido del museo, hay dos personajes secundarios afectados por enanismo. Sus diferentes características físicas indican que no padecían la misma enfermedad. Nicolás Pertusato, el personaje situado más a la derecha, está bien proporcionado, lo que hace sospechar que tenía un déficit de hormona del crecimiento. A su lado, Mari Bárbola tiene las extremidades anormalmente cortas, mientras el tronco y la cabeza presentan un tamaño mayor, son características propias de la acondroplasia.

Emperadores y pintores enfermos

Las pinturas también pueden ocultar patologías del artista. Ante las figuras exageradamente estilizadas de los cuadros del Greco, como su Caballero de la mano en el pecho (1578-80), hay quien sugiere que quizá el pintor sufriera un defecto visual, aunque otros lo consideran una licencia artística.

Presentación de don Juan de Austria al emperador Carlos V (Eduardo Rosales). El emperador, sentado, sufre de gota. El alto contenido en carne de su dieta le provocó la acumulación de ácido úrico en las articulaciones propia de la enfermedad. / Wikipedia

O pueden reflejar la enfermedad del retratado. Hay una obra de Eduardo Rosales, Presentación de don Juan de Austria al emperador Carlos V en Yuste (1869), que presenta al emperador sentado con una manta que le cubre las piernas. Sufría de gota, una enfermedad que afectaba a las clases pudientes y que era causada por una dieta con alto contenido en proteínas.

“Esta obra sirve como ilustración de la enfermedad y como introducción para explicar cómo se metabolizan los hidratos de carbono, lípidos y proteínas que consumimos”, indica Megías.

Sacerdotes genetistas

Marfany confiesa que cuando observa a los sacerdotes polinizando las plantas en algunos relieves persas, “casi sin querer pienso en cómo el ser humano se ha dedicado a hacer genética desde que fue capaz de entender los ciclos vitales”.

“Quizás le podríamos llamar deformación profesional, pero en lugar de pensar que una mirada tan particular empobrece, para mí supone descubrir aspectos que de otra forma podrían pasar desapercibidos”, añade la genetista.

Hilanderas de proteínas

Las hilanderas (1657) sirven para explicar la estructura de las proteínas. “Este cuadro, así como los ropajes de los retratos de reyes, infantes y cortesanos, sirven de gancho para analizar la estructura y características de proteínas fibrosas –explica la profesora de la UCM–. Cuando el pintor es bueno, se aprecia muy bien el tipo de tejido del que están hechos”. 

Los bodegones inspiraron a la profesora Megías para hablar del metabolismo, pero “no solo, sino también de lo que se comía en la época según clases sociales, y por qué había enfermedades relacionadas con una mala alimentación”, indica la investigadora.

Las hilanderas o la fábula de Aracne (Velázquez). / Wikipedia

Los lienzos con representaciones de la armada real o batallas navales esconden la historia de millones de afectados por el escorbuto, una enfermedad causada por la falta de alimentos frescos en la dieta de los marineros.

Defensa de Cádiz contra los ingleses (Zurbarán). / Wikipedia

Es el caso de la Defensa de Cádiz contra los ingleses (1634). En el lienzo de Zurbarán se observa a los marineros afectados por este déficit, y el gobernador –que aparece sentado– tiene la gota, otra enfermedad causada por una dieta poco equilibrada.

“Se calcula que murieron unos dos millones de afectados por escorbuto debido a una deficiencia en vitamina C”, explica Megías.

“El museo puede servir para aprender muchas cosas, no solo arte”, asegura la investigadora. Son muchos los ángulos desde los que se pueden observar las obras y muchas las historias de ciencia escondidas tras sus escenas.

“Como científica, como genetista, miro la realidad a mi alrededor a través de mis ojos y mi conocimiento. Esto me acerca al artista o al sujeto del cuadro”, confiesa Marfany. “Pero también me pasa con otras cosas, como cuando bebo una cerveza y pienso en el sabor de la levadura. Y al revés, cuando trabajo en el laboratorio con levaduras, me huelen a cerveza o a pan. ¡Es que te las comerías!”.

Historias Naturales en el Prado

Hasta finales de abril las obras de arte del Prado cuentan con compañía. La exposición temporal Historias Naturales recrea y da un nuevo matiz a algunas pinturas y esculturas al mostrar junto a ellas piezas reales de museos de ciencia.

