POLÍTICA CIENTÍFICA: Política científica

Austria: Scicom 2010

El nuevo (y viejo) orden de la comunicación científica

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Abran juego en el mundo de la comunicación científica de riesgos. Tensiones, intereses, y manipulaciones cortan la baraja geopolítica. Más de un centenar de expertos debatieron la semana pasada en Viena las formas de comunicar hoy los temas de investigación “sensibles”. Fraude científico, salud y medicamentos, estudios genéticos, desastres medioambientales, tecnologías, redes sociales… ¿Qué importancia tiene la ética en estas cuestiones?

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Laura Corcuera | 19 noviembre 2010 16:53

<p>En su tercera edición, SCICOM 2010 ha abordado el ‘riesgo de la comunicación científica’. En la imagen, entrada de la Universidad Tecnológica de Viena (TU), sede del encuentro europeo. <a href="http://agenciasinc.es/esl/imagenes/inicio/(imagen)/67664" target="_blank">Foto</a>: SINC.</p>

En su tercera edición, SCICOM 2010 ha abordado el ‘riesgo de la comunicación científica’. En la imagen, entrada de la Universidad Tecnológica de Viena (TU), sede del encuentro europeo. Foto: SINC.

Nadie hablaba todavía de comunicación de la ciencia, ni de cultura científica, ni de riesgos de la comunicación cuando en 1922 Johan Craidoff y Moritz Schlick fundaron en Austria el Círculo de Viena (Wiener Kreis) para la concepción científica del mundo.

Con una inmensa tradición científica y artística, Viena tuvo que esperar hasta 2007 para tener un foro anual de debate sobre la comunicación de la ciencia. Aquel año la agencia privada vienesa Science2public decidió poner en marcha SCICOM. Se trataba de juntar a todos los responsables de prensa de las de las 21 universidades austríacas, y a buena parte de los centros científicos, así como periodistas europeos e investigadores para poner en común nuevas y viejas formas de informar sobre ciencia.

En su tercera edición, el encuentro europeo ha destripado en la ciudad de los concilios los detalles de eso que entendemos por ‘riesgo de la comunicación científica’, así como la percepción social de los temas controvertidos y el papel de las tecnologías en el derecho a la información (en su doble vertiente, libertad de expresión y acceso a la información).

Más de 100 expertos y expertas participaron en mesas redondas y talleres de resolución de crisis de comunicación de riesgos. En su ponencia, Anastasia Parianou, editora y profesora de traducción técnica en la Universidad de Ionian (Grecia), fundamentó la efectividad de la comunicación en las emociones y en las sensaciones. A partir de las estrategias institucionales para reducir el consumo de tabaco, diferenció entre mensajes estéticos, creibles y efectivos.

Algo parecido dijo bajo un enfoque ‘fenomenalista’ el físico, psicólogo y filósofo austriaco Ernst Mach (1838-1916): “Todo conocimiento debe partir del análisis de las sensaciones”. Y ahora leamos esta frase: “Entre 1985 y 2000 los glaciares alpinos han perdido el 22% de su área, y los glaciares antárticos han doblado su rapidez de derretimiento desde 1990". ¿Qué sentimos? ¿Qué inferimos?

Algunos asistentes puntualizaron que ni en periodismo ni en ciencia podemos hablar de fe o creencia, si no de “método, veracidad y contraste de fuentes” que permitan elaborar opiniones y tomar decisiones fundamentadas, sea el campo que sea. La frase del párrafo anterior es un ejemplo periodístico de síntesis que nos cuenta de forma limpia y clara lo que ya es una evidencia científica.

Fraudes y riesgos

Además de la gripe aviar y de los efectos perniciosos del tabaco, largo y tendido se habló de la legitimidad del discurso científico y de cómo ésta se tambalea con los casos de fraude y escándalos de retirada de artículos.

“Uno de cada tres investigadores de EE UU reconoce haber falseado datos en sus trabajos”. Este fue el titular lapidatorio que en 2005 tiraría por tierra la integridad de la ciencia y generaría la imagen corrupta de la ciencia. Los medios se hicieron eco del primer estudio cuantitativo sobre conductas de fraude científico y conflicto de intereses, que realizó la Fundación Health Partners con financiación de los Institutos Nacionales de Salud de EE UU (NIH, por sus siglas en inglés).

En los pasillos del encuentro se habló de la Oficina de Política Científica y Tecnológica (OSTP) de EE UU, que en diciembre de 2000, hace ahora una década, marcó las pautas mundiales de la actividad científica, y estableció como prácticas censurables “la producción, falsificación y plagio a la hora de proponer, realizar o revisar la investigación o para dar a conocer los resultados”.

También fue recordado un trabajo publicado en The New England Journal of Medicine que denunció en mayo 2005 que la industria farmacéutica ejerce presiones en las universidades de EE UU.

O los últimos caso de la revista Science: el de Paola Sebastiani con su artículo que la comunidad de genetistas ha puesto en tela de juicio (“Firmas genéticas de longevidad excepcional en humanos”), y el del investigador del Instituto de Catálisis y Petroleoquímica Manuel Ferrer, el primero en la historia del Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC). Este segundo artículo presentaba un chip para analizar la red metabólica de una población celular en un momento determinado. El equipo científico se retractó la semana pasada en una carta en la propia Science.

