La llegada de suevos, alanos y visigodos no borró la profunda huella genética de la Hispania romana

Un estudio internacional basado en 243 genomas antiguos de 31 yacimientos revela que el dominio de Roma provocó una transformación demográfica mucho mayor que las migraciones posteriores, cuyo impacto varió según la región y el contexto social.

Ilustración que sugiere una posible reconstrucción de las princesas suevas
Ilustración que sugiere una posible reconstrucción de las princesas suevas. / Joaquín Suárez

La península ibérica fue una de las primeras grandes conquistas de Roma. Su posición entre el Atlántico y el Mediterráneo y la abundancia de recursos naturales convirtieron Hispania en un territorio clave del Imperio. Siglos después, el debilitamiento del poder romano favoreció la llegada de alanos, vándalos y suevos en el año 409 de la era común.

Tras la caída del Imperio romano de Occidente, estos y otros grupos germánicos establecieron nuevos reinos en distintos territorios europeos, entre ellos el reino visigodo, asentado en la península desde 507. Aunque algunos tuvieron una existencia breve, contribuyeron a configurar las identidades políticas medievales y, a largo plazo, el mapa de los futuros Estados europeos.

Sin embargo, seguía abierto el debate sobre si la profunda influencia política y cultural de estas migraciones estuvo acompañada por una transformación demográfica de la misma magnitud.

Tras la caída del Imperio romano de Occidente, estos y otros grupos germánicos establecieron nuevos reinos en distintos territorios europeos, entre ellos el reino visigodo, asentado en la península desde 507

Ahora un estudio internacional liderado por el Instituto de Biología Evolutiva (IBE), centro mixto del Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC) y la Universidad Pompeu Fabra (UPF), el Museo de Ciencias Naturales de Barcelona, la Universidad de Harvard y Euskal Herriko Unibertsitatea (EHU) concluye que la conquista romana de la península ibérica produjo un cambio demográfico a gran escala. En contraste, las migraciones de suevos, vándalos, alanos y visigodos durante la Antigüedad tardía tuvieron un impacto más limitado en la genética hispana.

El trabajo, publicado en la revista Cell, analiza 243 genomas antiguos de 31 yacimientos arqueológicos, junto con datos genómicos ya conocidos. La combinación de evidencias genéticas y arqueológicas permite reconstruir la historia poblacional de la península entre los siglos I y VIII e. c.

El análisis genético permitió identificar dos hermanos, enterrados en los yacimientos de Castelló y Mérida, separados por unos 725 kilómetros siguiendo la red viaria romana. / Cell, Carrión et al.

El análisis genético permitió identificar dos hermanos, enterrados en los yacimientos de Castelló y Mérida, separados por unos 725 kilómetros siguiendo la red viaria romana. / Cell, Carrión et al.

Roma convirtió Iberia en un mosaico genético mediterráneo

El estudio, que supone el primer análisis arqueogenómico sistemático y a gran escala de este periodo, muestra que la población ibérica cambió profundamente con la consolidación del dominio romano. Frente a la relativa homogeneidad genética de la Edad del Hierro, los individuos de los siglos I al IV e. c. presentan una diversidad de ascendencias mucho mayor.

El dominio romano favoreció la llegada de personas con ascendencia del Mediterráneo oriental y del norte de África, creando una sociedad heterogénea y conectada con las redes humanas del Mediterráneo.

La romanización no fue únicamente una transformación política, lingüística y cultural. Nuestros datos muestran que también fue una gran transformación demográfica, que conectó a las poblaciones locales con movimientos humanos originados en distintas partes del Mediterráneo

Carles Lalueza-Fox, actual director del Museo de Ciencias Naturales de Barcelona

“La romanización no fue únicamente una transformación política, lingüística y cultural. Nuestros datos muestran que también fue una gran transformación demográfica, que conectó a las poblaciones locales con movimientos humanos originados en distintas partes del Mediterráneo”, explica Carles Lalueza-Fox, actual director del Museo de Ciencias Naturales de Barcelona, corresponsable del estudio e investigador principal del IBE (CSIC-UPF).

Las nuevas élites germánicas y la genética

A partir del siglo V, el estudio identifica individuos con ascendencia de Europa central y septentrional, especialmente en contextos arqueológicos asociados a los nuevos grupos políticos. Sin embargo, la mayoría de las comunidades mantuvo el perfil diverso de la población hispanorromana.

“Lo que más nos ha sorprendido es el contraste entre ambos procesos. Roma creó una sociedad extraordinariamente diversa mediante movimientos de población a través del Mediterráneo. Las migraciones posteriores introdujeron nuevas ascendencias, pero su impacto demográfico fue mucho menor”, señala Pablo Carrión, primer autor del estudio, anteriormente doctorado en el IBE (CSIC-UPF) y actualmente investigador postdoctoral en el Instituto Max Planck para la Antropología Evolutiva de Leipzig.

