Antes se pensaba que las personas que tenían algún trastorno obsesivo–compulsivo tenían el mismo riesgo de suicidio que la población general. Un nuevo trabajo revela que esto no es así y que existen datos clínicos recogidos de forma habitual que podrían ayudar a predecir este tipo de conductas.
Investigadores de la Unidad de TOC del Hospital Universitario de Bellvitge-IDIBELL y de la Universidad de Santiago de Compostela identifican tres factores clínicos que podrían ayudar a detectar el riesgo de conductas suicidas en personas con trastorno obsesivo–compulsivo (TOC).
Entre ellos se encuentran los antecedentes familiares de suicidio, los trastornos del estado de ánimo y antecedentes de consumo de sustancias. Los resultados de trabajo se han publicado en Psychiatry Research.
Según explica a SINC el colíder del trabajo y especialista en la institución barcelonesa, Cinto Segalás, pese a que la conducta e ideación suicida es un fenómeno muy complejo y multifactorial, padecer un trastorno mental constituye un factor de riesgo claro para su aparición.
“Antes, se pensaba que el riesgo de suicidio en personas con TOC era comparable al de la población general”, apunta el experto. “Sin embargo, estudios recientes demuestran que los pacientes presentan una prevalencia mucho mayor en este tipo de condición mental”, informa.
Segalás advierte que no se conoce con certeza el motivo exacto de esta asociación, pero que cabe resaltar la relevancia de que este tipo de trastornos pueden ser muy graves e incapacitantes.
“Suele iniciarse a edades tempranas y se asocia a otros trastornos como la depresión. Además, su sintomatología puede interferir en aspectos fundamentales de la vida, como establecer relaciones sociales, realizar una formación académica o alcanzar un desarrollo profesional óptimo. Estas circunstancias podrían favorecer la aparición de ideación suicida en algunas personas con TOC”, apunta.
El equipo investigador analizó diferentes combinaciones de variables clínicas y sociodemográficas para determinar cuáles aportaban más información sobre el riesgo. Las tres que, combinadas, ofrecieron los mejores resultados fueron los antecedentes familiares de suicidio, la presencia de un trastorno afectivo y los antecedentes de consumo problemático de sustancias.
Para saberlo, analizaron múltiples combinaciones de variables mediante técnicas de inteligencia artificial y machine learning; y comprobaron que el modelo con mejor capacidad predictiva se basaba únicamente en estos tres factores.
“No los seleccionamos de forma previa”, dice Segalás. “Entrenamos diversos algoritmos utilizando múltiples variables clínicas con el propósito de identificar cuáles de ellas permitían predecir el riesgo suicida”, señala.
A partir de estas variables, su modelo les permitió identificar qué personas presentaban un mayor riesgo de conducta suicida, aunque no determinaron con certeza si pueden ocurrir en una persona concreta.
El trabajo se basó en una cohorte de 199 personas con TOC atendidas en el hospital catalán, seguidas durante más de 17 años. Como la capacidad predictiva resultó modesta, los autores plantean que es necesario validarlos en muestras más grandes y diversas.
Por otro lado, los investigadores también estudiaron el posible papel de las experiencias traumáticas durante la infancia. “Hay muchos estudios que relacionan estas situaciones con una mayor probabilidad de sufrir trastornos mentales en la edad adulta”, cuenta el investigador.
Una de las hipótesis principales era que haber sufrido experiencias traumáticas de pequeños constituiría un predictor relevante del riesgo suicida en este tipo de pacientes, pero los datos no respaldaron esa conclusión.
“Es importante señalar que las técnicas de aprendizaje automático o machine learning proporcionan resultados diferentes a los obtenidos mediante la estadística descriptiva tradicional”, explica el investigador. Mientras que esta última permite identificar asociaciones entre variables, estos algoritmos seleccionan aquellas que mejor contribuyen a la capacidad predictiva del modelo.
“En nuestro estudio, el sistema con mejor rendimiento no incluyó las experiencias traumáticas infantiles entre sus variables predictoras, pero consideramos que estas experiencias podrían desempeñar un papel relevante de forma indirecta", dice el investigador.
Por ejemplo, podrían aumentar la vulnerabilidad a desarrollar depresión u otros trastornos afectivos en la edad adulta, lo que a su vez podría incrementar el riesgo suicida. Esta es una hipótesis que esperan explorar en futuras investigaciones con muestras más amplias.
El equipo investigador insiste en que los resultados no deben interpretarse como una fórmula capaz de anticipar una conducta individual.
Este modelo presenta una capacidad predictiva moderada y, por ello, los resultados deben entenderse como una primera herramienta de orientación que necesita validación en cohortes más grandes y diversas.
“En psiquiatría, buena parte de la valoración clínica se basa en la entrevista, la historia clínica y la evolución de la persona. Por eso, resulta interesante que tres variables sencillas que ya recogemos de forma habitual puedan ayudarnos a orientar mejor el riesgo y decidir quién necesita un seguimiento más estrecho”, destaca Segalàs.
De cara al futuro, el equipo quiere profundizar en la relación entre el trauma infantil y otros factores de riesgo, además de ampliar la muestra en colaboración con otras unidades de TOC.
“Nos interesa comprobar si el trauma infantil, aunque no mejore directamente la predicción del riesgo de suicidio, puede estar relacionado con el desarrollo de un trastorno afectivo, que sí es uno de los factores identificados. También, queremos ampliar la muestra, en contacto con otras unidades de TOC de Europa y del resto del mundo, para mejorar la fiabilidad del modelo”, concluye.
Hoy es el Día Mundial para la Prevención del Suicidio y Segalàs recuerda que este fenómeno es una conducta compleja y multifactorial que no puede atribuirse a una única causa ni está siempre vinculada a un trastorno mental.
“El mensaje más importante es no evitar el tema. Si una persona expresa ideas de suicidio o un sufrimiento intenso, hay que buscar ayuda profesional”, advierte.
Si tienes pensamientos suicidas o conoces a alguien que los tenga, busca ayuda inmediatamente:
024: Línea nacional de atención a la conducta suicida, gratuita y confidencial, disponible también por chat y videollamada
717 003 717: Teléfono de la Esperanza, nacional y gratuito
112: Emergencias cuando existe riesgo vital inminente
900 925 555: En Barcelona, Servicio de Prevención al Suicidio
Referencia:
Tubío-Fungueiriño et al. Machine learning-based prediction of suicide risk: A long-term OCD cohort follow-up. Psychiatry Research. 2026.