Miedos y fobias

Durante las sesiones, cada ponente abordó de una u otra forma los miedos y las fobias que crea la desinformación en ciencia. Para Jolanta Siller-Matula, de la Universidad médica de Viena y divulgadora experimentada (participó en el ESOF 2008 de Barcelona), “las personas que están en contra de la investigación con animales (fundamental en el campo de la biomedicina) no saben que el porcentaje de ratones y chimpancés utilizados en el laboratorio es menos del 1% de lo que mueve la industria alimenticia con la carne”.

Otro tema peliagudo: el uso científico de embriones humanos y sus células en medicina regenerativa. Las religiones budistas, islámicas y judías lo aceptan para curar enfermedades, pero la doctrina oficial cristiana católica se opone a ello. En la actualidad los comités de bioética consideran que la experimentación con embriones producidos in vitro no es rechazable, y que su uso es “claramente aceptable”. La normativa legal permite iniciar estas investigaciones, aunque su prohibición en EE UU tiene ya cronología.

En este sentido, la población española y la británica son la más favorables de Europa a la investigación con células madre embrionarias. Según el último Eurobarómetro, en España, el 78% de las personas respalda este tipo de investigación por considerarla necesaria para encontrar nuevos tratamientos contra enfermedades degenerativas. En Austria sólo un 39 % de la población lo apoya.

“La ciencia se asocia en Austria a riesgo y a peligro. El 80% de la población austriaca no quiere que se realice investigación en física nuclear”, explica Florian Aigner, responsable de prensa de la Universidad Tecnológica de Viena (TU).

La vigilancia mundial sobre pruebas nucleares se lleva a cabo en Viena, en el centro de la Comisión Preparatoria de la Organización del Tratado de Prohibición Completa de Ensayos Nucleares (CTBTO) de las Naciones Unidas.

Pero investigar siempre es algo positivo, sea el objeto de estudio que sea: en organismos genéticamente modificados, física nuclear, células madre, partículas subatómicas, indicadores medioambientales... El riesgo no viene de la ciencia en sí, si no de la aplicación de la misma (por ejemplo, la investigación militar).

‘Old school’ y nuevos medios

En la actualidad la mayoría de los medios (en papel, online o audiovisuales) publican las últimas noticias después de los blogs y las redes sociales como Twitter y facebook. Hubo un aparente consenso en esta cuestión tan relevante, no sólo para los profesionales de la información.

Alexander Gerber, del centro de investigación en comunicación de la ciencia y la innovación Innocomm de Berlín, ofreció dos interesantes charlas sobre medios 2.0 y peer reviewed journalism (revisión por pares del periodismo). El experto alemán habló de la necesidad de certificar la información científica en internet: “Necesitaríamos además grupos de personas expertas o un wikiwatch para corregir la información falsa sobre ciencia que aparece en la web”.

Por su lado, Malcom Love, experiodista de la BBC y asesor de comunicación dinamizó un taller de cinco horas sobre cómo se comunicó la explosión de la plataforma petrolífera Deepwater Horizon de la British Petroleum (BP), que vertió en el Golfo de México entre 35.000 y 60.000 barriles de petróleo diarios, desde el 20 de abril de 2010 hasta al menos dos meses después. Por grupos, los participantes representaron el papel de todos los agentes implicados: el gabinete de comunicación de la Casa Blanca, el de BP, el de la Shell, los medios de comunicación y la ciudadanía afectada.

Un juego de enorme eficacia para entender las estrategias de marketing de lobbies y grupos de interés a la hora de comunicar desastres. Nadie se acordó en Viena de la catástrofe del Prestige en aguas españolas y francesas, pero Love recordó algo crucial: en Nigeria hay cada año una explosión similar o mayor que la acontecida en el Golfo de México, aunque ningún medio publica ninguna noticia.

“La gente cree que las noticias nacen y crecen como los champiñones, pero las noticias se construyen, y responden a decisiones tomadas por alguien”, afirma Love.

Ciencia y divertimento

Durante tres días también se sucedieron charlas sobre nanoproductos, plásticos, física cuántica o el papel de organizaciones no gubernamentales como la Cruz Roja. El SCICOM 2010 tuvo también sus momentos de divertimento. Además de un Science Lounge organizado la última noche para intercambiar opiniones, comida y bebida mediante, en la primera velada dos investigadores austríacos hicieron demostraciones de lo que podría llamarse “ciencia teatralizada”.

La pareja de científicos venía del último FameLab, el concurso mundial de divulgación que organiza el Cheltenham Science Festival, British Council y este año Ciência Viva para obtener por parte del público no especializado un reconocimiento al ‘talento científico’. Cada año miles de investigadores de más de 18 años presentan una idea científica a un panel de jueces expertos; una explicación divertida y clara que no supera los tres minutos.

“En clave seria y divertida, siempre veraz y rigurosa, la comunicación científica es necesaria para toda la sociedad y debemos asegurar la pluralidad de opiniones, así como protocolos éticos y deontológicos que podamos compartir”, concluyó para SINC Susanne Schwinghammer, la organizadora del SCICOM y directora de la agencia Science2public.

Zona geográfica: Europa
Fuente: SINC

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