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Los cultivos de biomasa se adaptan en la Patagonia

Un ejemplo de supervivencia

La Patagonia oriental, la parte más austral del Cono Sur, es un basto territorio cubierto en gran parte por un suelo pobre y árido. En ese terreno yermo, una iniciativa argentina pretende realizar cultivos energéticos para la elaboración de biomasa. A unos 14.000 kilómetros de distancia, en la Universidad de Salamanca, el catedrático Enrique Monte está aplicando algunos de los genes del hongo Trichoderma a plantas modelo para lograr que estos vegetales sobrevivan en ese medio hostil.

Arabidopsis thaliana

La investigación que dirige Monte en el Centro Hispanoluso de Investigaciones Agrarias (Ciale) parte de su trabajo en genómica funcional respecto al Trichoderma, un hongo microscópico que habita en plantas, suelos e incluso en partes de la ropa de los seres humanos. "Lo puedes encontrar en las suelas de tus zapatos", indica el científico. Con una morfología muy sencilla, se puede adaptar a cualquier tipo de vida, a diferencia de otros, como la roya, un hongo citopatógeno que se especifica en cada cultivo en el que se encuentra.

A diferencia de la roya, además, el Trichoderma no daña a la planta en la que vive, sino que funciona de control biológico: impide el ataque de agentes patógenos externos. Monte aisló esporas del hongo (el mecanismo reproductivo que utilizan estos seres vivos), con el fin de conocer ese mecanismo defensor. Su resultado fue el fungicida Tusal (un acrónimo de Trichoderma de la Universidad de Salamanca) que empezó a utilizar una empresa de biotecnología. "Fue el primer registro fungicida obtenido en España", explica el catedrático.

Como si fuera Antonio Banderas

"El Trichoderma es como Antonio Banderas en la película La máscara del Zorro: es un malo, un patógeno, que ataca a los otros malos, pero con la otra mano defiende a Catherine Zeta-Jones, a su chica, esto es, a la planta", le gusta comparar a Monte, que hoy ofreció un seminario en el Ciale precisamente titulado "Trichoderma: esporas, genes y Antonio Banderas".

Una de las nuevas aplicaciones que tiene este hongo microscópico gracias a su gran potencial de genes (posee 11.000, casi como una mosca; mientras el ser humano llega a 35.000) es la ayuda que le proporciona a la planta en la que habita. Entre 2003 y 2006, el grupo de excelencia que dirige obtuvo un proyecto europeo para el desarrollo genómico funcional del Trichoderma.

"En ausencia de un patógeno, favorece el desarrollo de la planta a través de un diálogo molecular y le sirve de vacuna ante futuros ataques", explica en experto. Ese análisis genómico funcional estaba encaminado a secuenciar el ARN (ácido ribonucleico) mensajero para sintentizar proteínas. Por ello, en el análisis genómico secuenció aquellos genes que se transcriben, esto es, desechó el denominado ADN basura que sí se ennumera en los análisis genómicos estructurales. Fruto de este trabajo, el equipo del Ciale ha descrito 14.000 genes de nueve especies de Trichoderma y ha caracterizado 30, aquéllos que confieren resistencia al hongo frente a circunstancias adversas.

Algunos de estos genes resistentes se les ha prestado ahora a una planta modelo, la arabidopsis (Arabidopsis thaliana), con el fin de comprobar si esa capacidad de supervivencia en cualquier tipo de hábitat es posible para vegetales. A lo largo de 2009, indica Monte, se empezarán a ver los resultados.

La compañía argentina que pretende obtener biomasa a través de cultivos energéticos transgénicos está al corriente de estas investigaciones para, en un futuro, abrir nuevas líneas de investigación en las plantas que pretenden sembrar en la inhóspita Patagonia, aunque, advierte el investigador, no financia actualmente el estudio. Monte, que también es profesor de doctorado en la Universidad de Buenos Aires, expondrá algunos de sus últimos avances en el congreso chileno de control biológico que se celebrará en mayo.

Fuente: SINC/ DiCYT
Derechos: Creative Commons