Suscríbete al boletín semanal

Suscríbete para recibir cada semana el boletín SINC con los contenidos más relevantes y no te pierdas nada de la actualidad científica.

Suscríbete al boletín semanal
Si estás registrado

No podrás conectarte si excedes diez intentos fallidos.

Si todavía no estás registrado

La Agencia SINC ofrece servicios diferentes dependiendo de tu perfil.

Selecciona el tuyo:

Periodistas Instituciones
Si estás registrado

No podrás conectarte si excedes diez intentos fallidos.

Si todavía no estás registrado

La Agencia SINC ofrece servicios diferentes dependiendo de tu perfil.

Selecciona el tuyo:

Periodistas Instituciones
El artículo se publica esta semana en la revista Science

Nuevo método para medir la capacidad de absorción de carbono por parte del océano

El océano captura y almacena gran parte del dióxido de carbono generado por la actividad humana, mitigando de esta manera los efectos del cambio climático. Sin embargo, la capacidad de almacenamiento del océano no es ilimitada y hasta el momento no era posible estimarla con precisión. Ahora, un grupo internacional con participación del Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC) ha desarrollado una red de observación con barcos comerciales, que participan de forma voluntaria, para precisar la cantidad de CO2 absorbida por el océano e identificar las principales regiones que actúan como sumideros de carbono.

The Atlantic Compass, uno de los barcos de líneas regulares equipados con sensores y usados para la recolección de datos. Foto: Atlantic Container Lines Inc.

Los investigadores han analizado datos recogidos durante seis años. Mediante campañas oceanográficas en los buques Hespérides y Las Palmas y la participación voluntaria de barcos comerciales equipados con sensores químicos, los científicos analizaron la cantidad de CO2 presente en la atmósfera y en las aguas superficiales, además de la salinidad y la temperatura del agua.

Estos datos se completaron con observaciones por satélite de la temperatura superficial marina y con modelos de circulación oceánica. “Esta gran cantidad de datos ha permitido observar la captación de CO2 con una precisión y detalle nunca antes alcanzados”, explica Aída Fernández Ríos, investigadora del Instituto de Investigaciones Marinas del CSIC en Vigo y una de las firmantes del artículo.

“Conocer la cantidad de carbono presente en el agua y la tendencia de captación del océano es importante para saber qué medidas se deben tomar para paliar el incremento de CO2 en la atmósfera”, afirma la investigadora.

El método de muestreo, junto con técnicas estadísticas para la extrapolación permite monitorizar estas variaciones y podría usarse como sistema de alerta temprana de recrudecimiento del cambio climático. Las conclusiones muestran que la absorción de dióxido de carbono por parte del océano presenta importantes variaciones anuales y que se ve afectada por los cambios climáticos de larga escala.

“Algunos científicos han alertado del descenso en la captación de CO2 por parte del océano que puede ocurrir a medida que el cambio en el clima sea más pronunciado. Ello provocará una mayor acumulación de CO2 en la atmósfera, incrementando por tanto el efecto invernadero, lo que puede producir un calentamiento de la superficie del agua, una mayor estratificación y que se debilite la corriente termohalina, intensificando el cambio climático en el Atlántico Norte”, explica Fernández Ríos.

Aunque la investigación se ha realizado en el Atlántico Norte, debido a su importante papel en la circulación oceánica global y por ser el océano que almacena la mayor cantidad de CO2 respecto a su volumen total, el método empleado y las conclusiones son extrapolables a cualquier otra cuenca oceánica del planeta.

En el estudio, liderado por la Universidad de East Anglia, han participado científicos estadounidenses, franceses, alemanes y españoles, Forma parte del proyecto CARBOOCEAN, cuyo objetivo es identificar y evaluar con precisión las fuentes y sumideros de carbono de origen antropogénico en el océano.

Este conocimiento es el primer paso para identificar también los procesos oceanográficos que controlan el intercambio de CO2 entre océano y atmósfera y para pronosticar su actuación futura en un escenario de cambio global.

Secuestro de carbono y cambio climático

Según datos del Intergovermental Panel on Climate Change (IPCC) recogidos en el artículo, los humanos emitimos cada año unas 8,5 gigatoneladas de CO2 debidas al uso de combustibles fósiles y la producción cementera, y unas 1,5 gigatoneladas provocadas por cambios en el uso del territorio (cada gigatonelada equivale a 1015 gramos).

Parte de este dióxido de carbono es secuestrado por las plantas al hacer la fotosíntesis, pero la mayor parte pasa a la atmósfera, de donde es captado por el océano. A nivel global, el océano capta de forma neta más CO2 del que emite.

Este proceso es importante porque tiene un efecto mitigador frente a los efectos del cambio climático, como el calentamiento global. De hecho, el informe de la ONU Carbono Azul: el papel de los océanos saludables en la captura de carbono (en cuyo desarrollo participaron científicos de todo el mundo, entre ellos el investigador del CSIC Carlos Duarte), señala que los ecosistemas marinos capturan y almacenan una cantidad de CO2 equivalente a la mitad de las emisiones anuales del sector del transporte en todo el mundo.

------------------------

Referencia bibliográfica:

Andrew J. Watson, Ute Schuster, Dorothee C. E. Bakker, Nicholas R. Bates, Antoine Corbière, Melchor González-Dávila, Tobias Friedrich, Judith Hauck, Christoph Heinze, Truls Johannessen, Arne Körtzinger, Nicolas Metzl, Jon Olafsson, Are Olsen, Andreas Oschlies, X. Antonio Padin, Benjamin Pfeil, J. Magdalena Santana-Casiano, Tobias Steinhoff, Maciej Telszewski, Aida F. Rios, Douglas W. R. Wallace, Rik Wanninkhof. "Tracking the Variable North Atlantic Sink for Atmospheric CO2" Science, vol 326, 4 de diciembre 2009.

Fuente: CSIC
Derechos: Creative Commons
Artículos relacionados
Alt de la imagen
Fatoumata Kebé, astrofísica en el Observatorio de París y divulgadora
“Volveremos a la Luna por política y dinero, no por la ciencia”
Cristina Sáez

Esta astrofísica combina la investigación en contaminación espacial con la preparación para convertirse en astronauta. También realiza labores de protección medioambiental, así como de divulgación en entornos desfavorecidos. Un buen ejemplo de ello es El libro de la Luna, su última publicación, que reúne mitos, leyendas y el conocimiento que tenemos sobre este astro.

Alt de la imagen
Así se diversificaron los grandes pterosaurios con dientes

Estos enormes reptiles voladores, caracterizados por sus crestas en forma de media luna sobre sus alargados picos, estaban repartidos por todo el mundo hace millones de años. Un nuevo estudio no solo describe una nueva especie en Reino Unido, sino que caracteriza y analiza las relaciones de parentesco de los anhangüéridos, un linaje de grandes pterosaurios dentados.