Las formas deformadas de las cabezas en los fósiles humanos de hace entre más de un millón y 110 000 años muestran que los bebés probablemente eran tan indefensos como los humanos modernos, y que requerían cuidados parentales constantes.
Una nueva investigación, realizada en Japón e Indonesia y publicada en Proceedings of the Royal Society B, los padres humanos arcaicos tenían que cuidar de bebés indefensos igual que lo hacen los padres modernos.
La investigación describe la forma de la cabeza a partir de escaneos de bebés vivos, restos óseos históricos japoneses, especímenes fosilizados de Homo erectus y Homo floresiensis, y compara estos datos con las medidas de cráneos secos de otros grandes simios.

Nuestros hallazgos sugieren que la práctica de cuidar a los hijos se remonta a más de un millón de años atrás. Podemos asumir que las poblaciones ancestrales de Homo floresiensis ya lo presentaban

La forma de la cabeza humana a lo largo de las épocas, así como las muestras fosilizadas, mostraron una gama mucho más amplia de plagiocefalia deformacional o postural, también conocida como síndrome de cabeza plana.
El equipo considera esto como evidencia de que los humanos arcaicos daban a luz a bebés indefensos, lo que tiene implicaciones para las prácticas de cuidado infantil y posibles comportamientos sociales cooperativos que se remontan a cientos de miles de años.
“Nuestros hallazgos sugieren de forma indirecta que la práctica de cuidar a los hijos se remonta a más de un millón de años atrás. Podemos asumir con seguridad que las poblaciones ancestrales de Homo floresiensis ya lo presentaban”, comenta a SINC Yousuke Kaifu, del Museo de la Universidad de Tokio y primer autor del estudio.
Muchos padres comparten el miedo que supone llevar a casa a un recién nacido. En comparación con otros grandes simios, es decir, grandes primates clasificados en la misma familia que los humanos, nuestros hijos nacen completamente indefensos, con músculos del cuello débiles, huesos craneales blandos y cerebros aún subdesarrollados, que continúan creciendo rápidamente después del nacimiento.
Una teoría al respecto, conocida como el dilema obstétrico, lo considera una compensación entre la capacidad de caminar erguidos, lo cual afecta la forma del canal del parto, y tener hijos con cerebros grandes. Pero, ¿en qué momento de nuestra línea evolutiva comenzó esta fase de indefensión neonatal, y las responsabilidades parentales que conlleva?
Es una pregunta difícil de responder. Los fósiles de nuestros ancestros arcaicos suelen estar fragmentados y rara vez corresponden a bebés. Sin embargo, un nuevo planteamiento, aplicable a fósiles de cualquier edad, podría proporcionar la evidencia que los investigadores han estado buscando.

La forma de la cabeza se ve afectada porque el bebé suele estar acostado de la misma manera debido a cómo se le sostiene o se le coloca, y porque los músculos del cuello del bebé son demasiado débiles para controlar la posición de la cabeza

“Nuestro método busca cambios en la forma del cráneo (la parte superior del cráneo) que ocurrieron alrededor o poco después del nacimiento y que persistieron en cierta medida hasta la edad adulta”, explica Kaifu.
“Hoy en día, esta es una afección común. La forma de la cabeza se ve afectada porque el bebé suele estar acostado de la misma manera debido a cómo se le sostiene o se le coloca, y porque los músculos del cuello del bebé son demasiado débiles para controlar la posición de la cabeza”, continúa.
Kaifu se inspiró tras visitar el esqueleto de Homo floresiensis (que vivió hace más de 50 000 años) en Indonesia en 2007. Le llamó la atención la deformación de su cráneo que, por la estructura de los huesos, parecía haberse producido después del nacimiento. Para comprender el motivo, contactó con un médico de un hospital, quien identificó la causa como plagiocefalia deformacional.
Esto llevó a Kaifu a teorizar que la deformación del cráneo, que puede identificarse como no causada por una enfermedad o posterior al entierro, puede ser un indicador de indefensión en la infancia, ya que implica un cráneo blando y subdesarrollado e inmovilidad de la cabeza.
Para probar esta teoría, el equipo recopilo y comparó tomografías computarizadas de 123 bebés modernos y sanos de entre 1 día y 17 meses de edad, mediciones de cráneos humanos históricos de Japón con una antigüedad de entre 200 y 1000 años (385 personas en total), cráneos de grandes simios (996 individuos) y cráneos humanos fosilizados de Homo erectus (cinco fósiles) y Homo floresiensis (un fósil).
Vista frontal y basal de LB1, el espécimen tipo de H. floresiensis. Las flechas indican los puntos y direcciones de las principales fuerzas que se presume causaron la deformación craneal. / Kaifu Y et al. 2026
A partir de los resultados, el equipo pudo observar que otros grandes simios -incluidos chimpancés, bonobos, gorilas y orangutanes-, que nacen con mayor independencia y capacidad física, presentaban un grado de deformidad craneal más reducido. Las muestras humanas, incluidos los fósiles, mostraron una gama mucho más amplia de deformaciones y formas de cabeza.
“La deformación observada en los tres cráneos fósiles era severa, incluso en comparación con los estándares humanos modernos. Esto significa que el grado de desvalimiento de sus recién nacidos era similar, si no el mismo, al de los bebés humanos modernos”, destaca Kaifu a SINC.

El grado de desvalimiento de sus recién nacidos era similar, si no el mismo, al de los bebés humanos modernos

“No sabemos mucho sobre el comportamiento del Homo erectus. Vivieron hace entre más de un millón y 110 000 años, y solo contamos con un pequeño registro arqueológico de sus herramientas de piedra. Sin embargo, si daban a luz a bebés físicamente indefensos, esto nos dice algo sobre su comportamiento, ya que habrían tenido que cuidar al bebé con la misma diligencia que nosotros”, explica el experto.
“Esto probablemente habría requerido cierta interacción social, ya que habría sido difícil para la madre cuidar y proteger al recién nacido en ese entorno, donde habría habido otros grandes depredadores, por sí sola”, añade.
Otro resultado sorprendente de la investigación fue el grado de deformación craneal en Homo floresiensis. De estatura diminuta (conocidos cariñosamente como ‘hobbit’), su cerebro también era mucho más pequeño, comparable en tamaño al de un chimpancé, por lo que se desconoce por qué su situación no era más similar a la de otros grandes simios.

En lugar de ser una contrapartida de nuestros cerebros más grandes, la ardua responsabilidad del cuidado infantil y el apoyo a las madres con sus bebés podría ser una parte integral de nuestra historia humana

“Aunque el tamaño de su cerebro era mucho menor, su etapa neonatal ya seguía el mismo tipo de proceso complejo que el de nuestros ancestros humanos modernos con cerebros más grandes”, afirma Kaifu.
“En lugar de ser simplemente una contrapartida de nuestros cerebros más grandes, la ardua responsabilidad del cuidado infantil y el apoyo a las madres con sus bebés podría ser una parte integral de nuestra historia humana, al menos desde la época del ancestro común de Homo erectus y Homo floresiensis, hace más de un millón de años”, concluye.
Referencia:
Kaifu, Y. et al. “Cranial evidence for human-like helpless infancy in Homo erectus and Homo floresiensis”, Proceedings of the Royal Society B 2026.