Un estudio alerta que solo el 21,4% de la flora de la Antártida está protegida, un tipo de vegetación única porque está adaptada a un clima de frío extremo. El equipo investigador ha identificado 92 localizaciones que es prioritario proteger.
La Antártida parece un paisaje remoto de hielo y nieve, donde habitan animales como pingüinos y focas. Pero incluso en el continente más frío del planeta hay vegetación y, aunque ocupa apenas 44 km² —el 0,00031% de la superficie total de este continente—, es clave para regular el ciclo de carbono y el del agua y proporcionar alimento y refugio de insectos y microorganismos, entre otras funciones esenciales.
Ahora, una nueva investigación publicada en Biological Conservation alerta de que solo el 21,4 % de esta cubierta vegetal se encuentra dentro de zonas protegidas. Para revertir esta situación, el estudio identifica 92 localizaciones donde sería prioritario ampliar la protección.
Esta propuesta se ha presentado al Comité para la Protección del Medio Ambiente del Tratado Antártico y contribuye a avanzar hacia el objetivo global de proteger al menos el 30 % de las zonas terrestres y marinas para 2030 que establece el Marco Mundial de Biodiversidad de Kunming-Montreal.
La investigación la ha liderado Charlotte Walshaw, investigadora de la Universidad de Edimburgo, y cuenta con la participación de diferentes organizaciones internacionales, incluido el centro CREAF. “El estudio ofrece hasta la fecha la evaluación más exhaustiva del estado de la vegetación antártica y revela que existen importantes lagunas de protección en todo el continente”, explica Mariana García Criado, investigadora del Trinity College Dublin y del CREAF en el momento de publicar el artículo.
Según la investigadora, lo que destaca de este trabajo científico es sus posibles aplicaciones, ya que el objetivo es ayudar a los responsables de la toma de decisiones del Tratado Antártico, el organismo internacional que regula las normas sobre el continente, a determinar dónde podría resultar más valioso implementar las futuras medidas de conservación.
Para conocer el porcentaje de áreas protegidas, el equipo ha utilizado datos satelitales de alta resolución sobre la cubierta vegetal. Y para seleccionar los lugares que urge más proteger, se ha tenido en cuenta varios criterios, como por ejemplo si la vegetación está en riesgo por especies invasoras como la Poa annua, una planta ya se ha establecido en la Antártida y puede tener efectos negativos en la flora nativa.
También se ha considerado dónde existen comunidades que son irremplazables para alcanzar los objetivos de conservación establecidos o cómo de cerca están de infraestructuras como estaciones de investigación, cuya actividad puede afectar a la vegetación. Las nuevas áreas que se propone conservar se encuentran mayoritariamente en la península de Fildes (noroeste de la península Antártica), el valle de Taylor (sur de la Tierra de Victoria) y las colinas de Vestfold (Antártida Oriental).
Entre las plantas que crecen en la Antártida hay solo dos especies con flor, la gramínea Deschampsia antarctica, conocida como clavel antártico, y la herbácea Colobanthus quitensis, que produce flores diminutas. Pero la mayor parte de su diversidad vegetal la componen briófitos —se han encontrado más de 150 especies—, como musgos, y cerca de 400 especies de líquenes. Algunas de ellas sólo existen en este lugar del mundo, como el musgo Schistidium antarctici o el liquen Usnea antarctica.
“Una curiosidad es que los briófitos equilibran su contenido de agua con el ambiente a su alrededor. Esto les permite deshidratarse cuando no hay agua y volver a reactivarse cuando las condiciones son favorables. Por este motivo son muy útiles para estudiar el cambio climático, porque su estado refleja los cambios en las condiciones ambientales”, explica Mariana García Criado.
Según el equipo, los resultados proporcionan un marco basado en la evidencia para reforzar la protección de los ecosistemas terrestres de la Antártida.
“La vegetación terrestre de la Antártida puede ser escasa y dispersa en comparación con la de otras partes del mundo, pero desempeña un papel fundamental en el sustento de la vida en tierra firme. Nuestros resultados muestran que, en la actualidad, amplias zonas de esta vegetación quedan fuera de la red de espacios protegidos existente”, resalta Charlotte Walshaw, autora principal del trabajo.

El siguiente paso es combinar los datos que se han obtenido a través de satélites con expediciones en campo para confirmar la presencia de vegetación y asentar las bases de la futura protección vegetal en la Antártida

“El siguiente paso es combinar los datos que se han obtenido a través de satélites con expediciones en campo para confirmar la presencia de vegetación y asentar las bases de la futura protección vegetal en la Antártida”, finaliza García Criado.
Referencia:
Walshaw, C. V., García Criado, M., Hughes, K. A., Colesie, C., Wauchope, H. S., Convey, P., Gray, A. M., & Lee, J. R. Identifying priorities for systematic Antarctic vegetation protection at the continental scale. Biological Conservation, 2026.