Si estás registrado

No podrás conectarte si excedes diez intentos fallidos.

Si todavía no estás registrado

La Agencia SINC ofrece servicios diferentes dependiendo de tu perfil.

Selecciona el tuyo:

Periodistas Instituciones
Si estás registrado

No podrás conectarte si excedes diez intentos fallidos.

Si todavía no estás registrado

La Agencia SINC ofrece servicios diferentes dependiendo de tu perfil.

Selecciona el tuyo:

Periodistas Instituciones
Psicología
El estudio se publica en el último número de ‘Psicothema’

La ira no expresada perjudica la salud cardiovascular de la mujer

La irritación que provocan determinadas experiencias personales o hechos externos es una respuesta natural del ser humano. Sin embargo, una canalización inadecuada puede afectar a la salud cardiovascular. Investigadoras de la UNED han descubierto que las mujeres que reprimen la ira sufren más problemas cardiovasculares que las que la expresan o la controlan.

divulgaUNED
20/12/2011 09:01 CEST

Es preferible expresar la ira que reprimirla. Imagen: SINC / Helga Weber.

“En nuestro estudio descubrimos que, en las mujeres, la alta tendencia a suprimir o guardar la ira conlleva un mayor malestar emocional, peores hábitos de salud y más síntomas cardiovasculares”, explica Ana M. Pérez-García, autora principal del trabajo e investigadora del departamento de Personalidad, Evaluación y Tratamiento Psicológicos de la UNED.

"Verbalizar la ira no significa caer en actos agresivos o violentos"

El trabajo, publicado en el último número de la revista Psicothema, analiza de qué forma afecta la ira a la población femenina en su salud cardiovascular. Para ello, las investigadoras diferenciaron entre tres tipos de ira: interiorizada, exteriorizada y controlada. La población estudiada estaba formada por 327 mujeres con una edad media de 35,4 años, todas estudiantes de la UNED. El 63% de ellas trabajaba; el 22% eran estudiantes; el 12%, amas de casa y el 3% restante estaba sin empleo.

La relación existente entre las enfermedades cardiovasculares y la ira -ese estado emocional de intensidad variable que va desde la irritación hasta la furia- había sido estudiada en anteriores trabajos. Sin embargo, la novedad de éste radica en que profundiza en el análisis de las mujeres (mucho menos estudiadas que los varones) y, que además de analizar la ira expresada y reprimida, mide otra forma de expresión muy poco abordada en la investigación de esta área, que es controlar las reacciones de enojo.

“El control de la ira parece amortiguar el efecto negativo para la salud asociado a la mayor represión del enfado”, afirma la investigadora. Para llegar a esta conclusión, la población estudiada completó un abanico de escalas que analizaban la expresión de la ira, el malestar emocional, los síntomas cardiovasculares y las conductas preventivas. De las 327 mujeres, las que indicaron que querían continuar (218) repitieron la batería de preguntas un año después.

Mejor expresar que reprimir

La investigación revela que, comparando la ira manifestada con la interiorizada, es preferible expresarla puesto que, aunque se asocie con mayores niveles de presión sanguínea, de frecuencia cardíaca y una mayor secreción de adrenalina (entre otras reacciones fisiológicas), la recuperación hasta los niveles normales es más rápida que si se reprime.

“La represión de la ira hace que esos sentimientos perduren durante mucho más tiempo por lo que, aunque las reacciones no alcancen la misma intensidad, su duración se prolonga y pueden volver una y otra vez al primer plano de atención de la persona, con sus correspondientes alteraciones fisiológicas”, indica Pérez-García.

Esta expresión del enojo tiene unos límites puesto que “verbalizar la ira no significa caer en actos agresivos o violentos”, añade la investigadora. Según los expertos, lo preferible desde el punto de vista de la salud cardiovascular es controlar el enfado y llevarlo a expresiones emocionales más favorables.

Inevitable pero controlable

La existencia de la ira es inevitable porque actúa como respuesta natural de adaptación del ser humano a las amenazas. Sin embargo, a pesar de que sea un estado emocional inherente a hombres y mujeres, existen casos en los que la ira no sigue los parámetros “normales” y supone un factor de riesgo para las enfermedades cardiovasculares.

“Lo malo no es enfadarse ante un motivo importante para el individuo o frente a situaciones donde la mayoría de las personas reaccionarían de forma similar”, declara Pérez-García. “El problema está cuando uno se enoja demasiado y ante demasiadas cosas, especialmente si la mayor parte de las personas, ante esos mismos hechos, no muestra ira o no con tanta intensidad”, añade.

Para mitigar su aparición, los investigadores recomiendan reevaluar positivamente el problema, recurrir al sentido del humor, distraerse, hacer ejercicio físico y buscar consejo de amigos que ayuden a relativizar el suceso. Y, ante los indicios de tensión, tomarse unos segundos y respirar profundamente.

El siguiente paso de la investigación se centrará ahora en el apoyo social de los enfermos cardiovasculares y en las estrategias que siguen los pacientes crónicos. En ambos casos, el estudio analizará las diferencias de género existentes.

Referencia bibliográfica:

Ana M. Pérez-García, Pilar Sanjuán, Beatriz Rueda y M. Ángeles Ruiz. “Salud cardiovascular en la mujer: el papel de la ira y su expresión”. Psicothema, 2011. 23 (4), 593-598.

Fuente: divulgaUNED
Derechos: Creative Commons
Artículos relacionados
Alt de la imagen
Gina Rippon, catedrática de Neuroimagen cognitiva en la Universidad de Aston
“Hay que acabar con el azul para niños y el rosa para niñas, son códigos cargados de información”

Es experta en las técnicas de imagen que permiten asomarse al interior de nuestro cerebro y está harta de oír que los hombres son de Marte y las mujeres de Venus. Ella creó el término ‘neurobasura’, con el que denuncia la mala ciencia que trata de justificar ideas obsoletas sobre la naturaleza de unos y otras.

Alt de la imagen
Así distingue el cerebro entre la música y el habla

Un nuevo estudio describe cómo logramos diferenciar la melodía y el lenguaje hablado. Los resultados podrían mejorar el funcionamiento de los implantes cocleares para la música.