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Cómo hablar y escribir bien sobre la pandemia coronavírica: nivel avanzado

En estos doce meses de pandemia, ¿hemos aprendido a usar bien los nuevos términos para comunicarnos sobre la covid-19? Fernando Navarro, experto en traducción médica, ha resuelto varias de las cuestiones más complejas al hablar y escribir sobre epidemiología.

El personal sanitario de todo el mundo lleva un año trabajando sin descanso en los numerosos casos de covid-19. / Adobe Stock

En la primera entrega de esta tribuna ya vimos siete dudas frecuentes que nos planteamos cuando debemos escribir o comunicar sobre la pandemia: «El virus y la enfermedad»; «¿COVID-19 o covid-19?»; «Covid-19: ¿cómo se pronuncia?»; «¿El o la covid-19?»; «¿Coronavírico o coronaviral?»; «Mortalidad y letalidad» y «Herd immunity». Estas que siguen completan las grandes cuestiones coronalingüísticas:

Inmune, inmunitario, inmunológico e inmunizante

Estos cuatro adjetivos son correctos en español, pero cubren cada uno un campo semántico propio que no deberíamos confundir: inmune significa «que presenta inmunidad, que no es atacable por ciertas enfermedades»; inmunitario, «de la inmunidad o relacionado con ella»; inmunológico, «de la inmunología (ciencia que se ocupa del estudio de la inmunidad) o relacionado con ella»; e inmunizante, «que confiere inmunidad».

No tiene mucho sentido llamar al sistema inmunitario, como se ve con frecuencia ―incluso entre médicos―, ‘sistema inmune’ ni ‘sistema inmunológico’

Hablaremos, así, de ‘niños inmunes’ y ‘ratones inmunes’, pero de ‘respuesta inmunitaria’ y ‘enfermedades autoinmunitarias’, de ‘pruebas inmunológicas’ y ‘avances inmunológicos’, o de ‘suero inmunizante’ y ‘vacuna inmunizante’. Lo que no tiene mucho sentido, es llamar al sistema inmunitario, como se ve con frecuencia ―incluso entre médicos―, ‘sistema inmune’ (puesto que no lo es en absoluto) ni ‘sistema inmunológico’ (puesto que el sistema inmunitario existe en la naturaleza desde muchísimo antes de que naciera la inmunología; de hecho, desde muchísimo antes incluso del primer homínido).

Eso no obsta, por supuesto, para que, en la práctica –debido a la presión del inglés immune–, en español esté ya enormemente difundido el uso impropio de ‘inmune’ con el sentido de ‘inmunitario’, admitido por la RAE en 1992.

Respirador y respirator no son lo mismo

En español llamamos ventilador al aparato con aspas giratorias que moviliza el aire contenido en un local, por lo general para refrescar el ambiente o renovar el aire enrarecido; es decir, lo que en inglés llaman normalmente fan. Algo muy diferente del inglés ventilator: máquina de respiración artificial empleada en las unidades de cuidados intensivos para aplicar la ventilación mecánica invasiva en un paciente intubado; esto es, lo que nosotros llamamos respirador.

Muy diferente también de lo que en inglés llaman respirator, que es nuestra mascarilla respiratoria o mascarilla filtrante (también ‘mascarilla de protección respiratoria’ o ‘mascarilla autofiltrante’): mascarilla que impide el paso de pequeñas partículas (contaminantes, tóxicos, gases, microbios, etc.) y se usa con frecuencia como parte de un equipo completo de protección individual. Por ejemplo, las mascarillas FFP2 y FFP3 de la norma europea, o las mascarillas N95 de la norma estadounidense y NK95 de la norma china.

Además, en español llamamos también ‘mascarillas’ a las mascarillas médicas y quirúrgicas normales y corrientes, que únicamente impiden el paso de gotículas y no están pensadas para evitar el contagio propio, sino para no contaminar el campo quirúrgico o al paciente que tengamos delante. En inglés, en cambio, distinguen claramente entre los respirators del párrafo anterior y estas masks face masks más normalitas.

