El terremoto ocurrido la madrugada del 23 de agosto en la región de Rieti, en Italia central, vuelve a impactarnos porque pone de manifiesto el tremendo poder destructor de los sismos de magnitud mayor de 5 y poco profundos en el ámbito Mediterráneo, con poblaciones rurales con construcciones altamente vulnerables. Un evento como este puede repetirse en Italia o incluso en España, puesto que allí donde hay fallas activas de gran longitud, ha habido y habrá terremotos.
Un equipo internacional de investigación ha registrado por primera vez tanto las ondas P –que solo detectan los animales– como las S –más lentas y detectables por las personas durante un seísmo– producidas por un microsismo. Al rastrear el camino de estas ondas, los científicos han podido además encontrar la fuente originaria: una ciclogénesis explosiva generada en el norte del océano Atlántico. El estudio ha sido portada esta semana en la revista Science.
El terremoto de magnitud 6,2 registrado esta madrugada entre las localidades de Amatrice y Accumoli, en el centro de Italia, ha liberado una energía similar a la explosión de 1.270 toneladas de TNT, según informa el Ilustre Colegio Oficial de Geólogos. El seísmo se ha producido en una de las regiones europeas con mayor riesgo sísmico.
Infografía de los terremotos superiores a 8 grados en Sudamérica desde el año 1900. / Efe
Aunque aún no se puede predecir la ocurrencia de un terremoto en un margen corto de tiempo, sí se pueden reducir las pérdidas humanas y materiales originadas por el sismo. Pero para planificar el riesgo es importante conocer la peligrosidad sísmica mediante mapas. Investigadores de la Universidad Politécnica de Madrid y del Instituto Geográfico Nacional han llevado a cabo la actualización de estos mapas de peligrosidad sísmica en España, que servirán de base para la revisión y renovación del código sísmico español.
Localización del epicentro del terremoto./ Efe
Si hubiera un terremoto al sur de la península ibérica, un sistema de alerta sísmica temprana podría detectarlo y avisar de su magnitud unos segundos después de su inicio, dando margen a las autoridades para alertar a la población cuanto antes y mitigar los daños. Investigadores de la Universidad Complutense de Madrid y de otras instituciones han demostrado la viabilidad de este sistema, cuya eficacia se ha demostrado en países como Japón.