Un mapa exhaustivo del retroceso de los glaciares revela que, aunque el 77 % de la costa antártica permanece estable, las zonas vulnerables pierden hielo a un ritmo alarmante debido a la intrusión de agua oceánica templada.
El estado de salud de la Antártida no es uniforme, pero en sus puntos más críticos las noticias no son alentadoras. Un nuevo estudio, liderado por glaciólogos de la Universidad de California en Irvine (UCI), muestra el primer mapa circumpolar de la migración de la línea de apoyo (o línea de conexión) del hielo antártico tras analizar tres décadas de datos satelitales. Los resultados muestran que los sectores más vulnerables del continente han perdido 12 820 kilómetros cuadrados de hielo firme desde 1996, una superficie superior a la de toda la provincia de Granada o la Región de Murcia.
La línea de apoyo es el punto crítico donde el hielo continental deja de reposar sobre el lecho rocoso y comienza a flotar en el océano. Según Eric Rignot, profesor distinguido de la UCI y autor principal del estudio, esta medición es el “estándar de oro” para documentar la estabilidad de las capas de hielo. “Lo hemos sabido durante 30 años, pero esta es la primera vez que lo cartografiamos de forma exhaustiva en toda la Antártida durante un periodo de tiempo tan largo”, explica el investigador.
La relevancia de este hallazgo va más allá de la simple pérdida de superficie. Francisco Navarro, catedrático de la Universidad Politécnica de Madrid, explica al Science Media Center (SMC) España que estas plataformas actúan como un freno: “Al estar unidas a los laterales de grandes bahías, tienden a retener el avance del hielo que viene del interior. Si la línea de anclaje retrocede, se acelera la velocidad con la que el manto de hielo expulsa su masa al mar en forma de icebergs”. Esto contribuye directamente al aumento del nivel del mar, que el IPCC estima entre 40 centímetros y un metro para finales de este siglo.
El estudio, publicado esta semana en la revista Proceedings of the National Academy of Sciences (PNAS), destaca que la pérdida de hielo se concentra en la Antártida Occidental y la Península Antártica. El ritmo medio de retroceso es de 442 kilómetros cuadrados al año. Los cambios más drásticos se han observado en los sectores del Mar de Amundsen y Getz, donde algunos glaciares han retrocedido entre 10 y 40 kilómetros.
Casos emblemáticos como el glaciar Smith han registrado un retroceso extraordinario de 42 kilómetros, mientras que el glaciar Thwaites —conocido como el “glaciar del juicio final”— ha retrocedido 26 kilómetros. Rignot aclara la causa principal: “Donde el agua oceánica templada es empujada por los vientos hacia los glaciares, es donde vemos las grandes heridas de la Antártida. Es como un globo que no está pinchado por todas partes, pero donde lo está, la punción es profunda”.

Donde el agua oceánica templada es empujada hacia los glaciares vemos las grandes heridas de la Antártida

A pesar de que la mayoría de los patrones de retroceso se explican por la intrusión de agua templada bajo las capas de hielo, los investigadores han hallado un fenómeno desconcertante en el noreste de la Península Antártica. En esta región se ha observado una migración sustancial de la línea de apoyo sin que existan pruebas de la presencia de agua cálida. “Algo más está actuando; todavía es un signo de interrogación”, admite Rignot.
Los expertos señalan una paradoja: aunque el 23 % de la costa pierde terreno, la Antártida en su conjunto ha ganado masa en los últimos tres años debido al aumento de las nevadas. “El calentamiento implica mayor evaporación en los océanos tropicales, lo que resulta en mayor precipitación en forma de nieve en las regiones polares”, puntualiza Navarro.
Para este hito científico se han combinado datos de múltiples misiones internacionales (ESA, NASA, agencias de Canadá, Japón, Italia, Alemania y Argentina) junto con datos de satélites comerciales de última generación. Según Bernd Scheuchl, coautor del estudio, esto marca una nueva era en el monitoreo polar, permitiendo observaciones diarias en áreas críticas.
Estos registros de 30 años servirán como base fundamental para los modelos de próxima generación que proyectan el aumento del nivel del mar. “Si un modelo no puede reproducir este registro histórico, el equipo de modelización tendrá que volver a la mesa de dibujo”, afirma Rignot.
Aunque el 77 % de la costa antártica se mantiene notablemente estable por ahora, el investigador lanza una advertencia: “Quizás deberíamos sentirnos afortunados de que no toda la Antártida esté reaccionando ahora mismo, porque estaríamos en problemas mucho mayores. Pero ese podría ser el siguiente paso”.
Referencia:
Rignot et al, “Thirty years of glacier grounding line retreat in Antarctica”, Proceedings of the National Academy of Sciences, 2025