Aunque la señal pueda degradarse por la distancia, los sonidos que emiten estos grandes simios, protagonistas del #Cienciaalobestia, se desplazan a través de los árboles y mantienen intacto el contenido. El estudio contradice así una antigua teoría sobre la evolución del habla humana y arroja nuevas pistas.
Los balbuceos no son exclusivos de la especie humana. Las crías de los murciélagos de sacos, Saccopteryx bilineata, emiten unos cantos muy parecidos, lo que demuestra su capacidad para imitar vocalmente a sus tutores.
Un equipo internacional de científicos desvela que el procesamiento auditivo y el del habla se producen en paralelo. Este hallazgo contradice una teoría sostenida hasta ahora, que defendía que el cerebro primero interpretaba la información acústica para después transformarla en lingüística.
El mayor muestreo realizado hasta la fecha de la población vasca muestra que la singularidad genética de la población vasca no es debida a su origen externo respecto a otras poblaciones ibéricas, sino a la disminución de contactos desde la Edad del Hierro. El análisis genómico apunta a la barrera del lenguaje como un posible baluarte que propició el aislamiento de la población.
La respuesta a esta pregunta ha intrigado a los paleoantropólogos desde hace décadas. Pero gracias a la reconstrucción de las capacidades auditivas de fósiles neandertales, los científicos tienen ahora la prueba de que los humanos modernos no hemos sido los únicos en poder hablar.
La facultad de comunicarnos mediante una lengua es única de los seres humanos, pero no solo de los Homo sapiens; seguramente también la tuvieron los neandertales. Desde hace medio siglo, la neurobiología trata de desentrañar cómo son las operaciones mentales que configuran el mosaico lingüístico.
Durante décadas la comunidad científica ha tratado de establecer si hubo alguna otra especie humana, diferente a la nuestra, que también dispusiera de lenguaje. Ahora un equipo de investigadores españoles ha reconstruido por primera vez la audición de los neandertales y ha encontrado la prueba de que hablaban.
La lucha constante entre los virus y nuestro sistema inmunitario guarda paralelismos con la forma en que interpretamos las palabras. Investigadores del MIT han aplicado herramientas de aprendizaje automático para identificar zonas proteicas que pueden ayudar al coronavirus y otros patógenos a escapar de los anticuerpos y de las vacunas.
Gripe, cólera, cáncer, dengue, malaria, tuberculosis, alzhéimer, párkinson, ébola, zika, chikungunya, sida... cada dolencia ha sido nombrada con criterios distintos en cada época y cultura. Con la infección por coronavirus, la Organización Mundial de la Salud quiere terminar con décadas de estigmatización y confusión.
Los monos verdes de África occidental responden al detectar lo que consideran una nueva amenaza: la presencia de un dron. Según las observaciones, aprenden de forma instantánea lo que representa el sonido. Esto ha permitido a los investigadores saber más sobre la evolución de los sistemas de comunicación animal.