Un gran seísmo sacudió Turquía y Siria a comienzos de febrero y se cobró más de 50.000 vidas. Desde que existen registros, el terremoto con más víctimas del que se tiene constancia ocurrió en China en 1556, con cerca de 830.000 fallecidos, mientras que en Chile se detectó en 1960 el de mayor magnitud: 9,5. Los cinco más fuertes se asocian con devastadores tsunamis.
El seísmo, de magnitud 7,8, ha tenido lugar en la falla de Anatolia oriental, afectando al sur de Asia Menor. Los autoridades turcas y sirias han contabilizado inicialmente centenares de fallecidos, pero los expertos estiman una cifra final de miles de muertos.
Según un nuevo estudio, el núcleo interno de nuestro planeta se habría frenado hasta alcanzar la misma velocidad de rotación que las capas más externas, o incluso ligeramente inferior. Desde la superficie lo veríamos como si se hubiera parado, o en dirección contraria. Lo explican investigadores del Instituto de Geociencias (CSIC-UCM), quienes aclaran que es poco probable que estos pequeños cambios tengan efectos apreciables.
Tras analizar decenas de terremotos, dos científicos chinos han deducido que el corazón de hierro de nuestro planeta se ha podido frenar recientemente y aparentemente girar en sentido contrario a como lo hacía antes, en un ciclo de oscilación de unas siete décadas. Estos cambios se asocian a ligeras variaciones en el campo magnético y la duración del día en la superficie terrestre.
Investigadores de la Universidad Politécnica de Madrid y de IMDEA Materiales han desarrollado y patentado un sensor de terremotos que funciona sin baterías, ofrece gran sensibilidad, resiste condiciones adversas y permite visualizar las señales en cualquier dispositivo con internet. Está basado en el efecto triboeléctrico, el mismo que se produce al frotar un peine por el pelo.
Además de transmitir ingentes cantidades de información entre continentes, los cables de fibra óptica transoceánicos pueden actuar como sensores ambientales de movimientos sísmicos y corrientes oceánicas. Para conseguirlo, una nueva técnica utiliza los repetidores que llevan estas infraestructuras y ha logrado detectar terremotos de Perú e Indonesia en una línea que conecta Reino Unido con Canadá.
Una investigación internacional demuestra cuantitativamente cuándo es posible que la actividad sísmica tenga un efecto disparador en las erupciones volcánicas. Además, este trabajo revela que los terremotos de América Central en 2012 habrían influenciado la erupción y activación de algunos volcanes de la zona.
Investigadores del CSIC y la Universidad de Alcalá han desarrollado un dispositivo que permite utilizar un cable de fibra óptica del Observatorio del Roque de los Muchachos en una red sísmica con miles de sensores. Sus datos informarán de movimientos en el terreno y complementarán a los que ya aportan los sismógrafos convencionales.
El volcán de Cumbre Vieja sigue rugiendo sin cesar. Debajo, el magma que se había acumulado a varios kilómetros de profundidad busca su camino hacia la superficie, acompañado de sismos, gases y deformaciones del suelo. El final de la erupción dependerá de la evolución de este líquido formado por roca fundida a más de 1.300 ºC.
La destrucción que deja a su paso la colada de lava en La Palma ha relegado a un segundo plano los daños que los numerosos seísmos, aunque de baja intensidad, pueden estar ocasionando en las edificaciones no afectadas directamente por la erupción. Dos expertos consultados por SINC señalan que nuestro país tiene una normativa sísmica de construcción anticuada, que no protege a las viviendas frente a estos fenómenos.