Así lo confirma un equipo internacional de científicos en el artículo que publican esta semana en Science. Los investigadores se centraron en tres tipos de reptiles depredadores que vivieron hace entre 251 y 65 millones de años. Los resultados del análisis indican que, contrariamente a los reptiles modernos que tienen sangre fría, algunos reptiles prehistóricos eran homeotérmicos, es decir que variaban su temperatura para “conquistar” nuevas áreas del mar.
La cría en cautividad de reptiles tiene como principal objetivo la obtención de piel, pero algunos restaurantes y grupos de población también demandan su carne. Un estudio indica que su consumo puede tener efectos secundarios que harán cuestionarse las virtudes de esta ‘delicatessen’.
En la imagen, un plato de iguanas.
Un científico de la Universidad de Salamanca y otro de la Universidad de Yale (EEUU) han demostrado que la presencia de depredadores afecta a la conducta de Acanthodactylus beershebensis, una especie de lagartija del desierto de Negev, en Oriente Próximo. Según el estudio, estos reptiles se mueven menos y capturan presas más móviles y diferentes ante la presión de sus predadores.
El accidente de la mina de Aznalcóllar que hace más de 11 años contaminó parte del Parque Nacional de Doñana minó también el hábitat de los reptiles. Ahora un equipo de investigadores españoles, que ha analizado la comunidad de reptiles desde el año 2000, ha demostrado con la instalación de refugios artificiales que la desaparición de los refugios naturales redujo gravemente la población de lagartos y serpientes.
Lagarto ocelado (Timon lepidus) en el Corredor de Doñana.
Salamanquesa común (Tarentola mauritanica).
Salamanquesa común.
Iguana marina, una de las especies más afectadas por la evolución del mosquito.
La tortuga gigante es una de las especies más amenazadas por la evolución del mosquito.