Un equipo canadiense ha observado que este compuesto de los hongos alucinógenos reduce conductas sociales de alto gasto energético, como los ataques, en el pez anfibio de manglar rivulus. Los resultados apuntan a un efecto selectivo sobre la agresividad sin suprimir la interacción.
Más de 200 especies de hongos, principalmente del género Psilocybe, que pertenecen a setas con láminas, contienen el compuesto psicoactivo psilocibina. En el cerebro de los mamíferos, esta sustancia química puede unirse a los receptores de serotonina e influir en el comportamiento y las emociones, como la agresividad, el apetito y el estado de ánimo.
Sin embargo, sus efectos en el comportamiento social de los animales aún no se han descrito en profundidad. En un nuevo estudio publicado en Frontiers in Behavioral Neuroscience, investigadores canadienses han comprobado si los efectos de la psilocibina se extienden al comportamiento social del pez anfibio de manglar rivulus (Kryptolebias marmoratus).

Una dosis baja y aguda de psilocibina reduce significativamente la actividad y el comportamiento de ataque agresivo durante las interacciones sociales

“Demostramos que una dosis baja y aguda de psilocibina reduce significativamente la actividad y el comportamiento de ataque agresivo durante las interacciones sociales en peces adultos del género Rivulus, una especie que es naturalmente muy agresiva”, explica la primera autora, Dayna Forsyth, investigadora asociada y ex estudiante de maestría en la Universidad de Acadia en Nueva Escocia.
Los peces rivulus de manglar son agresivos por naturaleza, especialmente cuando se emparejan con otros individuos. Sus comportamientos son evidentes y los cambios sutiles se detectan fácilmente. Suzie Currie, líder de la investigación y bióloga de la Universidad de British Columbia (Canadá), destaca que se trata de comportamientos de ataque de alta energía que representan una escalada de agresión hacia el pez que sirve de estímulo, sin llegar al contacto físico.

Estos hallazgos proporcionan la primera evidencia de que la psilocibina puede reducir selectivamente la agresión intensificada en un modelo de vertebrado sin suprimir la interacción social

“Otros tipos de comportamientos agresivos, como las exhibiciones frontales, tienen más que ver con la comunicación y la evaluación social, y requieren muy poca energía”, añade la experta. Estos peces también se autofecundan y producen embriones genéticamente idénticos. Por lo tanto, este modelo garantiza que todos los efectos observados se deban al tratamiento con psilocibina y no a diferencias genéticas entre los peces.
“Estos hallazgos proporcionan la primera evidencia de que la psilocibina puede reducir selectivamente la agresión intensificada en un modelo de vertebrado sin suprimir la interacción social”, revela Currie.
El equipo utilizó tres líneas genéticamente distintas, criadas en laboratorio. Los peces de la primera fueron expuestos a la psilocibina, mientras que los de la segunda sirvieron como estímulo. Una tercera línea se utilizó para cuantificar las concentraciones y la absorción de psilocibina en todo el organismo.
En la primera fase del experimento, el pez focal se introdujo en un tanque que contenía un pez estímulo para medir su comportamiento basal. Los peces estaban separados por una cubierta opaca colocada sobre una barrera de malla de fibra de vidrio, a través de la cual podían verse y olerse, pero no alcanzarse. Tras un periodo de adaptación de cinco minutos al tanque compartido, se retiró la barrera opaca y se observó la interacción.
Veinticuatro horas después, el mismo pez focal fue colocado en un tanque de agua donde se había disuelto psilocibina. Tras una exposición a la sustancia de 20 minutos, el pez fue introducido en el tanque que ocupaba el mismo pez estímulo del día anterior. Al retirar la barrera opaca, se observó nuevamente la interacción.

Este compuesto puede atenuar selectivamente los conflictos sociales intensificados en lugar de suprimir el comportamiento por completo

La observación de comportamientos para medir la actividad y los niveles de agresividad reveló que los peces a los que se les administró psilocibina mostraron niveles reducidos de actividad y realizaron menos arranques de natación en comparación con los ejemplares que no habían recibido tratamiento con psilocibina. La psilocibina también influyó en los niveles de actividad: los peces tratados con ella pasaron menos tiempo moviéndose que los peces de control cuando se les emparejaba con un congénere.
“El efecto calmante de la psilocibina parece reducir selectivamente los comportamientos intensificados que requieren mucha energía, mientras que los comportamientos de exhibición social de menor energía permanecen prácticamente inalterados”, afirma Forsyth. “Esto sugiere que este compuesto puede atenuar selectivamente los conflictos sociales intensificados en lugar de suprimir el comportamiento por completo”.
A largo plazo, los modelos no humanos utilizados en experimentos de detección de fármacos pueden ofrecer resultados sólidos que, posteriormente, podrían orientar su aplicación en personas. En el futuro, hallazgos como los aquí presentados podrían contribuir a la investigación terapéutica al identificar qué aspectos del comportamiento social son más sensibles a la psilocibina. No obstante, el equipo advierte que este estudio no evaluó tratamientos clínicos y que los resultados obtenidos en peces no son directamente aplicables.

Futuros estudios podrán aclarar cómo la psilocibina modula la señalización neuronal, qué vías serotoninérgicas intervienen y por qué afecta de forma selectiva al comportamiento social

El estudio se centró en dosis únicas y periodos cortos de exposición, y no analizó los efectos a largo plazo, la administración repetida de dosis ni la adaptación con el tiempo. Se necesitan estudios futuros para confirmar si el menor nivel de agresividad observado se puede mantener.
“Los estudios futuros pueden basarse en este trabajo para explorar cómo la psilocibina altera la señalización neuronal, qué vías de la serotonina están implicadas y por qué algunos aspectos del comportamiento social se ven afectados mientras que otros no”, concluye Currie. “Estas son preguntas difíciles o imposibles de responder directamente en humanos”.
Referencia:
Forsyth, D. et al. The magic of mushrooms: Psilocybin influences behaviour in the mangrove rivulus fish, Kryptolebias marmoratus. Frontiers in Behavioral Neuroscience (2026).