El ADN íbero del noreste apenas cambió en seis siglos

Un estudio liderado por un equipo de Antropología Biológica de la Universidad Autónoma de Barcelona ha analizado el genoma de 54 bebés para trazar la historia genética de esta cultura desde sus inicios y a lo largo de la Edad del Hierro hasta la romanización, hace entre 2 700 y 2 100 años.

Restos de uno de los bebés de Els Vilars
Restos de uno de los bebés de Els Vilars (Arbeca, Lleida), analizados en el estudio. / ARQHISTEC-GIP, UdL.

A pesar de tener contactos con otras culturas mediterráneas, los pueblos íberos que vivieron en el noreste de la península ibérica durante la Edad del Hierro mantuvieron su identidad genética sin apenas cambios a lo largo de seis siglos.

Surgidos de las poblaciones locales de la Edad del Bronce, evolucionaron gradualmente sin ningún gran movimiento migratorio que aportara un cambio sustancial a su ADN. No fue hasta la llegada de los romanos que integraron nuevas influencias genéticas que conformaron una población más diversa, en paralelo a las transformaciones políticas y sociales que se dieron.

Así lo concluye un estudio liderado por investigadores de la Universidad Autónoma de Barcelona (UAB) y publicado en la revisa iScience, que ha obtenido la imagen más completa y precisa hasta ahora de la historia y evolución genética de los pueblos íberos que habitaron el noreste de la península ibérica desde los inicios de la Edad del Hierro hasta la conquista romana, hace entre 2 700 y 2 100 años.

Surgidos de las poblaciones locales de la Edad del Bronce, evolucionaron gradualmente sin ningún gran movimiento migratorio que aportara un cambio sustancial a su ADN

En la investigación han participado también investigadores de las universidades de Granada, de Lleida, de Coímbra (Portugal) y de Copenhague (Dinamarca) y de la Universidad Brown (EE UU), así como del Museo de Arqueología de Cataluña y del yacimiento, del Museo El Camp de Les Lloses y del Centro de AND Antiguo de la Universidad de Adelaide (Australia).

El trabajo da una visión global de los ancestros genéticos, mezclas y dinámicas demográficas de la región a partir del análisis del genoma de 54 bebés enterrados en las casas y zonas productivas de tres yacimientos: Els Vilars (Arbeca, Lleida), del pueblo ilergete, que ha permitido ver la transición de la Edad del Bronce a la Edad del Hierro; Sant Miquel d’Olèrdola (Olèrdola, Penedès) perteneciente al pueblo cosetano, para analizar la consolidación de la Edad del Hierro, y El Camp de les Lloses (Tona, Barcelona), del grupo de los ausetanos, para la etapa final e inicio de la época romana.

Vemos que hay una gran continuidad genética, que la población cambia mucho menos de lo que habíamos imaginado a partir de las evidencias arqueológicas de culturas mediterráneas 

Cristina Santos, UAB

Los investigadores esperaban encontrar más influencia genética externa, pero los resultados les han sorprendido: "Vemos que hay una gran continuidad genética, que la población cambia mucho menos de lo que habíamos imaginado a partir de las evidencias arqueológicas de culturas mediterráneas que encontramos en estos pueblos, como las de los fenicios, griegos y cartagineses. Estas influencias se produjeron, pero muy gradualmente", explica Cristina Santos, investigadora del Grupo de Investigación en Antropología Biológica (GREAB) de la UAB que ha liderado el estudio.

No hubo migración masiva 

Los resultados descartan que la cultura íbera surgiera a partir de una migración masiva y confirman los indicios que apuntaban estudios previos: los grupos íberos emergieron de la población local preexistente.

Todos los individuos estudiados tenían el perfil genético establecido por los prehistóricos de la península ibérica del Neolítico y la Edad del Bronce: el ancestro de los cazadores-recolectores occidentales (WGH, por su nombre en inglés western hunter-gatherer), el anatolio del Neolítico y el estepario o yamnaya de la Edad del Bronce.

Nuestro estudio apunta que este cambio no habría estado asociado a un gran cambio genético

Assumpció Malgosa, directora del GREAB

Esto corroboraría la teoría de que el cambio de organización social hacia otra más jerarquizada, característica de la cultura íbera, no habría sido fruto de una gran migración. "Arqueológicamente está claro que tiene que haber un cambio cultural muy importante, pero nosotros vemos que el sustrato genético se mantiene. Nuestro estudio apunta que este cambio no habría estado asociado a un gran cambio genético", señala Assumpció Malgosa, directora del GREAB y coautora del estudio.

