En la decoración invernal y navideña nunca faltan las figuras de los cristales de nieve, verdaderas obras de arte de la naturaleza. Conocemos su imagen más típica, una estrella de seis puntas con ramificaciones intrincadas que son un auténtico encaje de hielo. Pero sus posibles formas son casi infinitas, fruto de un proceso físico complejo que los científicos están descifrando.
Realizando simulaciones en el supercomputador MareNostrum de Barcelona, investigadores del CSIC y la Universidad Complutense de Madrid han comprobado que la clave del peculiar crecimiento de los cristales de nieve está en la estructura de su superficie. Predecir la forma y velocidad a la que crecen estos cristales puede ayudar a entender algunos efectos del cambio climático.
Investigadores del Instituto de Ciencia de Materiales de Barcelona han desarrollado la primera técnica que permite dotar de color estructural, no por pigmentos, a un derivado de la celulosa. El método se basa en la nanoestructuración del material y se podría aplicar desde el embalaje de productos hasta detectores, sensores o etiquetas biodegradables para la industria alimentaria.
Cuando hay mucha humedad, los cristales que forman un copo de nieve adoptan formas fascinantes. En atmósferas secas, su apariencia es más sencilla, con prismas hexagonales. Lo que intriga a los científicos es por qué estos prismas se transforman en columnas o en cuerpos chatos cuando bajan los grados. Un equipo de investigadores de la Universidad Complutense de Madrid ha dado un paso más para descifrar el enigma.
Un equipo internacional, en el que han participado investigadores del CSIC, ha conseguido que un cristal bidimensional modifique su estructura de forma controlada con la aplicación de un campo eléctrico. Los cristales convencionales solo recristalizan bajo cambios de presión o temperatura.
Imágenes de la cueva de los cristales gigantes de Naica. /Javier Trueba & Madrid Scientific Films
Al haber ampliado la teoría para explicar cómo se forman estas diminutas estructuras, los científicos deberían ser capaces ahora de desarrollar nuevos métodos para producir objetos de tamaño nanométrico.