En inglés se llama respirator a nuestra mascarilla respiratoria o mascarilla filtrante como las FFP2 y FFP3 de la norma europea, o las mascarillas N95 de la norma estadounidense y NK95 de la norma china

Máscaras y mascarillas

Hablando de mascarillas, el inglés es una lengua que prácticamente no echa mano de los aumentativos y diminutivos como recurso léxico. En español, en cambio, no es solo que sean muy abundantes, sino además tremendamente expresivos: lagrimón, vidorra, pelazo, chicarrón, gafotas; yogurín, cigarrillo, musculitos, bebita, mesilla.

En medicina, la lengua inglesa no permite distinguir una jeringa (por ejemplo, la jeringa de otorrino para lavado de oídos) de una jeringuilla (por ejemplo, la jeringuilla de insulina con aguja hipodérmica), pues a ambas las llaman syringe. Lo mismo sucede con la distinción entre máscara (careta de gran tamaño que cubre y protege toda la cara: ojos, nariz y boca) y mascarilla (careta de pequeño tamaño que cubre únicamente la boca y la nariz).

Para nosotros es clarísima la diferencia existente entre una máscara antigás como la que portaban los equipos de protección NBQ cuando la catástrofe nuclear de Chernóbil y una mascarilla higiénica como las que llevamos por la calle en estos tiempos de pandemia. En inglés, en cambio, ambas son mask.

personas trabajando con distancia y mascarilla

Entorno laboral con medidas de prevención para evitar contagios por covid-19. / Pixabay

¿Distanciamiento social o distanciamiento físico?

En ausencia de vacunas y tratamientos específicos, las principales medidas adoptadas hasta las pasadas Navidades para frenar o contener la propagación del coronavirus buscaron sobre todo reducir o limitar al máximo la interacción social y mantener en sociedad una distancia interpersonal de dos metros.

Dado que esta distancia de seguridad únicamente se aplica a las interacciones sociales, y no al ámbito doméstico ni profesional (una anestesista, un peluquero, una auxiliar geriátrica siguen manteniendo, aunque sea con EPI, la misma distancia de siempre), muchos dieron en hablar de distanciamiento social (del inglés social distancing). Otros consideran, en cambio, que deberíamos decir distanciamiento físico (del inglés physical distancing), puesto que las personas deben permanecer conectadas socialmente aun cuando se mantengan físicamente separadas unas de otras.

Las principales medidas adoptadas en 2020 para frenar la propagación del coronavirus buscaron limitar al máximo la interacción social y mantener una distancia interpersonal de dos metros. Pero, ¿hablamos de distanciamiento social o físico?

La #recoFundéu del 7 de mayo de 2020 trajo las siguientes definiciones: «distanciamiento físico: mayor o menor lejanía entre las personas; distanciamiento social: grado de aislamiento de una persona en el seno de su sociedad». Con lo que, en lugar de aclarar las cosas, me temo que las complican más aún. La primera definición confunde los conceptos de ‘distancia’ (espacio que media entre dos cosas, normalmente medido en metros, que es la unidad de longitud) y ‘distanciamiento’ (acción de aumentar o mantener una distancia), y también los conceptos de ‘distanciamiento físico’ (entre dos objetos, como puedan ser una mesa y una silla) y ‘distanciamiento interpersonal’ (entre dos personas).

La segunda confunde los conceptos de ‘distanciamiento social’ (ya comentado) y aislamiento social (ausencia involuntaria de contacto social con otras personas; por ejemplo, en el caso de algunos ancianos, discapacitados, personas que viven solas, víctimas de violencia doméstica, etc.); que debe distinguirse a su vez de retraimiento social (o asociabilidad): aislamiento social voluntario, por rechazo a estar con otras personas; por ejemplo, durante la adolescencia difícil, en el caso de misántropos recalcitrantes, o en trastornos psiquiátricos como la esquizofrenia y la depresión.

