Zoonosis o cómo se transmiten los hantavirus de animales a humanos

Las infecciones zoonóticas –como la causante del actual brote de hantavirus– provocan la muerte de 2,7 millones de personas al año y representan más del 50 % de todas las enfermedades transmisibles en el mundo. Algunos factores humanos como la deforestación, el cambio climático y la destrucción de los ecosistemas están detrás de su prevalencia y los expertos animan a crear estrategias sistémicas para evitar su expansión.

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La vía de transmisión más típica suele ser la inhalación de excretas o secreciones aerosolizadas de roedores con la infección. / Pexels

Los hantavirus son patógenos zoonóticos, lo que significa que la principal vía de transmisión se produce de animales a humanos. Este mecanismo de infección no es nuevo y ha acompañado a las personas a lo largo de su historia mediante epidemias globales como la rabia, la tuberculosis o la gripe aviar.

Las últimas informaciones sobre el brote del crucero MV Hondius confirmaron que la variante causante de la infección era la cepa Andes, una familia de patógenos procedente del Cono Sur de América con la habilidad de trasmitirse entre humanos. No obstante, aunque se han visto casos de infección entre personas, este tipo de contagio sigue siendo muy poco frecuente.

Factores sociales como la modificación de los ecosistemas o la globalización influyen en la propagación de enfermedades zoonóticas

Según indica un estudio, publicado en The Journal of Infectious Diseases, la vía de transmisión más típica suele ser la inhalación de excretas o secreciones aerosolizadas de roedores con la infección. Por ello, las personas que viven o trabajan en espacios con presencia de excrementos y orina de ratones tienen más riesgo.

Los investigadores apuntan a que el contagio entre humanos es “raro” y resaltan que existe poca evidencia científica de este fenómeno. Asimismo, añaden que las condiciones ambientales influyen en la reproducción de ratones infectados en áreas endémicas, un ejemplo de que factores sociales como la modificación de los ecosistemas o la globalización contribuyen a la propagación de este tipo de enfermedades.

¿Qué es la zoonosis?

El cultismo ‘zoonosis’ procede de la unión griega entre zoon (animal) y nosos (condición médica), y según la Organización Mundial de la Salud (OMS), se conocen más de 200 afecciones con estas características.

Los patógenos transmisores pueden ser bacterias, virus, parásitos o agentes no convencionales y propagarse a los humanos por contacto directo, a través de los alimentos, el agua o el medio ambiente.

Algunas infecciones zoonóticas, como el VIH, mutaron a cepas exclusivas entre humanos; y otras, como el virus del ébola y la bacteria de la salmonelosis, ocasionan brotes frecuentes

“En términos generales, entendemos por zoonosis cualquier enfermedad que proceda de los animales”, explica a SINC el profesor de la Facultad de Veterinaria de la Universidad Complutense e investigador en el Centro de Vigilancia Sanitaria Veterinaria (VISAVET), Julio Álvarez. “En la literatura científica han existido desde siempre y no es un fenómeno nuevo”, añade el experto.

Actualmente, este grupo de enfermedades –entre las que se encuentran los hantavirus– representa un gran porcentaje de todas las infecciones identificadas. Algunas como el VIH mutaron a cepas exclusivas entre humanos y otras, como el virus del ébola y la bacteria de la salmonelosis, ocasionan brotes frecuentes.

Adaptación a distintos huéspedes

Para que un virus pase de animales a humanos y pueda infectar a otras especies tiene que haber sufrido un proceso evolutivo para ‘adaptarse’ a distintos hospedadores a los que no estaban preparados. Algunos virus ya poseen esta capacidad, mientras que otros la van adquiriendo a lo largo del tiempo.

Los virus pueden generar una amplia diversidad de variantes capaces de sobrevivir o adaptarse a distintos hospedadores

Una de las características fundamentales que poseen estos microorganismos es su variabilidad genética, lo que les permite acumular mutaciones para vivir en nuevos ambientes y entornos. A diferencia de las bacterias, cuyo proceso de multiplicación está mejor controlado, los virus pueden generar una amplia diversidad de variantes capaces de sobrevivir en distintos hospedadores.

“Cuando tenemos gripe, el virus se replica en nuestro interior, por lo que no estamos infectados por un solo patógeno. La cepa existente se multiplica y genera una especie de nube de virus", explica Álvarez. Algunas de esas mutaciones no sirven y se extinguen de forma automática, pero otras pueden poseer ventajas competitivas que les permiten perdurar en el organismo infectado.

Además, el experto señala que cuantas más oportunidades de contacto existan entre especies hospedadoras, más probable es que se produzcan fenómenos de adaptación de salto entre animales.   

