La misión Gaia de la Agencia Espacial Europea (ESA) acaba de presentar sus últimos datos, ofreciendo información nueva y mejorada de casi 2.000 millones de estrellas de la Vía Láctea. Los resultados también permiten describir con mayor precisión insólitos ‘terremotos estelares’, la composición química o ‘ADN’ estelar o los movimientos de estos astros, además del crecimiento con material de galaxias vecinas.
Revisando datos del telescopio espacial Hubble, un equipo de astrónomos ha descubierto un objeto único en el lejano universo primigenio. Se trata de un ‘eslabón perdido’ entre las galaxias formadoras de estrellas y objetos cuasiestelares muy luminosos, un precursor de los primeros agujeros negros supermasivos.
Este científico del Instituto de Astrofísica de Andalucía perdió la vista cuando preparaba su tesis doctoral. Aquello le cambió la vida, pero no le ha impedido continuar su carrera investigadora y trabajar por una astronomía más accesible e inclusiva.
Un avanzado instrumento infrarrojo ha observado que la espesa nube de polvo del centro de la galaxia Messier 77 es lo suficientemente gruesa como para ocultar el agujero negro que está en su interior. El hallazgo confirma el llamado ‘modelo unificado’ de los núcleos galácticos activos predicho hace 30 años.
Combinando observaciones desde tierra y el espacio, el Instituto de Astrofísica de Andalucía ha obtenido la mejor imagen de las regiones centrales de la galaxia OJ 287. Los datos podrían confirmar la existencia de dos agujeros negros supermasivos, con el secundario orbitando al primario y perforando periódicamente su disco de acreción.
El 24 de enero está previsto que el telescopio espacial James Webb realice su inserción orbital en L2, un punto situado a 1,5 millones de kilómetros de la Tierra desde donde observará las primeras luces del universo. Pero antes de comenzar sus operaciones científicas, durante los próximos cinco meses, tendrá que completar su enfriamiento, alinear sus espejos y calibrar todos los instrumentos.
Después de un cuarto de siglo de desarrollo, el día de Navidad de 2021 por fin se ha lanzado desde la Guayana Francesa el observatorio más potente y sensible jamás enviado al espacio. Operando con luz infrarroja, podrá observar las primeras estrellas y galaxias del universo, además de exoplanetas en los que podría detectar biomarcadores en sus atmósferas. Los próximos días serán cruciales para el complicado despliegue de sus componentes.
Buscando análogos cercanos de las primeras galaxias formadas en el universo, investigadores del Centro de Astrobiología y otros centros internacionales han detectado un inicio irregular, con períodos violentos de formación de estrellas seguidos de otros donde las galaxias parecen dormidas. Los datos los han facilitado el telescopio espacial Hubble y el Gran Telescopio Canarias.
Astrofísicos de las universidades Autónoma de Madrid y de Buenos Aires plantean que la clásica división entre galaxias formadoras o no de estrellas puede ocultar la diversidad de estados evolutivos e intermedios observados en el universo. Simplemente podrían envejecer lentamente como si fueran velas que se apagan.
Las galaxias satélites forman más o menos estrellas dependiendo de su orientación con respecto a la galaxia que está en el centro, que a su vez, se ve afectada por el gas y la energía que expulsa su agujero negro central. Este inesperado efecto ha sido observado y analizado por investigadores del Instituto de Astrofísica de Canarias y otros centros internacionales.