Hay lengua más allá de la RAE

Cada nueva realidad trae consigo palabras específicas que debe conocer y usar quien quiera describirla, comentarla o relatarla a los demás. La pandemia de covid-19, lógicamente, las ha traído por millares. Las vacunas de Pfizer BioNTech y de Moderna son de ARNm encapsulado en nanopartículas lipídicas; la de AstraZeneca, de vectores adenovíricos; la inminente de Novavax, de subunidades proteínicas. Pues bien, ‘nanopartícula’, ‘adenovírico’ y ‘subunidad’ son tres palabras no admitidas aún por la RAE: «no existen», ha llegado a decirme algún médico.

Ante la avalancha de tecnicismos y neologismos covidianos, sorprende, la verdad, ver a muchos médicos especialistas, traductoras médicas y periodistas científicos acudir en busca de orientación al diccionario de la RAE, que claramente no es el lugar de referencia para el lenguaje técnico o especializado.

¿Se pueden creer que a estas alturas de 2021 el diccionario de la RAE no incluya aún términos como antihipertensor, biopsiar, biosimilar, cardiosaludable, citotóxico, copago, epigenoma, glucocorticoide, hiperpigmentación, inmunomodulador, interleucina, intraoperatorio, liposoluble, microrrotura, multiorgánico, murino, nolotil, omeprazol, osmolaridad, polimedicación, psicosexual, quimioterápico, radiofármaco, risoterapia, telecirugía, unicompartimental y ventolín?

Declarada ya la pandemia de covid-19, tuvieron que pasar aún más de seis meses hasta que la RAE dio entrada a «coronavirus» en su diccionario normativo. Fue el pasado 24 de noviembre

Así pasa luego como en marzo de 2020, cuando la declaración de la pandemia nos pilló en español con el término ‘coronavirus’ aún sin incorporar al Diccionario de la lengua española (DLE). En el álbum Astérix en Italia (publicado en 2017), sin embargo, los invencibles galos compiten en la gran carrera transitálica de cuadrigas contra un personaje enmascarado apodado Coronavirus, lo cual demuestra que el término estaba ya en la calle. Lógico, si tenemos en cuenta que en 2002 los coronavirus fueron noticia de portada en todo el mundo por la epidemia de síndrome respiratorio agudo grave, y en 2010 volvieron a serlo por la epidemia de síndrome respiratorio de Oriente Medio.

Declarada ya la pandemia de covid-19, tuvieron que pasar aún más de seis meses hasta que la RAE dio entrada a «coronavirus» en su diccionario normativo. Fue el pasado 24 de noviembre, cuando publicó en línea la versión electrónica 23.4 del DLE. En ella, se estrenaban también otros términos de pandemia: bioseguridad, coronavírico, COVID, cuarentenar, desconfinamiento, desescalada, infectología, seroconversión, seroprevalencia. Pero otros muchos –igual de frecuentes, si no más– siguen fuera. Leemos a diario sobre dispensadores de gel hidroalcohólico, cierres perimetrales o la necesidad de vacunar cuanto antes al personal sociosanitario; pero ‘hidroalcohólico’, ‘perimetral’ y ‘sociosanitario’ siguen sin estar admitidos; y lo mismo cabe decir de términos tan del momento como ‘antivacunas’, ‘autoaislamiento’, ‘conspiranoico’, ‘EPI’, ‘FFP2’, ‘posvacunal’, ‘reanálisis’, ‘teletrabajar’ y ‘zoonótico’.

Por suerte, hay lengua y recursos terminológicos especializados más allá de la RAE. En el caso de la coronavirosis pandémica, recomiendo de modo especial el Glosario inglés-español de covid-19, de consulta gratuita en línea. Fruto de la colaboración entre la plataforma Cosnautas de recursos profesionales para el lenguaje médico y la Asociación Internacional de Traductores de Medicina y Ciencias Afines (Tremédica), este glosario registra ya más de seis mil términos… y sigue creciendo.

Fernando A. Navarro es médico especialista en farmacología clínica, pero muy pronto colgó el fonendo y la bata blanca para ganarse la vida como médico de palabras. Traductor médico con más de treinta años de experiencia a sus espaldas, desde 2006 está al frente del «Laboratorio del lenguaje» en Diario Médico.

Fuente: SINC
Derechos: Creative Commons.
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