Suscríbete al boletín semanal

Recibe cada semana los contenidos más relevantes de la actualidad científica.

Si estás registrado

No podrás conectarte si excedes diez intentos fallidos.

Si todavía no estás registrado

La Agencia SINC ofrece servicios diferentes dependiendo de tu perfil.

Selecciona el tuyo:

Periodistas Instituciones
Si estás registrado

No podrás conectarte si excedes diez intentos fallidos.

Si todavía no estás registrado

La Agencia SINC ofrece servicios diferentes dependiendo de tu perfil.

Selecciona el tuyo:

Periodistas Instituciones
La revista 'Science' destaca esta semana el trabajo

Algunas aves se desplazan con los barcos para alimentarse de sus descartes de pesca

Un trabajo dirigido por investigadores del Instituto Mediterráneo de Estudios Avanzados (CSIC-UIB) y publicado el año pasado en la revista Current Biology, muestra que las pardelas del mar Balear adaptan sus desplazamientos a la actividad pesquera durante la semana y salen a cazar los fines de semana. Los descartes son fáciles de obtener para los animales más jóvenes, inexpertos o con alguna tara, que de otro modo morirían por el efecto de la competencia por los recursos.

Un ejemplar de pardela. Foto: José Maria Arco, SEO/Birdlife.

Alimentarse entre semana de comida rápida y dedicar el fin de semana más tiempo y dedicación a lo que se ingiere parece que no es una costumbre sólo de los seres humanos. Un trabajo dirigido por investigadores del Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC) revela que dos especies de aves marinas, la pardela balear (Puffinus mauretanicus) y la pardela cenicienta (Calonectris diomedea), adaptan sus desplazamientos a los de los barcos pesqueros para beneficiarse de los descartes de la pesca y hacer más eficiente su búsqueda de alimento.

De este modo, de lunes a viernes (los días que los barcos salen a faenar) las aves se concentran en las zonas pesqueras donde el alimento es predecible y se puede conseguir con celeridad. Frente a lo que podríamos llamar la comida rápida de los días laborales, los fines de semana las pardelas siguen su estrategia natural y pueden llegar a viajar hasta centenares de kilómetros para buscar algunas de sus presas naturales, como las sardinas y los calamares.

El estudio, que acaba de publicar la revista Current Biology y que Science destaca esta semana, está liderado por Frederic Bartumeus, del Centro de Estudios Avanzados de Blanes del CSIC, en Girona, y se inició en 1999 en el Instituto Mediterráneo de Estudios Avanzados (IMEDEA), centro mixto del CSIC y la Universidad de Islas Baleares, gracias al grupo liderado por el investigador Daniel Oro.

Este equipo analizó los desplazamientos de las dos especies de pardelas entre 1999 y 2005, durante los periodos de incubación y reproducción. La pardela balear constituye una especie en peligro de extinción y la cenicienta se encuentra en situación vulnerable. Las trayectorias de las aves marinas se han obtenido mediante transmisores vía satélite incorporados a un total de 28 ejemplares.

Para Bartumeus, “los resultados obtenidos sugieren una conexión elemental entre la explotación local pesquera y los patrones regionales del movimiento de estas aves marinas”. Cuando los barcos arrastreros faenan, las aves, que aprenden la localización de sus caladeros, permanecen cerca de sus colonias donde las barcas les proporcionan ese alimento fácil, lo que propicia que puedan ir y volver más a menudo de las zonas de pesca a los nidos. “Sin embargo, este beneficio natural de la pesca de arrastre queda neutralizado por su gran impacto sobre los fondos marinos, que afecta al equilibrio del ecosistema”, señala Bartumeus.

“Aunque estas aves no dependen de los descartes para sobrevivir, hay que tener en cuenta que los organismos buscan disminuir la incertidumbre que los rodea con el fin de aumentar su supervivencia. Esto es lo que hacen las pardelas comiendo peces sin valor comercial que los pescadores echan por la borda”, subraya Oro. Y añade: “Es además un recurso fácil para los animales más jóvenes, inexpertos o con alguna tara, que de otro modo morirían por el efecto de la competencia por los recursos”.

De acuerdo con los investigadores, entender el comportamiento de forrajeo de las pardelas es fundamental para intentar frenar el declive que sufren sus poblaciones. En el caso de la pardela balear, endémica de las islas Baleares, es tan acusado que se encuentra en peligro crítico de extinción.

Biomarcadores de contaminantes

El consumo de descartes de la pesca de arrastre supone, por otra parte, que las aves ingieren organismos que acumulan grandes cantidades de contaminantes, como metales pesados, que las aves almacenan a su vez. Conocer los patrones de movimiento de las pardelas y los lugares donde obtienen su alimento permite que estas aves puedan servir como biomarcadores para determinar dónde y cuándo los niveles de contaminantes en el mar son mayores.

La dieta natural de estas aves, las sardinas y los calamares, contiene mucha menor concentración de contaminantes porque son peces pelágicos, es decir que viven en la columna de agua y no en el fondo junto al sedimento. “La dieta ‘extra’ de los barcos es realmente ‘fast food’, comida rápida y de baja calidad. Aún así, y no obstante, contribuye al éxito reproductor de las dos especies”, concluye Bartomeus.

---------------------

Referencia bibliográfica:

Bartumeus et al., Fishery Discards Impact on Seabird Movement Patterns at Regional Scales, Current Biology (2010), doi:10.1016/j.cub.2009.11.073.

Fuente: CSIC
Derechos: Creative Commons

Solo para medios:

Si eres periodista y quieres el contacto con los investigadores, regístrate en SINC como periodista.

Artículos relacionados
La tranquila vida del elefante enano de Sicilia, secreto de su longevidad

Un estudio con participación española ha concluido que este animal prehistórico, al vivir en un ecosistema insular, poseía unas características muy distintas a las de sus parientes continentales: crecía a un ritmo muy lento, alcanzaba la madurez sexual alrededor de los 15 años y tenía una esperanza de vida larga, de al menos 68 años.

Un misterioso homínido bípedo dejó sus huellas hace más de 3 millones de años en Tanzania

Estas pisadas fosilizadas halladas en el yacimiento a de Laetoli en Tanzania en la década de 1970 no son de osos, sino de humanos primitivos. Así lo confirma un nuevo estudio que presenta pruebas concluyentes de que múltiples especies de homínidos coexistieron en esa región y que el desconocido dueño de las huellas caminaba erguido.