Transmisión entre humanos

Algunos patógenos como los hantavirus pueden transmitirse entre personas, pero no es un mecanismo común ni sencillo. Álvarez señala que, en estos casos, se requiere de un contacto muy estrecho y la presencia de una viremia suficientemente elevada como para llegar a infectar a otro ser humano.

Algunos patógenos como los hantavirus pueden transmitirse entre personas, pero no es un mecanismo común ni sencillo

Un ejemplo parecido es el de la tuberculosis. “Sabemos que se puede transmitir entre personas, pero no es una enfermedad que se contagie fácilmente. Hace falta un contacto prolongado y un ambiente poco ventilado”, advierte el experto.

En el caso de la cepa de los Andes, un estudio de Emerging Infectious Diseases, describe que la transmisión entre humanos es factible, pero muy complicada. El trabajo analizó un brote registrado en el suroeste de Argentina en 1996 y concluyó que, aunque la principal fuente común de exposición sean los roedores, esta vía también era plausible.

Tras analizar la base de datos epidemiológicos, los científicos llegaron a la conclusión de que la propagación de persona a persona tuvo lugar durante la fase prodrómica –inicio de una enfermedad– o poco después de que terminara. Según exponen los investigadores, el mecanismo de propagación entre humanos hace que la cepa de los Andes sea única entre la familia de hantavirus.

Factores medioambientales

Por otro lado, acciones humanas como la deforestación, las prácticas agrícolas, la producción ganadera y la globalización han transformado los ecosistemas a escala mundial, y con ello, han permitido la propagación de más enfermedades zoonóticas.

Un estudio reciente, publicado en The Lancet Regional Health, describe cómo aumenta el riesgo de infección de determinadas enfermedades zoonóticas, como la leptospirosis, en Europa debido a fenómenos como el cambio climático.

El aumento de las temperaturas y la modificación de las condiciones ambientales, asociadas a una mayor humedad, elevan el riesgo de adquirir leptospirosis a corto plazo

Esta enfermedad es una afección desatendida con gran impacto a nivel mundial y se transmite a través del contacto de piel erosionada o terrenos contaminados por la orina de animales con el virus, como los roedores.

El trabajo, en el que ha participado el Instituto de Salud Carlos III, expone que esta condición afecta principalmente a regiones tropicales, pero que los cambios en el clima y en los ecosistemas incrementan su incidencia actual en diversos países europeos.

Concretamente, los investigadores revelan que el aumento de las temperaturas y la modificación de las condiciones ambientales, asociadas a una mayor humedad, elevan el riesgo de adquirir esta enfermedad a corto plazo. El riesgo es mayor en las regiones cálidas, muy pobladas y cercanas a la costa; y aumenta en los meses finales de verano.

También, explican que la reducción de la biodiversidad y la presencia de asentamientos humanos cerca de zonas boscosas pueden aumentar el potencial transmisor de esta infección zoonótica.

En el futuro, los expertos esperan que la distribución espacial de la leptospirosis cambie y se expanda. Las regiones del norte y centro de Europa, que históricamente han tenido una menor incidencia debido a su clima más frío, se volverán más adecuadas para la transmisión. Los investigadores instan a fortalecer la preparación global frente a amenazas zoonóticas como esta.

Una única salud

En este sentido, otro estudio, publicado en Journal of Vector Borne Diseases, anima a adoptar un enfoque One Health – una ‘única salud’ en inglés–que involucre a todos los sectores de la sociedad para mejorar la salud y bienestar de los animales.

Los investigadores del trabajo opinan que los programas actuales contra enfermedades zoonóticas se concentran en un patógeno en particular y olvidan los efectos sistémicos y las causas generales que propician las transmisiones.

Es fundamental entender que para proteger la salud de las personas debemos cuidar la salud de los animales y el entorno que los rodea

Julio Álvarez, profesor de la Facultad de Veterinaria de la Universidad Complutense e investigador en el Centro de Vigilancia Sanitaria Veterinaria (VISAVET).

Concretamente, este tipo de enfermedades representan 2,5 millones de casos en humanos en todo el mundo y desencadenan la muerte 2,7 millones de personas cada año. Los expertos estiman que representan más del 50 % de todas las enfermedades transmisibles en el mundo, y para intentar mitigar sus efectos, animan a crear estrategias conjuntas que involucren a todos los sectores de la sociedad.

Según concluye Álvarez, los seres humanos estamos alterando la salud ambiental al provocar un desequilibro en el sistema y considera que se deben incluir a veterinarios y ecólogos en la toma de decisiones sanitarias. “Es fundamental entender que para proteger la salud de las personas debemos cuidar la de los animales, y no me refiero únicamente a la salud de nuestras mascotas, sino también de animales silvestres y el entorno que los rodea"

Fuente:
SINC
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