Suscríbete al boletín semanal

Suscríbete para recibir cada semana el boletín SINC con los contenidos más relevantes y no te pierdas nada de la actualidad científica.

Suscríbete al boletín semanal
Si estás registrado

No podrás conectarte si excedes diez intentos fallidos.

Si todavía no estás registrado

La Agencia SINC ofrece servicios diferentes dependiendo de tu perfil.

Selecciona el tuyo:

Periodistas Instituciones
Si estás registrado

No podrás conectarte si excedes diez intentos fallidos.

Si todavía no estás registrado

La Agencia SINC ofrece servicios diferentes dependiendo de tu perfil.

Selecciona el tuyo:

Periodistas Instituciones

El escarabajo que conquistó a los primeros pobladores ibéricos

El uso medicinal de las aceiteras, coleópteros del género Berberomeloe, permitió su integración en la cultura de los primeros pueblos de la península ibérica, según un estudio de investigadores del CSIC. Aunque estos insectos, cuya utilidad todavía se recuerda en las zonas rurales, ya estaban en este territorio desde mucho antes.

Escarabajo aceitero (Berberomeloe majalis) ./CSIC

Un estudio liderado por investigadores del Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC) asegura que los usos medicinales de los escarabajos conocidos popularmente como aceiteras (coleópteros del género Berberomeloe) permitieron su integración en la cultura de los primeros pobladores de la península ibérica.

El trabajo, que aparece publicado en la revista Journal of Ethnopharmacology, demuestra que estos insectos ya formaban parte del paisaje mucho antes de la llegada del hombre moderno.

Este coleóptero, uno de los más grandes de Europa, es reconocible por su abdomen alargado de color negro atravesado por bandas anaranjadas o rojas. Presenta en sus tejidos cantaridina, un compuesto orgánico muy tóxico que es expelido ante cualquier amenaza. Históricamente, esta sustancia se ha empleado en medicina y veterinaria en el tratamiento de afecciones de la piel, pero también como afrodisíaco e, incluso,como un potente veneno.

“Nuestro estudio demuestra que el uso de estos insectos con fines medicinales en humanos y en el ganado se ha venido realizando en la península a lo largo de toda la historia. El trabajo tiene una relevancia especial, ya que realizamos una aproximación novedosa al combinar metodologías procedentes de disciplinas tan dispares como la sistemática molecular y la etnología”, explica el investigador del CSIC en el Museo Nacional de Ciencias Naturales Mario García París.

Matahombres, cura y carraleja

Según la recopilación realizada por los investigadores tras recorrer varios pueblos del centro y el sur de la península y preguntar a sus habitantes, matahombres, cura y carraleja son algunos de los nombres vernáculos de este insecto en la actualidad. El trabajo también interpreta dichos populares de cariz religioso. En muchos pueblos, haciendo un juego de palabras con cura, recuerdan pronunciar esta frase cuando aparecía uno: “Cura, curato, si no me das misa, te mato”.

Los científicos han analizado la diversidad de ADN mitocondrial de las aceiteras

“Esto demuestra que el conocimiento de sus propiedades medicinales se ha transmitido verbalmente durante generaciones. La diversidad de tradiciones y nombres vernáculos, que ascienden a casi 30, sugiere un amplio reconocimiento cultural en zonas rurales”, agrega el investigador del CSIC.

Asimismo, los científicos han llevado a cabo un análisis filogenético de la diversidad de ADN mitocondrial de las aceiteras. Los resultados indican que las dos especies del género Berberomeloe (majalis e insignis), se separaron durante el Mioceno (hace entre 23 y 5,3 millones de años).

Sin embargo, la especie majalis presenta una alta diversidad genética, que se estructura en varios linajes diversificados desde finales del Plioceno (hace unos 3 millones de años).

“La investigación tiene implicaciones desde un punto de vista etnológico, pero también biológico. El reconocimiento de la relevancia de este grupo de insectos en el desarrollo cultural de los pueblos nativos pone de manifiesto la existencia de un conocimiento dela naturaleza mucho más profundo de lo que habitualmente se considera.

Este legado,parte del patrimonio cultural europeo, está desapareciendo demasiado rápido, en paralelo a la pérdida de las técnicas agrícolas tradicionales”, señala García París.

Fuente: CSIC
Derechos: Creative Commons
Artículos relacionados
Los pulgares de los neandertales se adaptaron para sujetar herramientas con mango

Un equipo liderado por la Universidad de Kent en Reino Unido, que ha analizado restos neandertales custodiados por varios museos, asegura que eran capaces de utilizar agarres de potencia. Esto implica que adaptaron sus pulgares para sostener herramientas de la misma manera que cogemos un martillo, entre los dedos y la palma de la mano, con la fuerza de dirección del pulgar.

Las heces de oveja reflejan la contaminación por microplásticos de los suelos agrícolas

Un equipo de científicos del proyecto Diverfarming ha encontrado microplásticos en el 92 % de las heces de ovejas analizadas en un nuevo estudio. El ganado había sido alimentado en zonas de agricultura intensiva de la Región de Murcia.