La comunidad científica ha debatido una y otra vez desde hace décadas la causa de la extinción de los dinosaurios no solo por la colisión de un asteroide, sino también por la actividad volcánica. Un nuevo estudio pone fin a este debate y rechaza el vulcanismo como detonante de la extinción del 70 % de las especies a finales del Cretácico.
Nuevas imágenes del asteroide Ryugu arrojan luz sobre su composición y origen y refuerzan la teoría de que un evento catastrófico fue el responsable de su formación. Además, muestran que en su superficie no hay partículas finas. Los datos, tomados por el módulo MASCOT el año pasado, se publican hoy en la revista Science.
El asteroide Bennu, clasificado como potencialmente peligroso por su proximidad a la Tierra, es más antiguo de lo esperado, con una edad de entre 100 millones y 1.000 millones de años, y características similares a los meteoritos más primitivos. En su superficie abundan los minerales hidratados y aparecen rocas grandes. Estos son algunos de los datos que ha recogido la nave OSIRIS-REx de la NASA mientras orbita alrededor de él.
Desde que en junio pasado alcanzó el asteroide Ryugu, la sonda japonesa Hayabusa 2 ha fotografiado y recogido datos sobre este objeto con forma de peonza. Las observaciones revelan que es una 'pila de escombros' de origen diverso, con minerales hidratados y rico en carbono, una información que puede ayudar a conocer mejor los ingredientes para la vida en el primitivo sistema solar.
Este lunes la nave espacial OSIRIS-REx de la NASA ha alcanzado el asteroide Bennu. Durante más de un año lo estudiará y cartografiará para preparar un complicado objetivo: descender en julio de 2020 a su superficie, recoger una muestra y traerla a la Tierra en 2023.
Investigadores del Instituto de Ciencias Matemáticas y la Universidad de Pisa han confirmado que algunos de los modelos matemáticos que se emplean para seguir a los asteroides ofrecen buenas aproximaciones estadísticas. Las matemáticas son especialmente importantes para seleccionar aquellos que tienen mayor probabilidad de colisionar contra nuestro planeta y poder analizar sus trayectorias.
El año pasado se localizó a ‘Oumuamua, el primer objeto llegado desde fuera del sistema solar. En principio los astrónomos habían consensuado que se trataba de una nueva clase de asteroide, pero ahora un equipo europeo ha detectado una aceleración no gravitacional en su trayectoria, característica propia de los cometas.
Un equipo de astrónomos ha descubierto un extraño asteroide rico en carbono, denominado 2004 EW95, el primero de su tipo confirmado en la periferia del sistema solar. Probablemente se formó en el cinturón de asteroides entre Marte y Júpiter, pero luego fue lanzado a miles de millones de kilómetros hasta su hogar actual, en el cinturón de Kuiper.
Las primeras observaciones de un asteroide llegado a nuestro sistema solar procedente del espacio interestelar han sorprendido a los astrónomos. El objeto, bautizado con el nombre hawaiano de ‘Oumuamua, no se parece a nada visto antes: es metálico o rocoso, con un color rojo oscuro y, sobre todo, muy alargado. Su longitud es de al menos 400 metros y, después de girar cerca del Sol, se aleja a la vertiginosa velocidad de 95.000 km/h.