Un estudio publicado en PLOS Biology combina resonancias magnéticas de personas hablando con grabaciones de diez lenguas. La forma del tracto vocal deja una firma acústica en cada individuo, y ese patrón de variación se parece al que distingue a unas lenguas de otras.
Cada persona tiene un tracto vocal distinto: el paladar, la lengua o la faringe varían en tamaño y forma. Al hablar compensamos esas diferencias para que los demás nos entiendan, pero no del todo, y esa compensación imperfecta deja una huella medible en las vocales.
Es la conclusión de un trabajo publicado en PLOS Biology por Steven Moran y Tiena Danner, de la Universidad de Neuchâtel (Suiza), con Marcia Ponce de León y Christoph Zollikofer, de la Universidad de Zúrich.
“Alguien con un paladar largo y plano usa la lengua de forma distinta a alguien con un paladar corto y redondeado”, explica Steven Moran a SINC. “Compensamos estas diferencias muy bien al hablar, pero la compensación no siempre es perfecta y deja pequeñas diferencias medibles en cómo sonamos”.
La lingüística suele atribuir el cambio de las lenguas a procesos culturales y trata las diferencias de pronunciación entre individuos como ‘ruido’. Este trabajo se suma a una línea de investigación que cuestiona esa idea. En 2019, el propio Moran vinculó en Science la expansión de sonidos como la f y la v al cambio de mordida que trajo la dieta más blanda tras el Neolítico.
“Ambos estudios cuestionan la idea de que, una vez que desarrollamos la capacidad de hablar, nuestra biología dejó de influir en cómo evolucionan las lenguas”, afirma Moran.
Los investigadores analizaron vídeos de resonancia magnética en tiempo real de 32 hablantes de inglés estadounidense mientras pronunciaban las cinco vocales básicas. En más de 3.200 imágenes marcaron 95 puntos del tracto vocal, de los labios a las vértebras del cuello, y compararon esa forma con el sonido grabado en el mismo instante.
Hay mucha más variación en cómo se coloca la boca que en cómo suena la vocal: cada persona compensa su anatomía para acertar. Pero la compensación es incompleta, y la forma del tracto vocal explica en torno a la mitad de las diferencias acústicas entre hablantes.

Los investigadores suelen tratar las diferencias individuales como ruido, pero ese ‘ruido’ puede contribuir a la evolución de las lenguas — Steven Moran

El equipo comparó después esos patrones con casi 20.000 vocales de 3.867 hablantes de diez lenguas, entre ellas el euskera, el italiano, el ruso y el hindi. La variación entre lenguas resultó proporcional a la que existe entre hablantes de una misma lengua.
“Esto sugiere que nuestra diversidad anatómica aporta parte de la materia prima a partir de la cual las lenguas desarrollan sus sonidos característicos”, señala Moran. “Los investigadores suelen tratar las diferencias individuales como ruido, pero ese ‘ruido’ puede contribuir a la evolución de las lenguas”.
Los autores proponen un modelo biocultural: “Nuestra anatomía influye en la variación del habla, mientras que las presiones comunicativas y la transmisión cultural determinan qué diferencias perduran”, resume el investigador.
El español no figuraba en los datos del estudio, pero Danner analizó en su tesis doctoral una muestra mayor de grabaciones que incluía esta lengua y el euskera. Al comparar cómo suenan sus vocales, el euskera –una lengua aislada, sin parentesco conocido– se agrupa con el español y otras lenguas romances.
Moran no lo atribuye a la anatomía, sino a la historia compartida: “Esto pone de relieve la influencia del bilingüismo generalizado y del contacto entre lenguas en la pronunciación”. Siglos de convivencia pesan más que el parentesco.
Ander Egurtzegi, fonólogo vasco del Centro Nacional de Investigación Científica francés (CNRS) en el laboratorio IKER de Bayona, que no ha participado en el estudio, matiza este parecido: "Para el euskera del sur de los Pirineos, sí. Pero el del norte es más cercano al francés y al gascón, y cuanto más atrás vamos en el tiempo, más diferente es el euskera de la lengua romance con la que pudiera estar en contacto en ese momento". Aun así, coincide en la explicación: "Sin duda, el contacto y el bilingüismo han sido motores de ese cambio".
Egurtzegi señala algunas limitaciones del estudio: seis de las diez lenguas comparadas son indoeuropeas y, además, las grabaciones se hicieron con los hablantes tumbados dentro del escáner, "lo que puede dificultar que la pronunciación sea natural".
Moran espera que los mismos principios anatómicos se cumplan en los hispanohablantes, aunque faltan datos para comprobarlo: las resonancias proceden de 32 personas de una sola lengua. “El siguiente paso es recoger datos anatómicos y acústicos de hablantes de más lenguas, idealmente con resonancia magnética tridimensional, y ampliar el análisis más allá de las vocales”, concluye.
Referencia:
Moran, S., Danner, T., Ponce de León, M. S. y Zollikofer, C. P. E. “Interindividual vocal tract diversity influences the phonetic diversification of spoken languages”. PLOS Biology (2026). DOI: 10.1371/journal.pbio.3004003