El mercurio que emitimos se acumula durante siglos en el planeta. Dos investigadores del CSIC advierten en Science de que el cambio climático podría liberar este metal y favorecer su forma más tóxica, el metilmercurio, que se acumula en el pescado.
Desde hace más de dos siglos sabemos que el mercurio, como elemento químico, no se destruye. Pero solo en las últimas décadas los científicos han comprobado que el emitido en el pasado sigue reciclándose entre el aire, los suelos y los océanos. En el agua, algunos microbios lo transforman en metilmercurio, un compuesto muy tóxico que llega a nuestro plato a través de la cadena alimentaria.
En 1956 se identificó en Minamata (Japón) una grave enfermedad entre las poblaciones pesqueras locales, expuestas al metilmercurio que una planta química vertía a la bahía. El metilmercurio daña el cerebro y el sistema nervioso, y provoca problemas motores y del habla, pérdida de visión, coma e incluso la muerte.
Aquel caso alertó al mundo sobre la bioacumulación del metal, especialmente en grandes peces como los atunes. Las políticas contra el mercurio, reforzadas desde 2013 por el Convenio de Minamata de la ONU, han dado resultado: el mercurio en el aire baja en Europa y Norteamérica desde los años noventa.
Pero un artículo de perspectiva publicado en Science por Aryeh Feinberg y Alfonso Saiz-López, del Instituto de Química Física Blas Cabrera (IQF-CSIC), advierte de que el cambio climático puede reactivar el mercurio acumulado, el que ya se emitió en el pasado, lo que haría que los recortes previstos no sean suficientes. “Si el cambio climático resultase en una mayor liberación de mercurio desde los sistemas terrestres hacia el océano, supondría un mayor riesgo de acumulación de mercurio en los peces”, explica Aryeh Feinberg a SINC.
¿De dónde sale el mercurio que llega hoy a la atmósfera? / Alejandro Muñoz, con datos de Feinberg y Saiz-López, Science (2026)
Solo el 30 % del mercurio que llega hoy a la atmósfera procede de emisiones humanas actuales. Un 10 % proviene de fuentes naturales, como los volcanes, y el 60 % restante es mercurio heredado: el que procede de actividades humanas del pasado y sigue circulando por el medioambiente, según los autores.
En esa herencia España tuvo un papel destacado desde hace más de 2000 años, cuando Roma extraía cinabrio en Almadén (Ciudad Real), la mina que produjo un tercio del mercurio mundial hasta su cierre en 2002.
Más tarde, entre los siglos XVI y XIX, su mercurio cruzó el Atlántico para utilizarlo en la extracción de plata de América. Y el mercurio también fue el protagonista de la fiebre del oro de California, que se abasteció de la mina New Almaden. Con la Revolución Industrial, el carbón y la industria dispararon las emisiones.
Hoy, la principal causa de contaminación por mercurio es la minería de oro artesanal, que supone en torno al 40 % de las emisiones humanas, según la ONU. Estos mineros usan mercurio para atrapar el oro y luego queman la amalgama, que lo libera al aire y a los ríos. Y librarse de él es lento: “El proceso de eliminar permanentemente el mercurio del medioambiente es su enterramiento en las profundidades del mar, un proceso que tarda alrededor de mil años”, añade Aryeh Feinberg, primer autor del artículo.
Si las emisiones humanas siguen bajando, el peso del mercurio heredado crecerá. Pero cómo le afecta el cambio climático está todavía en gran parte sin explorar.

El proceso de eliminar permanentemente el mercurio del medioambiente es su enterramiento en las profundidades del mar, un proceso que tarda alrededor de mil años.

Los incendios y el calor de los océanos pueden liberar el mercurio heredado, pero a Feinberg le preocupa sobre todo el Ártico, donde los suelos helados “contienen muchas veces más mercurio que todo el océano”. “Uno de los mayores riesgos del cambio climático es el deshielo de estos suelos y la potencial liberación de mercurio de estas zonas”, reconoce el experto.
El riesgo llega a nuestra mesa por bioacumulación: el plancton absorbe el metilmercurio, que pasa a los peces pequeños y de ahí a depredadores como el atún o el pez espada, multiplicando su concentración en cada eslabón.

Uno de los mayores riesgos del cambio climático es el deshielo de estos suelos y la potencial liberación de mercurio de estas zonas.

España es de los países europeos con más exposición al mercurio y esto está relacionado con que es una gran consumidora de marisco. “Nuestra dieta resulta particularmente vulnerable a un aumento de los niveles de mercurio en los peces”, advierte el prime autor.
En la Amazonía, las muestras humanas de varias comunidades indígenas ya superan los límites de seguridad internacionales porque la minería de oro artesanal contamina los ríos de los que se alimentan. “El cambio climático podría agravar estos riesgos debido a los incendios más frecuentes y a la sequía, lo cual puede liberar más mercurio de la vegetación a los ríos”, señala el investigador del IQF-CSIC.
La investigación y las políticas se han centrado en recortar las emisiones humanas. Pero el movimiento del mercurio depende de intercambios entre aire, tierra y mar que son sensibles al clima. Los riesgos podrían crecer aunque bajen las emisiones.
Los autores piden redes globales que midan el mercurio durante décadas, sobre todo en el Ártico y los trópicos, y modelos del ciclo completo del metal. “Estos datos son imprescindibles para predecir cómo influirá el cambio climático en la contaminación por mercurio en el futuro”, subraya Feinberg.
La OMS sitúa el mercurio entre las diez sustancias químicas más preocupantes: daña los sistemas nervioso, digestivo e inmunitario, los pulmones y los riñones, y el metilmercurio es especialmente peligroso para el feto y en la primera infancia.
Referencia:
Feinberg, A. y Saiz-López, A. 'Climate change reshapes the global mercury cycle'. Science (2026). DOI: 10.1126/science.aeh7034