Hasta ahora, los fósiles de peces procedentes del fondo marino databan de 50 millones de años. La revista PNAS ha publicado un estudio, con participación española, sobre la existencia de trazas que habrían dejado tres especies de estos animales cuando se alimentaban o se movían.
Algunos de ellos podrían perder hasta el 70 % de su medio para finales de siglo. Esta es la conclusión de una investigación en doce especies de peces altamente migratorios y con alto valor económico y ecológico como los tiburones, el atún o el pez espada.
Un estudio de investigadores de EE UU, realizado con peces guppy, muestra que los individuos con rasgos poco comunes resultan más atractivos para las hembras. Sin embargo, estas características dejan de tener preferencia cuando se vuelven frecuentes en las siguientes generaciones. Estos resultados explican cómo se mantiene la diversidad genética en la especie, clave para la evolución.
Un equipo científico ha logrado identificar los genes que permiten a los peces teleósteos marinos hidratar los huevos para que floten y se dispersen, y logren sobrevivir. Los mecanismos identificados aportan nuevos datos sobre la evolución de los teleósteos, grupo al que pertenece casi el total de los peces marinos actuales, cuyos antepasados se aventuraron a pasar del agua dulce al dominio salino.
Fósiles de peces del Silúrico temprano, de hace entre 436 y 439 millones de años, aportan nuevos conocimientos sobre la diversificación inicial de los vertebrados con mandíbula, entre los que figuran los humanos. Cuatro artículos de la revista Nature presentan nuevas especies y describen los dientes más antiguos conocidos de este grupo animal.
Además de elefantes, chimpancés, delfines o urracas, algunos peces también parecen reconocerse ante un espejo, según concluyó hace tres años un equipo de científicos que recibió duras críticas por este hallazgo. Ahora, los mismos expertos aportan nuevas evidencias que corroboran la capacidad de autoconciencia de estos animales.
La caída de las coladas al mar en La Palma ha impactado sobre todo a los organismos que viven fijos en el fondo oceánico, mientras que los peces evitan la zona. Los expertos esperan que la catástrofe tenga efectos localizados y de menor impacto que la erupción submarina que tuvo lugar en El Hierro en el año 2011.
La transición de los peces a los tetrápodos, que se produjo hace unos 390 millones de años, fue un proceso de cambio que se hizo a un ritmo evolutivo acelerado. Las innovaciones anatómicas que tuvieron lugar en el cráneo y las mandíbulas fueron fundamentales para la adaptación al medio no acuático, según indican los expertos.