Lo que más nos ha sorprendido es el contraste entre ambos procesos. Roma creó una sociedad extraordinariamente diversa mediante movimientos de población a través del Mediterráneo

Pablo Carrión, IBE

La contribución genética de estos grupos se sitúa entre el 12% y el 22%, según la región y el contexto social. La mezcla con las poblaciones locales fue gradual y no alteró radicalmente el paisaje genético, a diferencia de Britania o los Balcanes, donde las migraciones post romanas tuvieron un impacto demográfico mayor.

“La historia genética de la península ibérica es distinta de la de otras partes de la Europa post romana. Encontramos migración y nuevas ascendencias, pero no una sustitución de la población o un impacto demográfico a gran escala”, afirma David Reich, investigador principal en la Universidad de Harvard y corresponsable del estudio.

Fotografías de los alfileres de oro y de otros objetos funerarios asociados con Los Blanes (princesas suevas). Crédito: Museo Arqueológico de Mérida / Javier Heras.

Fotografías de los alfileres de oro y de otros objetos funerarios asociados con Los Blanes (princesas suevas). Crédito: Museo Arqueológico de Mérida / Javier Heras.

Dos historias familiares

Pero detrás de estos grandes movimientos de población también se esconden historias individuales y familiares que el análisis genómico permite recuperar. El equipo identificó a dos hermanos enterrados a unos 725 kilómetros de distancia, en la actual Mérida - antigua Augusta Emérita - y en la posada romana Ildum, en Castellón, junto a la Vía Augusta. Ambos tenían ascendencia íntegramente centroeuropea y probablemente fueron migrantes de primera generación.

El parentesco y el contexto arqueológico de los ricos enterramientos apuntan a una posible ruta de la migración sueva. “No observamos solo cambios en las frecuencias genéticas; identificamos familias que se desplazaron a través de una península todavía conectada por las infraestructuras del Imperio romano”, explica Iñigo Olalde, coautor del estudio y profesor investigador de la EHU e Ikerbasque.

Estas mujeres muestran cómo la genética puede cambiar nuestra interpretación de las élites del pasado: una identidad de grupos migrantes, ya sea visigoda o sueva, no implicaba necesariamente un origen extranjero, sino que también podía adquirirse mediante alianzas familiares, políticas y culturales

Pablo Carrión

Las llamadas “princesas suevas” muestran otra cara de este proceso. Aunque sus ricos ajuares habían llevado a considerarlas integrantes de una élite llegada del exterior de las fronteras imperiales, una de ellas tenía ascendencia local. El hallazgo apunta a alianzas matrimoniales entre las élites suevas y las familias hispanorromanas. La muerte de varias de estas mujeres en un mismo periodo podría estar relacionada con una disputa sucesoria en una monarquía electiva.

“Estas mujeres muestran cómo la genética puede cambiar nuestra interpretación de las élites del pasado: una identidad de grupos migrantes, ya sea visigoda o sueva, no implicaba necesariamente un origen extranjero, sino que también podía adquirirse mediante alianzas familiares, políticas y culturales”, añade Pablo Carrión.

Una historia genética aún incompleta

Las poblaciones ibéricas de la Antigüedad tardía eran genéticamente más heterogéneas que las actuales. Esto indica que el acervo genético volvió a transformarse durante los periodos medieval y postmedieval, marcados por el dominio visigodo, las conquistas islámicas, los movimientos internos y la expansión de los reinos cristianos.

Los futuros estudios de genomas medievales y postmedievales serán esenciales para conectar a los antiguos habitantes de la península con sus poblaciones actuales y tendrán derivadas en ámbitos históricos, culturales e incluso políticos

Carles Lalueza-Fox

“Los futuros estudios de genomas medievales y postmedievales serán esenciales para conectar a los antiguos habitantes de la península con sus poblaciones actuales y tendrán derivadas en ámbitos históricos, culturales e incluso políticos”, apunta Lalueza-Fox. El equipo subraya, además, la necesidad de ampliar el muestreo, especialmente en el norte de la península y el norte de África.

En conjunto, el artículo demuestra que grandes cambios políticos no produjeron necesariamente consecuencias demográficas equivalentes. Roma transformó profundamente la composición de la sociedad ibérica; las élites de la Antigüedad tardía, en cambio, ejercieron una influencia política y cultural duradera sin reemplazar a la población.

Referencia:

Pablo Carrión, Iñigo Olalde,Carles Lalueza-Fox, David Reich et al. Contrasting demographic impacts of Roman colonization and early medieval migrations in the Iberian Peninsula. Cell.

Fuente: IBE
Derechos: Creative Commons.
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