Una revisión de estudios que analiza más de un centenar de ensayos clínicos revela que las técnicas más usadas para provocar el parto ofrecen resultados comparables en efectividad. Las diferencias aparecen en los perfiles de seguridad, un aspecto clave para ajustar la elección del método a cada paciente.
Una nueva revisión sistemática Cochrane de más de 100 ensayos clínicos ha encontrado que 13 métodos habituales de inducción médica del parto son igualmente efectivos, pero sus perfiles de seguridad difieren según el contexto clínico.
La inducción del parto supone iniciar el parto mediante métodos farmacéuticos o mecánicos. Es frecuente en obstetricia, especialmente ante riesgos de salud para la madre y el bebé o cuando el embarazo se prolonga más allá de las 42 semanas. Existen muchos métodos de inducción, pero la evidencia que los respalda anteriormente ha estado fragmentada y no era clara.
La revisión comparó 13 métodos distintos de inducción mediante una técnica estadística llamada metanálisis en red, que permite a los investigadores combinar de manera consistente los datos de varios estudios y comparar las intervenciones entre diversos ensayos. Los métodos evaluados incluyeron métodos basados en medicamentos (misoprostol, dinoprostona, oxitocina, donantes de óxido nítrico), técnicas mecánicas (sondas con globo, dilatadores osmóticos) y estrategias combinadas (globo con oxitocina o misoprostol; oxitocina con amniotomía).
En total, el equipo investigador incluyó 106 ensayos controlados aleatorizados con más de 30 000 mujeres. La mayoría de los estudios incluyó a mujeres que no habían pasado por una cesárea antes, mientras que la evidencia para las mujeres con una cesárea previa siguió siendo limitada. La revisión analizó e informó los desenlaces por separado para las mujeres con y sin cesárea previa.
La mayoría de los métodos son bastante similares en cuanto a su efectividad para lograr el parto. El uso de misoprostol, que se puede aplicar directamente en la vagina o por vía oral, estuvo muy extendido en los estudios y es habitual en la práctica clínica.
El misoprostol vaginal a dosis bajas fue el comparador más frecuente en los ensayos incluidos, por lo que sirvió como una referencia práctica a la hora de comparar.
Los resultados no mostraron pruebas claras de que algún método de inducción superara al misoprostol vaginal a dosis bajas para lograr el parto vaginal en menos de 24 horas, reducir la cesárea por cuestiones relacionadas con el bienestar fetal o prevenir la muerte perinatal.
“La inducción del trabajo de parto es extremadamente frecuente, y dar con el método correcto importa tanto a la madre como al bebé”, afirma Ioannis Gallos, autor clínico principal de la revisión. “Lo que muestra esta revisión es que, aunque muchas técnicas son igualmente efectivas, algunas son claramente más seguras en circunstancias concretas, especialmente para las mujeres que no han pasado por una cesárea antes. Esta evidencia ayuda al personal médico a elegir el método correcto para el cada paciente, basándose en datos sólidos en lugar de en hábitos o preferencias”.
Los perfiles de seguridad difirieron entre los métodos, especialmente para la hiperestimulación uterina, el sufrimiento fetal y el riesgo de rotura uterina en mujeres sin cesárea previa.
Varios métodos (incluidos los donantes de óxido nítrico, los dilatadores cervicales osmóticos, las sondas con globo y el misoprostol oral a dosis baja) parecieron reducir el riesgo de contracciones uterinas excesivas que pueden aumentar el malestar del bebé.
“Los métodos mecánicos podrían no ser más efectivos que otros métodos de inducción”, dice Siwanon Rattanakanokchai, autor principal de la revisión. “Sin embargo, estos métodos son bastante seguros, especialmente para el bienestar del feto y para evitar la ruptura uterina. Algunos, como las sondas con globo, están muy disponibles y tienen un bajo coste. El coste, la disponibilidad y la aceptabilidad influyen en las recomendaciones de las guías, especialmente en ámbitos de bajos recursos”.
Ningún método se consideró tan poco seguro como para dejar de utilizarlo, aunque los autores recomiendan tener en cuenta el contexto clínico, en especial en mujeres con cesárea previa y en entornos con recursos limitados.
“A pesar de lo frecuente que es la inducción, las evidencias sobre esta siguen siendo sorprendentemente escasas para las mujeres con cesáreas anteriores”, añade el autor Pisake Lumbiganon. “Aunque los hallazgos son importantes para documentar las guías sobre qué métodos son más seguros y eficientes, también han puesto de relieve una falta crítica de investigación con implicaciones directas para las futuras guías”.
Referencia:
“Métodos de inducción del parto: un metanálisis en red”. Revisión Cochrane, 2026