¿Llegaremos a cumplir 100 años? Científicos de la Universidad de Boston (EE UU) afirman que, en un futuro, será posible conocer las probabilidades de vivir una larga vida. Una serie de firmas genéticas, particularmente comunes en las personas centenarias, podrían ser la clave, factores ambientales y familiares al margen. Los resultados también pueden aplicarse en el estudio del envejecimiento.
Un artículo publicado en la revista Aging Cell por investigadores españoles ha sido seleccionado como uno de los 1.000 mejores trabajos de investigación del año 2009 por Faculty of 1000, una publicación electrónica en la que reputados especialistas de distintos campos seleccionan y valoran artículos científicos en un ranking mundial.
Mediante el uso de técnicas paleohistológicas, los investigadores Meike Köhler y Salvador Moyà, del Institut Català de Paleontologia (ICP-UAB), han podido inferir la fisiología del un mamífero extinguido Myotragus balearicus. El estudio, basado en el bóvido endémico Myotragus balearicus, se publica en el último número de los Proceedings of the National Academy of Science (PNAS).
El mono rhesus Canto, de 27 años de edad, uno de los ejemplares más ancianos.
El mono rhesus Owen, de 29 años de edad, estudia su reflejo en un espejo mientras sostiene un juguete.
Los famosos moais de la isla de Pascua, de donde proviene el sirolimús.
Un grupo de investigación de la Universidad Complutense de Madrid (UCM) ha demostrado cómo ciertos marcadores del sistema inmunitario son similares en personas centenarias y en jóvenes adultos. El estudio indica que los hábitos saludables que refuerzan las defensas son el antecedente de una vida más longeva y de mayor calidad
Investigador y profesor en la Universidad Pablo de Olavide de Sevilla, donde dirige un grupo de investigación que estudia la genética de la longevidad en el gusano Caenorhabditis elegans.
Investigadores del Centro Médico Universitario de Groningen (Holanda) han estudiado el caso de una mujer de 115 años de edad que conservó una perfecta salud mental durante toda su vida sin signos, o signos mínimos, de enfermedad de Alzheimer. El trabajo muestra que la mujer tenía un cerebro esencialmente normal. Las conclusiones del estudio han aparecido publicadas online en la revista Neurobiology of Aging.