Un esqueleto de delfín cuelga proyectando su sombra sobre la estatua de la diosa del delfín como si estuviera apunto de engullirla. La pezuña de un alce, una cobra, sapos, salamandras y otros ingredientes usados en brujería se exponen junto al cuadro El aquelarre de Goya. Al lado de El nacimiento de la Vía Láctea de Rubens se pueden observar varios meteoritos y el esqueleto de una serpiente acompaña el cuadro de Eva, de Durero.

Este proyecto, en colaboración con el Museo Nacional de Ciencias Naturales–CSIC evoca la función original para la que fue diseñado el edificio que hoy se conoce como Museo del Prado. Estaría destinado a albergar el Real Gabinete de Historia Natural, pero nunca llegó a cumplir esta función ya que una vez acabado se convirtió en el Real Museo de Pintura y Escultura.

Zona geográfica: España
Fuente: SINC

Julia García López

Comunicadora científica, biotecnóloga, viajera empedernida y colaboradora de Sinc.

Comentarios

  • Laura |23. febrero 2014 20:47:01

    Muy interesante siempre la mezcla de disciplinas, enriquece y proporciona otros puntos de vista. Sólo me gustaría indicar que ningún historiador del arte hoy en día sigue sosteniendo la posibilidad de que el Greco sufriera algún tipo de defecto visual. Esa tesis se formuló a mediados del siglo XX y fue rápidamente superada. El problema es que se ha mantenido en el imaginario popular y parece difícil que desaparezca, especialmente cuando nos la seguimos encontrando de vez en cuando. 2014 es el año Greco y se recuerda el cuarto centenario de su muerte. En esta coyuntura tendremos amplio acceso a las teorías actuales que interpretan la obra del Greco dentro del marco del pintor filósofo cuya creación está vinculada a un discurso estético muy articulado. Gracias por este interesante artículo.

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  • Francisco |24. febrero 2014 10:28:56

    Soy Francisco C. Ceballos, investigador del departamento de Genética de la Universidad de Santiago de Compostela. El artículo me ha parecido muy interesante; sin embargo me gustaría apuntar que los primeros que apuntaron que las enfermedades de Carlos II tuvieron que ver con su alta consanguinidad, basándose en análisis estadísticos y análisis de los pedigrís, fuimos nosotros. Hace ahora 5 años, en el 2009, publicamos en PLOS One un articulo denominado “The Role of Inbreeding in the Extinction of a European Royal Dinasty”. En este artículo demostramos que el coeficiente de consanguinidad de Carlos II es de 0.254 más alto que el de un enlace incestuoso. Teniendo en cuanta los conocimientos actuales de genética médica se ha sugerido que la compleja sintomatología de Carlos II podía explicarse por dos desordenes genéticos recesivos: la deficiencia combinada de hormonas pituitarias (CPHD OMIM 26260) y la acidosis tubular renal distal (dRTA OMIM602722).
    La verdad es que desconozco como no se han citado los artículos que hemos publicado con respecto a este tema desde el departamento de Genética de la Universidad de Santiago de Compostela. Si cualquiera de ustedes hacen una búsqueda básica de este tema encontrarán que se nos referencia en todas partes.

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  • Franco |25. febrero 2014 09:27:03

    tranquilo francisco

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  • Raquel |25. febrero 2014 13:20:35

    Francisco, probablemente si no han citado tus artículos no es por desconicimiento, sino porque no se cita ninguno en el texto. No se trata de hacer una revisión bibliográfica, sino de un texto divulgativo. Nadie se ha atribuido el mérito ni os gan plagiado. No entiendo la rabieta.

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  • veronica |25. febrero 2014 18:01:18

    Francisco tiene razon, no se cita un articulo solo cuando se lo nombra en el texto, también debemos citarlo si la idea/resultados que estamos exponiendo pertenecen a otra fuente que no nuestra propia investigación. No citarlo es minimamente falta de honestidad intelectual. Muy interesante el tema!

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  • Javier García de la Fuente |02. febrero 2015 17:25:41

    Siempre me pareció muy excitante la idea de pasearse por el mundo en continua observación e interrogación sobre las cosas que me iba encontrando. Como quien asomado a la ventana, relajadamente apoyado en el alfeizar, observa lo que acontece fuera. ¿Por qué, por qué y por qué? y otra vez ¿por qué? Tú artículo en el que, con la ayuda de los ojos de dos científicas que buscan lo que esconden lo lienzos en EL Prado más allá de lo estrictamente artístico, nos ofrece una visión nueva y espectacular para disfrutar de un simple paseo por el museo. Muchas gracias Julia. Excitante artículo.

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