El humo de estos grandes fuegos es una mezcla compleja de gases y partículas finas que dañan nuestro organismo tras penetrar en las vías respiratorias y acceder al torrente sanguíneo. La creciente incidencia de estos desastres climáticos aumenta el riesgo de exposición.
Estos insectos son una molestia del verano en nuestras latitudes, y en otras regiones del mundo pueden llegar a ser un riesgo mortal. Para protegernos de sus picaduras contamos con herramientas eficaces como repelentes, mosquiteras o insecticidas, pero conviene huir de otros métodos engañosos que no cumplen lo que prometen.