La huella de otras culturas

El estudio detecta contactos puntuales con otras culturas mediterráneas, con individuos de Els Vilars y de Olèrdola que pueden tener ancestros del este del Mediterráneo y o del norte de África. Estos contactos a escala genómica son visibles también en el material recuperado en las excavaciones arqueológicas de estos yacimientos, que han sacado a la luz ánforas y otros objetos característicos de las culturas fenicia, griega, púnica e itálica.

Ya durante la Edad del Hierro los íberos podrían haber incorporado una proporción mayor del ancestro yamna que las poblaciones de la Edad del Bronce, además de las influencias de otras fuentes mediterráneas.

Este aparente incremento estepario puede ser consecuencia del todavía reducido número de muestras de la Edad del Bronce disponibles, sobre todo del noreste peninsular

Cristina Santos

"Este aparente incremento estepario puede ser consecuencia del todavía reducido número de muestras de la Edad del Bronce disponibles, sobre todo del noreste peninsular, pero también podría estar vinculado con migraciones desde el este de Europa. Ahora trabajamos con más muestras de la Edad del Bronce y también de este periodo para precisarlo", aclara Santos.

Con la época romana, visible en las construcciones y materiales recuperados en El Camp de Les Lloses, se produjo una transformación gradual cultural y genética. Esta influencia romana contribuyó a que se introdujeran más ancestros mediterráneos y norteafricanos.

Estos últimos también habrían podido provenir de la cultura púnica, en el sur de la península ibérica, o de las Baleares. En cualquier caso, todas estas influencias conformaron una población iberoromana más diversa, aunque continuó reteniendo una fuerte firma genética de los íberos locales previos.

Una red de contactos activa 

El análisis de ADN mitocondrial, heredado por vía materna, reafirma los resultados de un estudio previo del mismo grupo de investigación con muestras de los yacimientos de este estudio y de otros asentamientos íberos.

"A pesar de no detectar diferencias significativas entre los diferentes grupos íberos, sí que identificamos diferencias sutiles en los linajes, algunos de los cuales son más frecuentes en algunos grupos determinados", señala Daniel Ruiz de la Cuesta Aguirre, primer autor en este estudio y en el anterior.

A pesar de no detectar diferencias significativas entre los diferentes grupos íberos, sí que identificamos diferencias sutiles en los linajes

Daniel Ruiz de la Cuesta Aguirre

"Esto nos hace pensar que, a pesar de que los grupos mantenían contactos entre ellos, tenían un cierto nivel de autonomía. Y también corroboramos que la mayoría de estos linajes ya estaban en la península ibérica antes de la Edad del Bronce. Esto nos lleva a considerar que quizás las mujeres eran locales, pero hay algunos linajes que nunca se habían detectado en la Península, lo que implicaría cierta movilidad femenina", añade.

La investigación no ha revelado ningún grado de parentesco entre los individuos estudiados de Els Vilars. En Olèrdola se descarta que dos bebés que fueron enterrados en la misma fosa fueran gemelos o que estuvieran emparentados, mientras que en Les Lloses sí que se han identificado un par de hermanas y dos relaciones de segundo grado.

Y en cuanto al cromosoma Y, vinculado al sexo masculino, detecta la llegada del componente estepario que reemplazó en un alto grado los linajes paternos previos en la península ibérica en la Edad del Bronce, pero persiste algún linaje neolítico, que demuestra la continuidad con las poblaciones previas.

"Nuestro estudio revela el legado genético complejo y duradero de las comunidades íberas, una de las civilizaciones prerromanas principales de la península ibérica", destaca Santos. "Conecta genética y arqueología: demuestra que los intercambios culturales también dejan huella biológica y, al mismo tiempo, que la historia muchas veces no está hecha de cambios repentinos, sino de procesos graduales, con contactos humanos y culturales", concluye la investigadora de la UAB.

Los bebés íberos

Los bebés íberos son un material muy valioso para estudiar la cultura íbera, dada la escasez de restos de individuos de esta cultura, que practicaba la cremación de los difuntos. Para 22 de los 54 bebés estudiados, el equipo de investigación ha podido recuperar más de 20 000 variantes genéticas (SNP, polimorfismo de un solo nucleótido, por su forma en inglés single nucleotide polymorphism) de todo el genoma (del panel de variantes que se usa en estudios de ADN antiguo), además del genoma mitocondrial casi completo, y de 9 más se ha recuperado el genoma mitocondrial.

Los análisis genéticos de los 54 bebés se han llevado a cabo en el Laboratorio de ADN Antiguo de la Facultad de Biociencias de la UAB.

Referencia:

Artículo de referencia: Daniel R. Cuesta-Aguirre et al. The genetic landscape of northeastern Iberian communities from the early to late Iron Age. iScience Volume 29, Issue 6116186 June 19, 2026. DOI: 10.1016/j.isci.2026.116186

Fuente:
UAB
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