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Opinión

Amenaza sanitaria en Siria y Turquía tras el terremoto

Los devastadores terremotos del sur de Turquía y el norte de Siria han dejado ya más de 46.000 muertos, pero lo peor puede estar aún por venir. Los supervivientes se enfrentan ahora a riesgos sanitarios que van desde las complicaciones que pueden sufrir por las fracturas y amputaciones, a enfermedades infecciosas y brotes de cólera por la destrucción de los sistemas de saneamiento. Además, el coronavirus puede ser una nueva amenaza en esos lugares, debido al hacinamiento en los refugios.

Un peluquero afeita la cabeza de un niño en un campamento después de un poderoso terremoto, en Hatay, Turquía, el 19 de febrero de 2023. EFE/ Martin Divisek

Cuando ocurre un gran terremoto, como los que han sacudido el sur de Turquía y el norte de Siria, la prioridad viene dada por el gran número de heridos y el rescate de los supervivientes en un primer momento y cualquier noticia de un salvamento es celebrada a nivel internacional. Se ofrece y llega ayuda de diferentes países y organizaciones para salvar a la población afectada y tratar las necesidades médicas más urgentes, generalmente fracturas más o menos graves, lesiones por aplastamiento y heridas de diversa consideración. Asimismo se ciernen sobre esta población a la intemperie las condiciones climatológicas, el intenso frio, que provoca lesiones por hipotermia e incluso congelación

Sin embargo las amenazas para la salud de dicha población son, a medio y largo plazo, mucho mayores debido a la propia destrucción o daño en las infraestructuras, los servicios y los programas de salud, además de la pérdida o el colapso de la capacidad de prestar asistencia sanitaria, lo que va a dar lugar a diferentes tipos de riesgos.

Las amenazas para la salud de la población son, a medio y largo plazo, mucho mayores debido a la propia destrucción o daño en las infraestructuras, los servicios y los programas de salud

En primer lugar están las complicaciones derivadas de las heridas y fracturas que presenten los supervivientes. Las infecciones de dichos traumatismos con el riesgo sobrevenido de aparición de gangrena, colapso sistémico en los aplastamientos con riesgo de muerte por shock, o aparición de secuelas crónicas como amputaciones, cojeras u otras minusvalías que aumentan la presión sobre el sistema sanitario ya de por si precario como es el caso del norte de Siria que vive en guerra y son más de 3 millones de personas desplazadas por esta causa en los campos al sur de Turquía.

Enfermedades de larga duración dejan de ser atendidas

En segundo lugar, ese colapso de los servicios sanitarios o su ausencia o precariedad provoca que determinadas enfermedades de larga duración dejen de ser atendidas, incrementándose las complicaciones de diabetes, enfermedades cardiovasculares o cardiorrespiratorias, así como el retraso en la detección y por tanto del tratamiento de las mismas o de otras más graves como el cáncer.

En tercer lugar pero muy importante, se produce un aumento del riesgo de aparición de enfermedades infecciosas, tanto de transmisión fecohídrica o fecal-oral al resultar destruidos los sistemas de saneamiento y la rotura de la red de abastecimiento de agua potable por un lado, como de enfermedades de transmisión respiratoria como la Covid-19, la gripe u otras enfermedades de transmisión aérea como el sarampión, debido al hacinamiento de los supervivientes en campos de desplazados o en albergues temporales.

En el norte de Siria el mayor riesgo es la aparición de un nuevo brote de cólera, que supone una grave amenaza para la población más vulnerable dentro de la enorme vulnerabilidad de esta población

Actualmente, en esa parte de Siria el mayor riesgo es la aparición de un nuevo brote de cólera, enfermedad que ya apareció el pasado septiembre de 2022 achacable en parte a la sequía pero que supone una grave amenaza para la población más vulnerable dentro de la enorme vulnerabilidad de esta población, fundamentalmente niños y ancianos. En el mundo, las enfermedades diarreicas son la segunda mayor causa de muerte de niños menores de cinco años lo que indica el alto riesgo de mortalidad de la infancia tras el desastre.

Disentería y hepatitis A

Además de lo anterior, existe también riesgo de aparición de disentería por causa de la bacteria shigella que afecta sobre todo a las áreas con peores condiciones higiénicas y a los niños menores de 10 años y cuyos brotes se ven favorecidos por las situaciones de hacinamiento con escaso nivel de higiene como es el caso que nos ocupa.

Por otro lado, la ausencia de agua potable o la dificultad del acceso a la misma pueden aumentar el riesgo de hepatitis A. Esta zona del mundo está considerada como de endemicidad intermedia, de riesgo moderado, pero al desaparecer las infraestructuras de saneamiento e higiene de aguas residuales, aumenta el riesgo de transmisión por beber agua no tratada o contaminada.

No hay que olvidar los problemas de salud mental por estrés postraumático, de difícil cuantificación, agravada por el sufrimiento. Al duelo por la pérdida de familiares y amigos se suma la incertidumbre frente al futuro más próximo

Trastornos de ansiedad y depresión

Además de los riesgos comentados, aparecen problemas de salud mental por estrés postraumático, de difícil cuantificación, agravada por el sufrimiento. Al duelo por la pérdida de familiares y amigos se suma la incertidumbre frente al futuro más próximo, la precariedad de una existencia de desplazados, sin hogar, sin trabajo y con poca esperanza de mejora. Esta situación se prolonga en el tiempo, aumentando el número de personas con trastornos de ansiedad e incluso depresión.

La reducción de la capacidad de atención sanitaria, el enorme número de desplazados o refugiados, la destrucción de infraestructuras, la dificultad de acceso en algunas zonas, junto con unas malas condiciones climatológicas, hacen que la amenaza de enfermedades graves sea real y afectará sobre todo a los más vulnerables por su edad y condición en la parte turca del desastre y a la ya castigada población del norte de Siria, creando las condiciones perfectas para una grave crisis sanitaria

María Elisa Calle Purón es médica especialista en epidemiología, medicina preventiva y salud pública (Universidad Complutense de Madrid).

Fuente: SINC
Derechos: Creative Commons.
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