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Buen año para observar las perseidas en la Tierra y en la Luna

Las condiciones de 2015 serán especialmente favorables para disfrutar de la lluvia de estrellas de las perseidas, uno de los espectáculos astronómicos de las noches de verano del hemisferio norte. En esta ocasión el Instituto de Astrofísica de Andalucía y la Universidad de Huelva también analizarán las partículas del cometa Swift-Tuttle que origina el fenómeno, así como sus impactos en la Luna.

Imagen de las perseidas tomada en 2007 durante una noche de verano. / Fred Bruenjes

Todos los años, entre finales de julio y finales de agosto, la Tierra cruza los restos del cometa Swift-Tuttle, lo que provoca que multitud de partículas, denominadas meteoroides, choquen contra la atmósfera. Conforme nuestro planeta se va adentrando en esta nube de meteoroides la actividad de las perseidas –denominadas así porque parece irradiar de la constelación de Perseo– aumenta.

Esta lluvia de 'estrellas fugaces' suele aparecer en torno a la festividad de San Lorenzo (10 de agosto), por lo que también se las denomina ‘lágrimas de San Lorenzo’. En 2015 su actividad alcanzará un máximo durante la noche del 12 al 13 de este mes, y el fenómeno podrá observarse en condiciones especialmente favorables. Este año la Luna no interferirá en su observación, ya que aparecerá en el cielo poco antes del amanecer y, además, se encontrará en una fase muy menguada.

Para disfrutar de las perseidas no es necesario utilizar telescopios ni ningún otro tipo de instrumento óptico. Solo es necesario observar el cielo desde algún lugar lo más oscuro posible y lejos de la contaminación lumínica de las ciudades.

Las partículas del tamaño de un guisante o mayores desprendidas del cometa Swift-Tuttle pueden producir bólidos, unas ‘estrellas fugaces’ muy brillantes

"El cometa Swift-Tuttle completa una órbita alrededor del Sol cada ciento treinta y tres años aproximadamente, y cada vez que se aproxima a nuestra estrella el Swift-Tuttle se calienta y emite chorros de gas y pequeñas partículas sólidas que forman la cola del cometa", explica José Luis Ortiz, investigador del Instituto de Astrofísica de Andalucía (IAA-CSIC) que estudiará el fenómeno este año.

La mayoría de los meteoroides desprendidos del Swift-Tuttle son tan pequeños como un grano de arena, o incluso más, y cuando se cruzan con nuestro planeta impactan contra la atmósfera a una velocidad de más de 210.000 kilómetros por hora, equivalente a recorrer nuestro país de norte a sur en menos de veinte segundos.

El choque produce un aumento de temperatura de estos fragmentos de hasta cinco mil grados en una fracción de segundo, que se desintegran emitiendo un destello de luz que recibe el nombre de meteoro o estrella fugaz.

Esta desintegración ocurre a gran altura, normalmente entre los cien y los ochenta kilómetros sobre el nivel del suelo. Las partículas más grandes (del tamaño de un guisante o mayores) pueden producir estrellas fugaces mucho más brillantes que reciben el nombre de bólidos.

Aprovechando las buenas condiciones de visibilidad de las perseidas de este año, el Instituto de Astrofísica de Andalucía y la Universidad de Huelva analizarán la composición de las partículas desprendidas por el cometa Swift-Tuttle mediante un nuevo espectrógrafo de alta resolución instalado en el Observatorio de La Sagra (Granada), donde también se ha organizado una observación pública de las perseidas.

"Estas estrellas fugaces podrán aparecer en cualquier lugar del cielo. Al prolongar su trayectoria hacia atrás parecerán proceder de un punto situado en la constelación de Perseo, y de ahí proviene el nombre de la lluvia de perseidas", señala Nicolás Morales, investigador del IAA que estudiará las perseidas desde el observatorio de La Sagra. Dado que la constelación de Perseo aparece sobre el horizonte unas cuantas horas después de anochecer, la probabilidad de ver perseidas aumenta conforme avanza la noche y tiene su máximo cerca del amanecer.

Perseidas en la Luna

"Las perseidas también impactan contra la Luna", afirma José María Madiedo, investigador de la Universidad de Huelva. A diferencia de la Tierra, la Luna carece de una atmósfera que la proteja, por lo que los meteoroides colisionan directamente contra el suelo lunar a muy alta velocidad y se destruyen de forma brusca. En esa colisión se forma un nuevo cráter y se desprende un breve destello de luz que el ojo humano no puede percibir directamente, pero que sí puede ser detectado desde la Tierra con la ayuda de telescopios.

El estudio de estos destellos permite a los científicos obtener datos muy relevantes sobre las colisiones que se producen contra la Luna y contra la Tierra. De hecho, recientemente se ha publicado el primer estudio sistemático de destellos de impactos de perseidas en nuestro satélite.

"Por este motivo, durante las noches de mayor actividad de las perseidas nuestros telescopios apuntarán también a la Luna para poder registrar cómo las partículas desprendidas del cometa Swift-Tuttle se desintegran contra el suelo lunar", concluye Madiedo.

Fuente: Instituto de Astrofísica de Andalucía (IAA-CSIC)
Derechos: Creative Commons
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