El análisis del ADN antiguo de dos individuos momificados del norte de Chile ha permitido identificar la cepa de viruela más antigua conocida de América. El hallazgo aporta la evidencia genética más sólida hasta la fecha de que el virus llegó al Nuevo Mundo con la colonización europea.
Un estudio en ratones identifica un papel esencial de la proteína GRK2 para mantener el ciclo del pelo, la arquitectura del folículo piloso y la función de sus células madre.