La inteligencia artificial no siempre es una buena aliada a la hora de tratar asuntos importantes como la salud, ya que su uso inadecuado podría amplificar las diferencias sociales e infravalorar las necesidades poblacionales de mujeres y minorías en estos entornos. Para impedir que esto suceda, un equipo de expertos recomienda diseñar los algoritmos en equipos más inclusivos.
En fase preclínica, actúa como un 'escudo molecular' impidiendo la formación de agregados de la proteína amilina, que destruyen las células productoras de insulina.