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Un cerebro más grande de los animales carnívoros no implica que sean más sociables

Estudios recientes sostienen que la sociabilidad ha desempeñado un papel fundamental en la evolución del tamaño del cerebro en varios mamíferos. Biólogos evolutivos estadounidenses cuestionan ahora, en el último número de Proceedings of the National Academy of Sciences, el vínculo entre el tamaño del cerebro de algunos animales carnívoros y su capacidad de ser sociables.

Suricatos, pequeños y sociables carnívoros. Foto: Miles Roberts.

Las jaurías de perros de caza, las familias de babuinos, o las manadas de antílopes son ejemplos de que estos animales son sociales e inteligentes. El nuevo estudio realizado por John Finarelli, investigador de la Universidad de Michigan (EE UU), y John Flynn, investigador del Museo Estadounidense de Historia Natural, pone en tela de juicio esta hipótesis, al menos en lo que se refiere a carnívoros.

A partir de un análisis exhaustivo de especies vivas y fósiles de carnívoros que muestran los aumentos relativos del tamaño cerebral en un contexto evolutivo, Finarelli y Flynn descubrieron que el aumento del cerebro no está asociado a la sociabilidad de manera automática.

“La universalidad de la hipótesis del cerebro social no se ha verificado”, afirma Finarelli. “Cuando se examina el tamaño relativo del cerebro desde el punto de vista de toda la historia evolutiva del clado (cada una de las ramas del árbol filogenético), el argumento pierde fuerza, al menos en lo referente a los carnívoros. Este estudio demuestra, casi con total certeza, que el tamaño del cerebro aumenta por diferentes motivos según el grupo de carnívoros de que se trate”, señala el científico.

Flynn añade que “cuando se analizan uno a uno los grupos de carnívoros, únicamente en los cánidos se verifica el patrón observado en el análisis reciente de la hipótesis del cerebro social”. El investigador se refiere a un artículo publicado en 2007 en la revista Evolution, que evaluaba la hipótesis del cerebro social, la cual propugna que la sociabilidad ha impulsado el aumento relativo del tamaño cerebral entre las especies de mamíferos pertenecientes a tres órdenes: carnívoros, primates y ungulados.

La evolución del tamaño cerebral relativo es de gran interés para la biología, con importantes repercusiones en la ecología, la energética y la biohistoria. El estudio precedente halló correlaciones entre sociabilidad y aumento relativo del tamaño del cerebro con respecto al tamaño corporal de los tres grupos citados.

Reconstrucción del tamaño cerebral de mamíferos

Finarelli y Flynn estudiaron cómo el tamaño cerebral evolucionó en los carnívoros y examinaron su hipótesis con mayor detalle. Los científicos analizaron 289 especies de carnívoros terrestres, de las cuales casi la mitad eran fósiles. La inclusión de tantas especies fósiles en el estudio lo convierte en el primero que reconstruye el tamaño cerebral relativo a través del árbol evolutivo para este grupo de mamíferos.

Las especies existentes de carnívoros se distribuyen en 15 familias e incluyen a osos, comadrejas y perros, entre otras. Los autores recopilaron datos del volumen endocraneal (tamaño cerebral) y la masa corporal de todos los grupos de carnívoros terrestres para estimar el tamaño cerebral relativo. Con estos datos se representaron los cambios de tamaño cerebral relativo dentro de clados específicos (lo que se conoce como reconstrucción de escala alométrica).

Este análisis detallado de la historia evolutiva de los carnívoros documenta al menos seis cambios singulares de tamaño cerebral dentro del grupo, lo que sugiere que la historia del aumento del tamaño cerebral es mucho más compleja de lo que se había supuesto. Algunas familias de carnívoros han permanecido estables en cuanto al tamaño cerebral relativo (por ejemplo, uno de los dos grupos mayores de carnívoros vivos, los feliformes, con la excepción de los félidos pequeños), mientras que en otras como la del extinto oso-perro (Amphicyonidae) el tamaño del cerebro se fue reduciendo progresivamente con respecto a sus antepasados.

Los cánidos, por otro lado, han experimentado un aumento del tamaño del cerebro de manera relativamente reciente. Finarelli y Flynn determinaron que este clado distorsiona los datos sobre los carnívoros actuales que se analizaron en el análisis precedente de la hipótesis del cerebro social: si se elimina del análisis, se pierde toda correlación entre tamaño cerebral y sociabilidad en el resto de los carnívoros.

Aunque los cánidos actuales tienen cerebros grandes, el motivo del aumento relativo sigue siendo incierto. Los científicos no saben con certeza si tener un cerebro más grande favoreció la sociabilidad, o fue ésta la que propició el crecimiento del cerebro. La respuesta podría estar, en parte, en una investigación anterior de Finarelli que analizaba los cambios evolutivos de los perros. El estudio de 2008 descubrió que el aumento del tamaño cerebral se inició hace unos 10 millones de años con la aparición de los primeros representantes de los cánidos actuales.

La relación entre tamaño cerebral y sociabilidad es variable también entre los carnívoros vivos. En función de si la vida social es la causa del aumento del tamaño del cerebro de los carnívoros, o bien la evolución de los cerebros grandes fomenta la sociabilidad, las especies con cerebros grandes, como los osos, los félidos pequeños y los mustélidos deberían ser sociables; pero el hecho es que no lo son. Los carnívoros que conservan la condición ancestral tampoco encajan en el modelo que describe la hipótesis del cerebro social, como demuestra el que entre especies con cerebros relativamente pequeños como las hienas y las mangostas existan taxones sociables y no sociables.

“Nuestro análisis es muy complejo y exhaustivo porque integra especies fósiles y existentes de carnívoros”, ha recalcado Flynn. “Cuando se analizan solo las especies vivas, a menudo no se reconstruyen correctamente las transformaciones evolutivas. Nuestro estudio es una prueba más de este hecho, e indica que la hipótesis del cerebro social no es válida para todos los carnívoros”, han concluido los investigadores.

Fuente: SINC
Derechos: Creative Commons
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