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Un drago de más de 12 metros de altura que, pese a su tamaño, ha permanecido oculto en las selvas de Tailandia. / Warakorn Kasempankul - Parinya Siriponamat.
Un comité internacional de investigadores selecciona cada año 10 especies entre las cerca de 18.000 que se descubren. Este año ha incluido en su lista un minúsculo crustáceo en la costa de California descubierto por un científico de la Universidad de Sevilla.
Investigaciones sobre el comportamiento de los fluidos, el plegamiento de proteínas, el aprovechamiento industrial del CO2 o la obtención de energía por fusión nuclear son algunos de los trabajos galardonados con los Premios de Física 2013 que han entregado este martes la Real Sociedad Española de Física (RSEF) y la Fundación BBVA.
Los sistemas reproductivos de las hembras de cerdo reconocen si un espermatozoide engendrará un macho o una hembra antes de la fecundación. Además, sus trompas de Falopio tienen la capacidad de cambiar su respuesta en consecuencia, según un estudio en el que participan investigadores de la Universidad de Murcia.
Científicos del Instituto de Ciencias Fotónicas (ICFO) han liderado el desarrollado de un pequeño chip que detecta marcadores de proteínas de cáncer en la sangre. Estas son atraidas por nanopartículas de oro incorporadas en la superficie de este minilaboratorio.
Nanochip, equipado con nanopartículas de oro –capaz de diagnosticar un cáncer en etapas precoces. / Efe/ICFO
Un equipo de la Universidad de Sevilla ha desarrollado una tecnología que permite el uso más seguro de monedas virtuales como Bitcoin y otras criptomonedas para pagar en internet. La herramienta, denominada WesSafe, se basa en el protocolo de encriptación que utiliza Bitcoin, que permite la creación de claves privadas y públicas del monedero del usuario, por lo que un hacker nunca podría descifrar la clave completa.
Investigadores del Centro Nacional de Aceleradores en Sevilla y otros 30 centros internacionales han confirmado que los niveles elevados de plutonio y yodo radiactivo que presentan las algas del mar Báltico se deben al impacto del accidente de Chernóbil en 1986, así como a las descargas de radionucleidos procedentes de la planta de reprocesamiento de Sellafield, en Reino Unido. El estudio forma parte de procesos de certificación para la Organización Internacional de la Energía Atómica.